Asociación ForoIdentidad
18-06-2007 , 12:27
Complejo de culpa, terrorismo y Síndrome de Estocolmo
Las excesivas concesiones a elementos desintegradores de la convivencia social auténtica (I)
Se afirma que el síndrome de Estocolmo es signo inequívoco de baja autoestima. Y que una actuación no enérgica contra el terrorismo es señal de debilidad social. ¿Qué hace que una sociedad tenga tan baja autoestima?, ¿qué promueve esta debilidad social? ¿Es la sociedad española actual un caso paradigmático de este fenómeno?
En el caso de un individuo, el sometimiento a secuestro provoca que las defensas psicológicas se le vengan abajo agradeciendo, a partir de entonces, cualquier pequeño gesto amistoso o no hostil de los secuestradores, y comprendiendo las supuestas razones del secuestrador. Esto es grosso modo el síndrome de Estocolmo. ¿Pero se puede extrapolar esta causalidad individual al nivel social?
Ante la capacidad limitada de daño en términos macrosociológicos que pueden llegar a provocar los grupos terroristas actuales convencionales, ¿qué explicaría la caída de una sociedad bajo el síndrome de Estocolmo? ¿No sería necesario que esta sociedad previamente estuviera sometida a un fuerte complejo de culpa? Y si es así, ¿a qué obedecería? ¿Cuál es el origen de esta mala conciencia? ¿Existe una deuda real no satisfecha hacia los terroristas, por parte de la sociedad afectada por la culpa, y de ahí esta mala conciencia? ¿O es todo producto de una inculcación de ciertos discursos inculpatorios de la masa y erigidos por ciertas élites, difundidos por los medios de comunicación de estas élites y creídos por la masa, en su contra? ¿Pero más allá de este medio particular de culpabilizar, de dónde procedería la necesidad de esta sociedad de sufrir mediante la culpa?
Frente a esto aparece el imperativo en las sociedades modernas, democráticas, de poner freno a la autoridad. En este sentido, Constitución podría significar diálogo. ¿O es que todo lo que no es linchamiento por parte del pueblo hacia el terrorista sería malo? ¿No es el ansia de linchamiento signo de un desmesurado orgullo del individuo y de la sociedad? Se hace necesario, en esta lectura, no justificar una sociedad en la que, o eres martillo, o eres yunque.
Pero vuelve una vez más la cuestión del terrorismo. Terrorismo es un chataje al estado. ¿Por qué se aparecen a veces tan fuertes los terroristas y tan débiles los gobiernos de ciertos estados, como puede ser el caso actual en España, al decir de muchos? ¿Puede ser que nuestra sociedad, imbuida, quiérase o no, reconózcase o no, de los valores del cristianismo paulino, necesite imperiosamente para justificarse, la figura del pecador (terrorista), redimido (reinsertado), gracias al efecto de las Sagradas Escrituras (la Constitución)?
Las excesivas concesiones a elementos desintegradores de la convivencia social auténtica (I)
Se afirma que el síndrome de Estocolmo es signo inequívoco de baja autoestima. Y que una actuación no enérgica contra el terrorismo es señal de debilidad social. ¿Qué hace que una sociedad tenga tan baja autoestima?, ¿qué promueve esta debilidad social? ¿Es la sociedad española actual un caso paradigmático de este fenómeno?
En el caso de un individuo, el sometimiento a secuestro provoca que las defensas psicológicas se le vengan abajo agradeciendo, a partir de entonces, cualquier pequeño gesto amistoso o no hostil de los secuestradores, y comprendiendo las supuestas razones del secuestrador. Esto es grosso modo el síndrome de Estocolmo. ¿Pero se puede extrapolar esta causalidad individual al nivel social?
Ante la capacidad limitada de daño en términos macrosociológicos que pueden llegar a provocar los grupos terroristas actuales convencionales, ¿qué explicaría la caída de una sociedad bajo el síndrome de Estocolmo? ¿No sería necesario que esta sociedad previamente estuviera sometida a un fuerte complejo de culpa? Y si es así, ¿a qué obedecería? ¿Cuál es el origen de esta mala conciencia? ¿Existe una deuda real no satisfecha hacia los terroristas, por parte de la sociedad afectada por la culpa, y de ahí esta mala conciencia? ¿O es todo producto de una inculcación de ciertos discursos inculpatorios de la masa y erigidos por ciertas élites, difundidos por los medios de comunicación de estas élites y creídos por la masa, en su contra? ¿Pero más allá de este medio particular de culpabilizar, de dónde procedería la necesidad de esta sociedad de sufrir mediante la culpa?
Frente a esto aparece el imperativo en las sociedades modernas, democráticas, de poner freno a la autoridad. En este sentido, Constitución podría significar diálogo. ¿O es que todo lo que no es linchamiento por parte del pueblo hacia el terrorista sería malo? ¿No es el ansia de linchamiento signo de un desmesurado orgullo del individuo y de la sociedad? Se hace necesario, en esta lectura, no justificar una sociedad en la que, o eres martillo, o eres yunque.
Pero vuelve una vez más la cuestión del terrorismo. Terrorismo es un chataje al estado. ¿Por qué se aparecen a veces tan fuertes los terroristas y tan débiles los gobiernos de ciertos estados, como puede ser el caso actual en España, al decir de muchos? ¿Puede ser que nuestra sociedad, imbuida, quiérase o no, reconózcase o no, de los valores del cristianismo paulino, necesite imperiosamente para justificarse, la figura del pecador (terrorista), redimido (reinsertado), gracias al efecto de las Sagradas Escrituras (la Constitución)?