Asociación ForoIdentidad
18-06-2007 , 12:25
Capitalismo y Mundialización:
¿Es inevitable el capitalismo?
Arrancó el debate con lo que podría denominarse una depuración de la palabra, es decir, con una crítica al difundido término “globalización”, que procede de un calco del vocablo inglés “globalisation”, elemento que ya nos sirve de semiótica de una cierta dominación idiomática por parte de lo anglosajón.
A continuación la necesidad de un análisis fenomenológico del hecho se hace patente. Todo para que aparezca el fenómeno en su esencia. Surgen ideas: ¿es la mundialización esencialmente la expansión de algo? En tal caso, ¿de que?, ¿de la economía capitalista?, ¿de la comunicación? ¿Es simplemente que el espíritu del hombre no admite barreras a estas alturas de la historia? ¿O es, en cambio, la mundialización sinónimo del Imperio, que ha existido siempre, si bien referido antes a un mundo limitado, a un “mundo conocido”? ¿Podría ser la mundialización, no una expansión, sino una contracción, una contracción del espacio y el tiempo? ¿Sería la mundialización en lo básico, una expansión del conocimiento? En ese caso, y si se trata tan sólo de conocimiento, ¿por qué en el principal agente de mundialización, en Estados Unidos, “nada menos que el 40% de las rentas de los ciudadanos provienen de las rentas financieras?” (Mundialización, Globalización Y Sistema Capitalista, Fernando Soler, Departament de Filosofia Universitat de València, solerf@uv.es)
Es posible que el conocimiento sea un elemento subsidiario en la mundialización, pues no se ve en este movimiento el interés generoso en compartir ciencia, filosofía, patentes de investigación, etc. No parece pues un movimiento expansivo e inegoísta de conocimiento.
A partir de esta base, surgida de una fértil dialéctica, se ensaya por parte de los participantes una definición de mundialización: es un movimiento de contracción del espacio y del tiempo, de forma que haya un flujo incrementado en forma de dinero; de esta forma se expande la información, el conocimiento, pero si lo que se promueve es el beneficio económico; de este modo la mundialización se configuraría como un movimiento retractivo-egoísta.
Partiendo de la definición conseguida, se estudian las posibles derivaciones no económicas que la mundialización tiene (sociales, demográficas, migratorias), y el hecho de que el llamado movimiento antimundialización tan sólo parece oponerse a la mundialización económica pero no a las demás.
Y a partir de aquí se plantea la necesidad imperiosa de una filosofía que no sea exclusivamente productiva, e igualmente la necesidad de introducir en las valoraciones el elemento del deber-ser.
¿Es inevitable el capitalismo?
Arrancó el debate con lo que podría denominarse una depuración de la palabra, es decir, con una crítica al difundido término “globalización”, que procede de un calco del vocablo inglés “globalisation”, elemento que ya nos sirve de semiótica de una cierta dominación idiomática por parte de lo anglosajón.
A continuación la necesidad de un análisis fenomenológico del hecho se hace patente. Todo para que aparezca el fenómeno en su esencia. Surgen ideas: ¿es la mundialización esencialmente la expansión de algo? En tal caso, ¿de que?, ¿de la economía capitalista?, ¿de la comunicación? ¿Es simplemente que el espíritu del hombre no admite barreras a estas alturas de la historia? ¿O es, en cambio, la mundialización sinónimo del Imperio, que ha existido siempre, si bien referido antes a un mundo limitado, a un “mundo conocido”? ¿Podría ser la mundialización, no una expansión, sino una contracción, una contracción del espacio y el tiempo? ¿Sería la mundialización en lo básico, una expansión del conocimiento? En ese caso, y si se trata tan sólo de conocimiento, ¿por qué en el principal agente de mundialización, en Estados Unidos, “nada menos que el 40% de las rentas de los ciudadanos provienen de las rentas financieras?” (Mundialización, Globalización Y Sistema Capitalista, Fernando Soler, Departament de Filosofia Universitat de València, solerf@uv.es)
Es posible que el conocimiento sea un elemento subsidiario en la mundialización, pues no se ve en este movimiento el interés generoso en compartir ciencia, filosofía, patentes de investigación, etc. No parece pues un movimiento expansivo e inegoísta de conocimiento.
A partir de esta base, surgida de una fértil dialéctica, se ensaya por parte de los participantes una definición de mundialización: es un movimiento de contracción del espacio y del tiempo, de forma que haya un flujo incrementado en forma de dinero; de esta forma se expande la información, el conocimiento, pero si lo que se promueve es el beneficio económico; de este modo la mundialización se configuraría como un movimiento retractivo-egoísta.
Partiendo de la definición conseguida, se estudian las posibles derivaciones no económicas que la mundialización tiene (sociales, demográficas, migratorias), y el hecho de que el llamado movimiento antimundialización tan sólo parece oponerse a la mundialización económica pero no a las demás.
Y a partir de aquí se plantea la necesidad imperiosa de una filosofía que no sea exclusivamente productiva, e igualmente la necesidad de introducir en las valoraciones el elemento del deber-ser.