JUAN VALLEJO
13-03-2008 , 20:26
¿QUE ES EL ISLAM?, de Chris Horrie y Peter Chippindale. Alianza Editorial.
INTRODUCCION:
Las circunstancias que me han llevado a la elección de éste libro para su estudio tienen su origen en una profunda inquietud por el tema que se trata. La demonización que el Islam viene sufriendo por parte de unos medios de información tendenciosos y serviles a los intereses del capital del centro económico, desprende para aquél con un mínimo de capacidad crítica y analítica, un tufillo a demagogia inconsistente. Y esto no sirve a los inquietos de mente sino de acicate para la investigación seria y profunda de la realidad islámica.
Por otro lado, he dejado casi un año de mi vida entre el Líbano y Afganistán, por motivos laborales. Trabajando en un hostil ambiente bélico. Tratando de comprender la compleja maraña de intereses de poder políticos, religiosos, económicos y sociales. Y me he perdido en el caos indescifrable de combinaciones étnicas y geográficas; así como entre la infinidad de matices con que la concepción religiosa del islam, vía que actúa de cauce a la praxis jurídica y socio política en el mundo árabe, inunda el arcoíris ideológico de un mundo sistemáticamente agredido, calumniado y vilipendiado.
Lo cierto es que el libro de Horrie y Chippindale me ha servido de guía extensa y detallada. Parte de un posicionamiento que busca la comprensión y el acercamiento al mundo islámico a través de un enfoque que combina la amplitud necesaria, con la justa profundidad. Para, sin perderse en laberínticos recovecos de la historia o en un excesivo amalgama de matices teológicos, hacer mención de infinidad de enfoques, alumbrando al lector interesado, las rutas tortuosas para más hondos estudios. Aún así, la profundidad con que se abordan las principales corrientes islámicas (el chiismo, el sunísmo, el sufismo o el wahabismo), o las múltiples circunstancias de los diferentes países árabes, son de por sí harto esclarecedoras para los profanos.
En cualquier caso, dada la amplitud de la temática tratada en el libro y a que la brevedad exigida al resumen no posibilita una exposición esclarecedora desde explicaciones esquemáticas, voy a tratar de hacer un boceto global de la idea base que cimenta el conjunto del estudio.
RESUMEN DE LOS ASPECTOS MÁS DESTACABLES y OPINION PERSONAL DESDE EL CONOCIMIENTO ADQUIRIDO:
La idea fundamental sobre la que se erige la concepción islámica del mundo es la primacía de lo divino sobre todos y cada uno de los ámbitos de la vida. En el año 612 Mahoma, el último profeta (los anteriores: Abraham, Ismael, Isaac, Moisés, David y Jesús también son considerados y aceptados), recoge la palabra de Alá dictada a través del arcángel San Gabriel. Posteriormente se unificarán sus mensajes en un libro único: el Corán. Esto sucede por la necesidad de cerrar la posibilidad de la distorsión del mensaje a causa de la rápida extensión geográfica de los musulmanes. La multiplicidad de culturas que adoptaban la nueva religión suponía una grave amenaza de fragmentación de la monopolización de la interpretación primera. Ésta por su parte, fue exclusiva de aquellos a los que el profeta eligió para escribir los mensajes originales. Con excepción de las sunas, que fueron posteriores y redactadas por imanes al objeto de aclarar conductas sociales o individuales, tratando de ajustarlas a los preceptos coránicos.
Así pues, para los musulmanes no se concibe la visión laica occidental. La separación de lo político o de lo social del embrión teológico. Como tampoco se concibe el individualismo, por entenderse la comunidad social como el ámbito de aplicación de la voluntad divina. Esto es de gran importancia para la comprensión de los preceptos existenciales islámicos. La voluntad de Dios y sus mandatos afectan a la política, a las relaciones sociales y a los quehaceres individuales condicionándolo todo a la palabra divina. Más que influenciarlos, podría afirmarse que los contienen. Son una extensión del unívoco planteamiento teológico de la vida.
