JUAN VALLEJO
13-03-2008 , 19:58
SERAS LO QUE TU QUIERAS- TRABAJADOR EXPLOTADO Y CARNE DE CAÑON
ASPFOR XIV es el nombre de la misión desempañada por la Compañía de Reacción Rápida de la II Bandera de Paracaidistas en Afganistán desde Junio hasta últimos de Octubre de 2006. El cometido hipotético era la protección de cuatro PRT’s (equipos de reconstrucción provincial) en la región oeste del país. PRT’s bajo mando español, italiano, lituano y estadounidense y distantes centenares de kilómetros entre ellas. Con impracticables rutas a través de desiertos y montañas repletas de tramos especialmente peligrosos. Misión imposible para una compañía desprovista de medios de helitransporte y sujeta al capricho de vehículos motorizados con innumerables problemas de mecánica, repuestos, mantenimiento, seguridad y confortabilidad. - Carentes de blindaje en los bajos, sin protección para los tiradores de las ametralladoras pesadas que iban absolutamente expuestos, con porta-petacas y soportes externos para la rueda de repuesto que se caían solos por el desierto, sin aire acondicionado con el que combatir mínimamente los 60º de temperatura. Además los coches cuyo blindaje revestía toda la carrocería podían darse con un canto en los dientes teniendo en cuenta que otros muchos solo disponían de protección en las ventanas. Tampoco era extraño que las torres de las ametralladoras no giraran los 360º debidos.-
Con todo, nuestros compañeros trabajadores del funcionariado estatal (militares), se dedicaron a la absurda tarea del patrullaje sin objetivos por periodos ininterrumpidos de hasta 14 horas en condiciones insufribles de calor y peligrosidad en el marco de la operación Wiconda Turtle. Y en el dsarrollo de éste irracional despropósito tiene lugar, a primeros de julio, la muerte en un ataque del Legionario paracaidista Jorge A. Hernández Seminario de origen peruano. En una desafortunada pero previsible acción contra un convoy del que podrían haber resultado muertos cuatro compañeros más. Esto pareció servir de escarmiento y se redujeron los “paseos de patos de feria” que exponían a nuestros compatriotas a las represalias de unas guerrillas en pleno auge que cuentan, además, con el apoyo de cada vez mayor cantidad de población. Ante la falta de intereses directos del capital español en Afganistán, las operaciones carecían de objetivos estratégicos en los que enmarcar sus acciones y justificar la presencia inútil de unas tropas sin labores “de paz” que desempeñar. Así pues se acabaron adoptando como propios los objetivos estratégicos norteamericanos y operando casi en exclusiva en provecho de los mismos. De este modo se participaba de forma permanente en las operaciones desarrolladas por las unidades norteamericanas destinadas en Farah, dando, por lo general, seguridad y escolta a los mismos en misiones de diversa índole. El riesgo era patente y los ataques recibidos por las fuerzas internacionales así lo demuestran. Todas las semanas se registraban del orden de las cuatro o cinco bajas y una media de quince muertos diarios entre la policía- ejército afgano. Esto sin contar los muertos supuestamente talibanes y los civiles que caían bajo indiscriminados bombardeos propios de tiempos de guerra abierta y declarada.
Los paracaidistas bajo las órdenes del capitán Amezcua gozaron de 0 días de descanso en los casi 5 meses de tensa misión. Cuando no había nada que hacer entre operaciones y se había completado el mantenimiento, los “paracas” pasaban el tiempo instruyéndose en actuaciones incompatibles con las operaciones en Afganistán y siendo sometidos de forma intensiva a revistas, formaciones, vejaciones y sanciones cumplimentadas con trabajos físicos extenuantes que mermaban sus capacidades para el cumplimiento de la misión poniendo además en peligro las vidas de los compañeros de equipo.