Y la concepción sociopolítica se construye sobre una suerte de voluntad conciliadora. El Zakat (impuesto religioso) es la materialización de esa aspiración. Se pretende con ello que los ricos contribuyan a la erradicación de la miseria con una especie de limosna que se eleva a la categoría de requisito moral ineludible y casi obligado. De este modo se evita la tensión de clase y la aparición de revoluciones subversivas. Se gana el afecto de los desposeídos que ven en este artículo el amparo divino y se insufla una dosis de moralidad a la presumible codicia y corrupción de aquel que acumula de forma ilícita sembrando miseria a su alrededor.
Por otra parte esto, unido al respeto por los pueblos sometidos al imperialismo de aquellos tiempos (persa y bizantino) que fueron “liberados” durante la expansión musulmana, infirió al islamismo un aura revolucionaria para la época que favoreció su vertiginoso crecimiento y aceptación.
Pero el enfoque que considero más importante, dada la perspectiva que nos ocupa es el de las consecuencias del islamismo en la realidad política contemporánea.
Los líderes políticos no son sino líderes religiosos. Y estos son tales por sus profundos conocimientos del Corán. Así pues queda garantizada la aplicación exhaustiva de los preceptos religiosos a la vida política.
Esta vida política se encauza dentro de unas pautas relativamente claras y bien definidas. Por un lado, todo quehacer social o individual debe estar basado en el Corán, asumiéndose éste como la constitución propia del estado islámico. Ni el pueblo ni los gobernantes de los estados islámicos son soberanos de dichos estados, porque ésta soberanía pertenece a Alá. En cualquier caso, el gobernante es el elegido por el pueblo para la representación del mismo y para la aplicación de las leyes islámicas. Mientras éste se ajuste a las leyes coránicas, tiene derecho al apoyo de su pueblo, el cual atentará contra la voluntad divina si retira tal apoyo. Los gobernantes pueden ser elegidos o seleccionados por el pueblo o por los representantes del mismo que a su vez hayan sido elegidos por él. La no participación en la vida política sobreentiende la relajación de los deberes religiosos-por ser una misma cosa- y es por tanto inmoral y contrario al Corán. El pueblo debe cerciorarse de que sus dirigentes actúen en concordancia con las palabras de Mahoma, estando autorizados a denunciar y revocar al gobernante que no cumpla con tales doctrinas. Pero el gobernante debe tener claro que gobierna para hacer cumplir la voluntad de Dios y no la del pueblo. La figura del consejo es de vital relevancia, contemplándose la bondad de tal forma de evaluación de los problemas y de búsqueda de soluciones para la gestión de los asuntos comunes. Se destaca en el Corán la labor de administrador de justicia del estado sin diferencia de raza y desde el respeto a las minorías y demás religiones monoteístas. Curiosamente, se estipula el respeto, no sólo de las personas físicas, sino de las creencias de las minorías religiosas. Aquellos que por ejemplo no quieran contribuir al Zakat, pagarán una especie de impuesto “laico” para el mantenimiento del estado, que a su vez debe brindarles seguridad y protección. No obstante si la mayoría de la población es musulmana, el gobernante debe serlo también. Al efecto de garantizar la aplicación de las leyes islámicas, ningún estado musulmán podrá ser administrado por potencias extranjeras ni por políticos no musulmanes. Por otro lado, la guerra se considera un acontecimiento puramente defensivo frente a agresiones e injerencias extranjeras. Aún así quedan prohibidas las agresiones a mujeres, niños o ancianos, así como la aplicación de tácticas bélicas de tierra quemada. Son igualmente condenadas las imposiciones ideológicas a los vencidos o las vejaciones.
En cualquier caso, siglos de evolución han dejado a su paso infinidad de ejemplos de interpretaciones diversas y de relajación de las exigencias del Corán. Los fundamentalistas acusan hoy, como antaño, a los sectores más moderados de ser los culpables de la degradación moral de las sociedades al asumir la injerencia de la concepción laica occidental. Renunciando a los deberes propios del musulmán. Pero el sentido de la crítica va desde el “seudo izquierdismo” que pone el énfasis en el imperio de la corrupción y en el servilismo que determinados líderes de países musulmanes brindan al capital extranjero con el sacrificio de su pueblo; hasta sectores “derechistas” que pugnan por el control de los recursos con otras élites musulmanas. Todo ello aderezado con la natural hipocresía y volatilidad de los planteamientos religiosos de cualquier confesión, con los intereses locales y foráneos que dividen, crispan y azuzan a las partes según su voluntad, con el poso de la historia particular de cada región, con la diversidad de etnias y culturas, con la miseria – caldo de cultivo de mentes fácilmente manipulables y de extremismos con hedor a desesperanza- y demás factores imaginables, hacen de la situación actual del mundo árabe un torbellino furioso de difícil predicción.
Por hacer una simplificación burda y un tanto pueril, pero bastante clarificadora para un occidental, podríamos poner en un polo del espectro fundamentalista del Islam a Hamás o a Hezbollá, emparentándolos con los teólogos de la Liberación cristianos. En contraposición y enfrentados estarían las organizaciones vinculadas a la red Al Qaeda, que podríamos asimilar al Opus Dei o a los Legionarios de Cristo Rey. Ambos entienden que deben retomarse los fundamentos originales del Corán para solucionar la crisis del mundo árabe. Pero desde perspectivas radicalmente opuestas. En otra dimensión estarían los musulmanes “moderados” que abandonando los preceptos fundamentales, interiorizan la religión cercenando su dimensión original de cimiento político, jurídico y social de la humanidad. Pero entre los cuales coexisten igualmente infinidad de matices.
La caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría marcan el punto de inflexión que da luz verde al brote generalizado y a la extensión del fundamentalismo islámico. Alimentados sus elementos más reaccionarios por el bloque occidental contra la Unión Soviética, al objeto de originarle problemas en sus repúblicas soviéticas musulmanas, estas corrientes extremistas crecen al amparo de una financiación y un empuje artificial que les viene de fuera. Pero la desaparición del enemigo común preludia la ruptura de cualquier lazo de unión entre el capitalismo occidental y el monstruo que él mismo ha creado y que ahora devora los intereses de su progenitor y la dignidad y las libertades de su propio pueblo. Contra ellos cobra fuerza una alternativa dentro del Islam. Un nuevo fundamentalismo que recupera los valores de la solidaridad y de la tolerancia dentro de la resucitación islámica. Pero que igualmente atenta contra los intereses intervencionistas occidentales. Al cobijo de un descredito absoluto del modelo occidental, el tablero de juego está dispuesto en todo el mundo musulmán. Un juego de extraordinaria complejidad donde también se enfrentan los diferentes intereses de los diversos capitales occidentales, originando un cambiante amalgama de inestables alianzas donde las repercusiones de las coyunturas en uno u otro lado se dejan sentir en todo el mundo árabe. Y en ocasiones, en occidente. Porque seamos sus ciudadanos conscientes o vivamos en la burbuja de hipnótica desinformación, nosotros también estamos metidos hasta el cuello en una partida convulsa y violenta de la cual no obtenemos los réditos, pero cuyas cargas y tragedias estamos forzados a sufrir. En menor medida, eso sí, que las de las víctimas del mundo árabe. Por otro lado, el imperialismo occidental agiganta, para consumo de sus acríticos y adormecidos lacayos, la figura del extremista suicida y terrorista para justificar sus propios crímenes en pos de la consecución de objetivos económicos; con lo que el problema se retroalimenta.
NOTA ACLARATORIA:
Para finalizar y a sabiendas de que viene cogido como por los pelos, no quisiera dejar de hacer una rápida referencia al controvertido tema de la poligamia tan recurrente para los demagogos. Es importante destacar que las referencias del Corán a este fenómeno social fueron en su día un factor progresista que limitaba una situación de abuso. Siendo por entonces la poligamia algo habitual, el Corán vino a dignificar a la mujer dentro de la relación polígama. Dándola protección a ella y a los hijos y obligando al marido a un trato considerado e irreprochable para con la familia. La evolución en los distintos escenarios geográficos ha provocado grandes diferencias de facto respecto de la aplicación de las leyes divinas al respecto de estos temas. En las ex¬-repúblicas soviéticas, por ejemplo, se aprecia una orientación más “laica” de estos preceptos que conceden a la mujer mayores cotas de decisión, de iniciativa y de libertad. En todo caso, la pervivencia efectiva de dicho patrón se limita a contadas regiones en unos pocos países y a clases sociales muy elevadas.