La ley seca impuesta (acertadamente), por el capitán a la tropa era matizable para él, que no se abstuvo jamás del consumo de alcohol. (Consumo comedido, por lo general). Más graves fueron quizás las reprimendas violentas a subordinados que elevaron queja frente a la deplorable situación de material y vehículos. Así como de la falta de personal especializado para el mantenimiento de los mismos. La incapacidad manifiesta y la irrespetuosidad de algunos jefes de sección tensó la situación y la vida hasta extremos casi insoportables. Pero a la tropa le quedaba el espejismo de unas largas vacaciones a su regreso. 30 días del verano más veinte correspondientes por el tiempo de misión. Pero la conmoción general llegó con la noticia de la suspensión de las mismas para participar en unas absurdas maniobras de diez días en Zaragoza y un desfile, más una estancia en cuartel que sumaba en total cerca de un mes. Todos aquellos, en especial los inmigrantes que tenían ya billete para viajar a su tierra se ven impedidos para ello. Pero la cosa no queda ahí. Al final de las maniobras cuando se suponía que se iban a seguir disfrutando los interrumpidos permisos, el Teniente Coronel suspende muchos de ellos pues ante la inminencia de otra misión al Líbano una gran cantidad de hombres debían realizar un curso de última hora debido a la imprevisión crónica de los altos mandos. Un curso teórico “impartido” en aulas que parecían neveras, sin profesores y con un material pésimo y que además debe superarse en el reducido plazo de dos semanas. Los alumnos- los “héroes de Afganistán- serán impunemente privados también de parte de su permiso de navidad. Los que suspendan, lo perderán en su totalidad. A mediados de Enero se desarrollará la parte práctica que acabará solapándose con el comienzo de la fase de concentración del Líbano y ésta con la propia misión- de 4 o 6 meses- aún por determinar.
Sin vacaciones, con sus derechos y su dignidad pisoteados, con su vida sujeta al capricho de jefes incompetentes, déspotas y arrogantes y con unas condiciones de vida lamentables, la mayoría ve como única salida la rescisión de contrato o la deserción. Cosa que a su vez provoca la caída de las plantillas y la sobrecarga de trabajo de los que se quedan. Y así mismo, estos, viendo incrementada su explotación, acaban por finalizar sus compromisos y licenciarse. Para tratar de minimizar las consecuencias del problema, se bajan peligrosamente los mínimos físicos, culturales y síquicos de los nuevos reclutas, con lo que las capacidades de la tropa son cada vez más lamentables.
Gran cantidad de los problemas que aquejan a las FAS serían de fácil resolución con la acción de un sindicato de base que velara por la no comisión de atropellos constantes y por el cumplimiento de las más elementales medidas de seguridad y competencia exigibles a un ejército moderno. Así como por la derogación de leyes caciquiles que obliguen a los subordinados a la aceptación de unas reglas del juego que no dejan opción para desempeñar su labor con un mínimo de dignidad profesional y de honor personal.
JUAN VALLEJO
ASPFOR XIV es el nombre de la misión desempañada por la Compañía de Reacción Rápida de la II Bandera de Paracaidistas en Afganistán desde Junio hasta últimos de Octubre de 2006. El cometido hipotético era la protección de cuatro PRT’s (equipos de reconstrucción provincial) en la región oeste del país. PRT’s bajo mando español, italiano, lituano y estadounidense y distantes centenares de kilómetros entre ellas. Con impracticables rutas a través de desiertos y montañas repletas de tramos especialmente peligrosos. Misión imposible para una compañía desprovista de medios de helitransporte y sujeta al capricho de vehículos motorizados con innumerables problemas de mecánica, repuestos, mantenimiento, seguridad y confortabilidad. - Carentes de blindaje en los bajos, sin protección para los tiradores de las ametralladoras pesadas que iban absolutamente expuestos, con porta-petacas y soportes externos para la rueda de repuesto que se caían solos por el desierto, sin aire acondicionado con el que combatir mínimamente los 60º de temperatura. Además los coches cuyo blindaje revestía toda la carrocería podían darse con un canto en los dientes teniendo en cuenta que otros muchos solo disponían de protección en las ventanas. Tampoco era extraño que las torres de las ametralladoras no giraran los 360º debidos.-
Con todo, nuestros compañeros trabajadores del funcionariado estatal (militares), se dedicaron a la absurda tarea del patrullaje sin objetivos por periodos ininterrumpidos de hasta 14 horas en condiciones insufribles de calor y peligrosidad en el marco de la operación Wiconda Turtle. Y en el dsarrollo de éste irracional despropósito tiene lugar, a primeros de julio, la muerte en un ataque del Legionario paracaidista Jorge A. Hernández Seminario de origen peruano. En una desafortunada pero previsible acción contra un convoy del que podrían haber resultado muertos cuatro compañeros más. Esto pareció servir de escarmiento y se redujeron los “paseos de patos de feria” que exponían a nuestros compatriotas a las represalias de unas guerrillas en pleno auge que cuentan, además, con el apoyo de cada vez mayor cantidad de población. Ante la falta de intereses directos del capital español en Afganistán, las operaciones carecían de objetivos estratégicos en los que enmarcar sus acciones y justificar la presencia inútil de unas tropas sin labores “de paz” que desempeñar. Así pues se acabaron adoptando como propios los objetivos estratégicos norteamericanos y operando casi en exclusiva en provecho de los mismos. De este modo se participaba de forma permanente en las operaciones desarrolladas por las unidades norteamericanas destinadas en Farah, dando, por lo general, seguridad y escolta a los mismos en misiones de diversa índole. El riesgo era patente y los ataques recibidos por las fuerzas internacionales así lo demuestran. Todas las semanas se registraban del orden de las cuatro o cinco bajas y una media de quince muertos diarios entre la policía- ejército afgano. Esto sin contar los muertos supuestamente talibanes y los civiles que caían bajo indiscriminados bombardeos propios de tiempos de guerra abierta y declarada.