JUAN VALLEJO
INTRODUCCION:
Las circunstancias que me han llevado a la elección de éste libro para su estudio tienen su origen en una profunda inquietud por el tema que se trata. La demonización que el Islam viene sufriendo por parte de unos medios de información tendenciosos y serviles a los intereses del capital del centro económico, desprende para aquél con un mínimo de capacidad crítica y analítica, un tufillo a demagogia inconsistente. Y esto no sirve a los inquietos de mente sino de acicate para la investigación seria y profunda de la realidad islámica.
Por otro lado, he dejado casi un año de mi vida entre el Líbano y Afganistán, por motivos laborales. Trabajando en un hostil ambiente bélico. Tratando de comprender la compleja maraña de intereses de poder políticos, religiosos, económicos y sociales. Y me he perdido en el caos indescifrable de combinaciones étnicas y geográficas; así como entre la infinidad de matices con que la concepción religiosa del islam, vía que actúa de cauce a la praxis jurídica y socio política en el mundo árabe, inunda el arcoíris ideológico de un mundo sistemáticamente agredido, calumniado y vilipendiado.
Lo cierto es que el libro de Horrie y Chippindale me ha servido de guía extensa y detallada. Parte de un posicionamiento que busca la comprensión y el acercamiento al mundo islámico a través de un enfoque que combina la amplitud necesaria, con la justa profundidad. Para, sin perderse en laberínticos recovecos de la historia o en un excesivo amalgama de matices teológicos, hacer mención de infinidad de enfoques, alumbrando al lector interesado, las rutas tortuosas para más hondos estudios. Aún así, la profundidad con que se abordan las principales corrientes islámicas (el chiismo, el sunísmo, el sufismo o el wahabismo), o las múltiples circunstancias de los diferentes países árabes, son de por sí harto esclarecedoras para los profanos.
En cualquier caso, dada la amplitud de la temática tratada en el libro y a que la brevedad exigida al resumen no posibilita una exposición esclarecedora desde explicaciones esquemáticas, voy a tratar de hacer un boceto global de la idea base que cimenta el conjunto del estudio.
RESUMEN DE LOS ASPECTOS MÁS DESTACABLES y OPINION PERSONAL DESDE EL CONOCIMIENTO ADQUIRIDO:
La idea fundamental sobre la que se erige la concepción islámica del mundo es la primacía de lo divino sobre todos y cada uno de los ámbitos de la vida. En el año 612 Mahoma, el último profeta (los anteriores: Abraham, Ismael, Isaac, Moisés, David y Jesús también son considerados y aceptados), recoge la palabra de Alá dictada a través del arcángel San Gabriel. Posteriormente se unificarán sus mensajes en un libro único: el Corán. Esto sucede por la necesidad de cerrar la posibilidad de la distorsión del mensaje a causa de la rápida extensión geográfica de los musulmanes. La multiplicidad de culturas que adoptaban la nueva religión suponía una grave amenaza de fragmentación de la monopolización de la interpretación primera. Ésta por su parte, fue exclusiva de aquellos a los que el profeta eligió para escribir los mensajes originales. Con excepción de las sunas, que fueron posteriores y redactadas por imanes al objeto de aclarar conductas sociales o individuales, tratando de ajustarlas a los preceptos coránicos.
Así pues, para los musulmanes no se concibe la visión laica occidental. La separación de lo político o de lo social del embrión teológico. Como tampoco se concibe el individualismo, por entenderse la comunidad social como el ámbito de aplicación de la voluntad divina. Esto es de gran importancia para la comprensión de los preceptos existenciales islámicos. La voluntad de Dios y sus mandatos afectan a la política, a las relaciones sociales y a los quehaceres individuales condicionándolo todo a la palabra divina. Más que influenciarlos, podría afirmarse que los contienen. Son una extensión del unívoco planteamiento teológico de la vida.
Y la concepción sociopolítica se construye sobre una suerte de voluntad conciliadora. El Zakat (impuesto religioso) es la materialización de esa aspiración. Se pretende con ello que los ricos contribuyan a la erradicación de la miseria con una especie de limosna que se eleva a la categoría de requisito moral ineludible y casi obligado. De este modo se evita la tensión de clase y la aparición de revoluciones subversivas. Se gana el afecto de los desposeídos que ven en este artículo el amparo divino y se insufla una dosis de moralidad a la presumible codicia y corrupción de aquel que acumula de forma ilícita sembrando miseria a su alrededor.
Por otra parte esto, unido al respeto por los pueblos sometidos al imperialismo de aquellos tiempos (persa y bizantino) que fueron “liberados” durante la expansión musulmana, infirió al islamismo un aura revolucionaria para la época que favoreció su vertiginoso crecimiento y aceptación.
Pero el enfoque que considero más importante, dada la perspectiva que nos ocupa es el de las consecuencias del islamismo en la realidad política contemporánea.
Los líderes políticos no son sino líderes religiosos. Y estos son tales por sus profundos conocimientos del Corán. Así pues queda garantizada la aplicación exhaustiva de los preceptos religiosos a la vida política.
Esta vida política se encauza dentro de unas pautas relativamente claras y bien definidas. Por un lado, todo quehacer social o individual debe estar basado en el Corán, asumiéndose éste como la constitución propia del estado islámico. Ni el pueblo ni los gobernantes de los estados islámicos son soberanos de dichos estados, porque ésta soberanía pertenece a Alá. En cualquier caso, el gobernante es el elegido por el pueblo para la representación del mismo y para la aplicación de las leyes islámicas. Mientras éste se ajuste a las leyes coránicas, tiene derecho al apoyo de su pueblo, el cual atentará contra la voluntad divina si retira tal apoyo. Los gobernantes pueden ser elegidos o seleccionados por el pueblo o por los representantes del mismo que a su vez hayan sido elegidos por él. La no participación en la vida política sobreentiende la relajación de los deberes religiosos-por ser una misma cosa- y es por tanto inmoral y contrario al Corán. El pueblo debe cerciorarse de que sus dirigentes actúen en concordancia con las palabras de Mahoma, estando autorizados a denunciar y revocar al gobernante que no cumpla con tales doctrinas. Pero el gobernante debe tener claro que gobierna para hacer cumplir la voluntad de Dios y no la del pueblo. La figura del consejo es de vital relevancia, contemplándose la bondad de tal forma de evaluación de los problemas y de búsqueda de soluciones para la gestión de los asuntos comunes. Se destaca en el Corán la labor de administrador de justicia del estado sin diferencia de raza y desde el respeto a las minorías y demás religiones monoteístas. Curiosamente, se estipula el respeto, no sólo de las personas físicas, sino de las creencias de las minorías religiosas. Aquellos que por ejemplo no quieran contribuir al Zakat, pagarán una especie de impuesto “laico” para el mantenimiento del estado, que a su vez debe brindarles seguridad y protección. No obstante si la mayoría de la población es musulmana, el gobernante debe serlo también. Al efecto de garantizar la aplicación de las leyes islámicas, ningún estado musulmán podrá ser administrado por potencias extranjeras ni por políticos no musulmanes. Por otro lado, la guerra se considera un acontecimiento puramente defensivo frente a agresiones e injerencias extranjeras. Aún así quedan prohibidas las agresiones a mujeres, niños o ancianos, así como la aplicación de tácticas bélicas de tierra quemada. Son igualmente condenadas las imposiciones ideológicas a los vencidos o las vejaciones.
En cualquier caso, siglos de evolución han dejado a su paso infinidad de ejemplos de interpretaciones diversas y de relajación de las exigencias del Corán. Los fundamentalistas acusan hoy, como antaño, a los sectores más moderados de ser los culpables de la degradación moral de las sociedades al asumir la injerencia de la concepción laica occidental. Renunciando a los deberes propios del musulmán. Pero el sentido de la crítica va desde el “seudo izquierdismo” que pone el énfasis en el imperio de la corrupción y en el servilismo que determinados líderes de países musulmanes brindan al capital extranjero con el sacrificio de su pueblo; hasta sectores “derechistas” que pugnan por el control de los recursos con otras élites musulmanas. Todo ello aderezado con la natural hipocresía y volatilidad de los planteamientos religiosos de cualquier confesión, con los intereses locales y foráneos que dividen, crispan y azuzan a las partes según su voluntad, con el poso de la historia particular de cada región, con la diversidad de etnias y culturas, con la miseria – caldo de cultivo de mentes fácilmente manipulables y de extremismos con hedor a desesperanza- y demás factores imaginables, hacen de la situación actual del mundo árabe un torbellino furioso de difícil predicción.