Los paracaidistas bajo las órdenes del capitán Amezcua gozaron de 0 días de descanso en los casi 5 meses de tensa misión. Cuando no había nada que hacer entre operaciones y se había completado el mantenimiento, los “paracas” pasaban el tiempo instruyéndose en actuaciones incompatibles con las operaciones en Afganistán y siendo sometidos de forma intensiva a revistas, formaciones, vejaciones y sanciones cumplimentadas con trabajos físicos extenuantes que mermaban sus capacidades para el cumplimiento de la misión poniendo además en peligro las vidas de los compañeros de equipo.
La ley seca impuesta (acertadamente), por el capitán a la tropa era matizable para él, que no se abstuvo jamás del consumo de alcohol. (Consumo comedido, por lo general). Más graves fueron quizás las reprimendas violentas a subordinados que elevaron queja frente a la deplorable situación de material y vehículos. Así como de la falta de personal especializado para el mantenimiento de los mismos. La incapacidad manifiesta y la irrespetuosidad de algunos jefes de sección tensó la situación y la vida hasta extremos casi insoportables. Pero a la tropa le quedaba el espejismo de unas largas vacaciones a su regreso. 30 días del verano más veinte correspondientes por el tiempo de misión. Pero la conmoción general llegó con la noticia de la suspensión de las mismas para participar en unas absurdas maniobras de diez días en Zaragoza y un desfile, más una estancia en cuartel que sumaba en total cerca de un mes. Todos aquellos, en especial los inmigrantes que tenían ya billete para viajar a su tierra se ven impedidos para ello. Pero la cosa no queda ahí. Al final de las maniobras cuando se suponía que se iban a seguir disfrutando los interrumpidos permisos, el Teniente Coronel suspende muchos de ellos pues ante la inminencia de otra misión al Líbano una gran cantidad de hombres debían realizar un curso de última hora debido a la imprevisión crónica de los altos mandos. Un curso teórico “impartido” en aulas que parecían neveras, sin profesores y con un material pésimo y que además debe superarse en el reducido plazo de dos semanas. Los alumnos- los “héroes de Afganistán- serán impunemente privados también de parte de su permiso de navidad. Los que suspendan, lo perderán en su totalidad. A mediados de Enero se desarrollará la parte práctica que acabará solapándose con el comienzo de la fase de concentración del Líbano y ésta con la propia misión- de 4 o 6 meses- aún por determinar.
Sin vacaciones, con sus derechos y su dignidad pisoteados, con su vida sujeta al capricho de jefes incompetentes, déspotas y arrogantes y con unas condiciones de vida lamentables, la mayoría ve como única salida la rescisión de contrato o la deserción. Cosa que a su vez provoca la caída de las plantillas y la sobrecarga de trabajo de los que se quedan. Y así mismo, estos, viendo incrementada su explotación, acaban por finalizar sus compromisos y licenciarse. Para tratar de minimizar las consecuencias del problema, se bajan peligrosamente los mínimos físicos, culturales y síquicos de los nuevos reclutas, con lo que las capacidades de la tropa son cada vez más lamentables.
Gran cantidad de los problemas que aquejan a las FAS serían de fácil resolución con la acción de un sindicato de base que velara por la no comisión de atropellos constantes y por el cumplimiento de las más elementales medidas de seguridad y competencia exigibles a un ejército moderno. Así como por la derogación de leyes caciquiles que obliguen a los subordinados a la aceptación de unas reglas del juego que no dejan opción para desempeñar su labor con un mínimo de dignidad profesional y de honor personal.
JUAN VALLEJO