Por hacer una simplificación burda y un tanto pueril, pero bastante clarificadora para un occidental, podríamos poner en un polo del espectro fundamentalista del Islam a Hamás o a Hezbollá, emparentándolos con los teólogos de la Liberación cristianos. En contraposición y enfrentados estarían las organizaciones vinculadas a la red Al Qaeda, que podríamos asimilar al Opus Dei o a los Legionarios de Cristo Rey. Ambos entienden que deben retomarse los fundamentos originales del Corán para solucionar la crisis del mundo árabe. Pero desde perspectivas radicalmente opuestas. En otra dimensión estarían los musulmanes “moderados” que abandonando los preceptos fundamentales, interiorizan la religión cercenando su dimensión original de cimiento político, jurídico y social de la humanidad. Pero entre los cuales coexisten igualmente infinidad de matices.
La caída de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría marcan el punto de inflexión que da luz verde al brote generalizado y a la extensión del fundamentalismo islámico. Alimentados sus elementos más reaccionarios por el bloque occidental contra la Unión Soviética, al objeto de originarle problemas en sus repúblicas soviéticas musulmanas, estas corrientes extremistas crecen al amparo de una financiación y un empuje artificial que les viene de fuera. Pero la desaparición del enemigo común preludia la ruptura de cualquier lazo de unión entre el capitalismo occidental y el monstruo que él mismo ha creado y que ahora devora los intereses de su progenitor y la dignidad y las libertades de su propio pueblo. Contra ellos cobra fuerza una alternativa dentro del Islam. Un nuevo fundamentalismo que recupera los valores de la solidaridad y de la tolerancia dentro de la resucitación islámica. Pero que igualmente atenta contra los intereses intervencionistas occidentales. Al cobijo de un descredito absoluto del modelo occidental, el tablero de juego está dispuesto en todo el mundo musulmán. Un juego de extraordinaria complejidad donde también se enfrentan los diferentes intereses de los diversos capitales occidentales, originando un cambiante amalgama de inestables alianzas donde las repercusiones de las coyunturas en uno u otro lado se dejan sentir en todo el mundo árabe. Y en ocasiones, en occidente. Porque seamos sus ciudadanos conscientes o vivamos en la burbuja de hipnótica desinformación, nosotros también estamos metidos hasta el cuello en una partida convulsa y violenta de la cual no obtenemos los réditos, pero cuyas cargas y tragedias estamos forzados a sufrir. En menor medida, eso sí, que las de las víctimas del mundo árabe. Por otro lado, el imperialismo occidental agiganta, para consumo de sus acríticos y adormecidos lacayos, la figura del extremista suicida y terrorista para justificar sus propios crímenes en pos de la consecución de objetivos económicos; con lo que el problema se retroalimenta.
NOTA ACLARATORIA:
Para finalizar y a sabiendas de que viene cogido como por los pelos, no quisiera dejar de hacer una rápida referencia al controvertido tema de la poligamia tan recurrente para los demagogos. Es importante destacar que las referencias del Corán a este fenómeno social fueron en su día un factor progresista que limitaba una situación de abuso. Siendo por entonces la poligamia algo habitual, el Corán vino a dignificar a la mujer dentro de la relación polígama. Dándola protección a ella y a los hijos y obligando al marido a un trato considerado e irreprochable para con la familia. La evolución en los distintos escenarios geográficos ha provocado grandes diferencias de facto respecto de la aplicación de las leyes divinas al respecto de estos temas. En las ex¬-repúblicas soviéticas, por ejemplo, se aprecia una orientación más “laica” de estos preceptos que conceden a la mujer mayores cotas de decisión, de iniciativa y de libertad. En todo caso, la pervivencia efectiva de dicho patrón se limita a contadas regiones en unos pocos países y a clases sociales muy elevadas.
JUAN VALLEJO