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Relatos en RadioVoz

Babytxu
11-05-2008 , 18:29
Este apartado sera dedicado a los relatos que querais compartir con todos. Solo pido respeto a todos los temas para un buen funcionamiento en el foro por el bien de todos. Gracias 8)

Sabela^_^
11-05-2008 , 20:15
EL FALSO GIGANTE

Había una vez un señor que vivía como lo que era: un apersona común y corriente. Un buen día, misteriosamnente, la gente empezó a halagarle diciéndole lo alto que era: “¡Qué altos estás!”, “¡Cómo has crecido!”; “¡Envidio tu altura!”…
Al principio, trató de restarle importancia, pero cuando empezó a notar que tres de cada cuatro personas lo miraban desde abajo, empezó a interesarse por el fenómeno. Compró un metro y, después de varias mediciones y comprobaciones, confirmó que su estatura era la de siempre. Pero los demás seguían admirándolo: “¡Qué alto estás!”, “¡Cómo has crecido!”, “¡Envidio tu altura!”. El hombre no entendía nada: él se veía normal.
Totalmente desconcertado, decidió marcar el punto más alto de su cabeza en la pared, pero su marca siempre estaba a la misma altura. El hombre empezó a creer que se estaban burlando de él. Así que, cada vez que alguien le hablaba de su altura, cambiaba de tema, lo insultaba o se iba.
De nada sirvió. La cosa seguía: “¡Qué alto estás!”, “¡Cómo has crecido!”, “¡Envidio tu altura!”. El hombre era muy racional y pensó que aquello debía tener una explicación. Se le ocurrió que, quizá, sus ojos le engañaban. Él podía haber crecido hasta ser un gigante y, por algún conjuro o hechizo, ser el único que no lo podía ver. “¡Eso era lo que debía de estar pasando!”, pensó.
Asentado en esta idea, empezó a vivir una época gloriosa; disfrutaba de las frases y las miradas de los demás. Y un día sucedió el milagro: se puso frente al espejo y le pareció que realmente había crecido.
Se acostumbró a caminar más erguido. Usaba ropa que lo estilizaba y se compró varios zapatos con plataformas. El hombre empezó a mirar a los demás desde arriba. Pasó del placer a la vanidad, y de esta a la soberbia.
Así pasó el tiempo, hasta que un día se cruzó con un enano. El señor vanidoso se apresuró a ponerse a su lado, imaginando anticipadamente sus comentarios. Se sentía más alto que nunca. Pero, para su sorpresa, el enano permaneció en silencio. El señor vanidoso carraspeó, pero el enano no pareció darse cuenta. Y aunque se estiró y estiró hasta casi desarticularse el cuello, el enano se mantuvo impasible. Cuando ya no pudo más, le susurró: “¿No te sorprende mi altura?”.
El enano lo miró de arriba abajo y, con escepticismo, le contestó: “Desde mi altura todos son gigantes y desde aquí, la verdad, usted no me parece más alto que los demás”.
El señor vanidoso lo miró despectivamente y, como único comentario, le gritó: “¡Enano!”.
Volvió a su casa, corrió hacia el espejo y se puso delante de él. No se vio tan alto como aquella mañana. Cogió el metro y, tembloroso, se medió, confirmando lo que ya sabía. No había crecido ni un milímetro.
Se metió en la cama y creyó que no iba a salir nunca más de su casa. Estaba muy avergonzado de su verdadera altura. Miró por la ventana y vio a la gente… ¡Todos le parecían tan altos! Asustado, volvió a ponerse frente al espejo de la sala; esta vez para comprobar si no se había achicado. No, su altura parecía la de siempre. Y entonces comprendió…
El hombre sonrió y salió a la calle. Se sentía tan aliviado que casi flotaba. Se encontró con personas que lo vieron gigante y otras que lo vieron insignificante, pero nadie consiguió inquietarle. Ahora, él sabía que era uno más. Uno más… Como todos.

[b]De Cuentos para pensar, de Jorge Bucay

Sabela^_^
12-05-2008 , 13:48
UNA SOLA OPORTUNIDAD
Un hombre recibió una noche la visita de un ángel. Quien le comunico que le esperaba un futuro fabuloso: Se le daría la oportunidad de hacerse rico. De lograr una posición importante y respetada dentro de la comunidad y de casarse con una mujer muy hermosa.
Ese hombre se paso la vida esperando que los milagros prometidos llegasen, pero nunca lo hicieron, así que al final murió solo y pobre. Cuando llego a las puertas del cielo vio al ángel que le había visitado tiempo atrás y protesto: "me prometiste riqueza, una buena posición social y una bella esposa. ¡Me he pasado la vida esperando en vano!.
Yo no hice esa promesa, replico el ángel, "te prometí la oportunidad de riqueza, una buena posición social y una esposa hermosa".
El hombre estaba realmente intrigado. "No entiendo lo que quieres decir" confesó.
“¿Recuerdas que una vez tuviste la idea de montar un negocio, pero el miedo al fracaso te detuvo y nunca lo pusiste en practica?” El hombre asintió con un gesto.
“Al no decidirte unos años mas tarde se le dio la idea a otro hombre que no permitió que el miedo al fracaso le impidiera ponerla en practica, recordaras que se convirtió en uno de los hombres más ricos del reino”.
También recordaras, prosiguió el ángel “En aquella ocasión, en que un terremoto asolo la ciudad, derrumbo muchos edificios y miles de personas quedaron atrapadas en ellos. En aquella ocasión tuviste la oportunidad de ayudar a encontrar y rescatar a los supervivientes, pero no quisiste dejar tu hogar solo por miedo a que los muchos saqueadores que había te robasen tus pertenencias: así que ignoraste la petición de ayuda y te quedaste en casa”, el hombre asintió con vergüenza.
“Esa fue tu gran oportunidad de salvarle la vida a cientos de personas, con lo que hubieras ganado el respeto de todos ellos” continuó el ángel,
por último ¿recuerdas aquella hermosa mujer pelirroja, que te había atraído tanto? La creías incomparable a cualquier otra y nunca conociste a nadie igual. Sin embargo, pensaste que tal mujer no se casaría con alguien como tú y para evitar el rechazo, nunca llegaste a proponérselo”.
El hombre volvió a asentir, pero ahora las lágrimas rodaban por sus mejillas, “si, amigo mío, ella podría haber sido tu esposa" dijo el ángel. " Y con ella se te hubiera otorgado la bendición de tener sanos y hermosos hijos y multiplicar la felicidad en tu vida”.
A todos se nos ofrecen a diario muchas oportunidades, pero muy a menudo, como el hombre de la historia, las dejamos pasar por nuestros temores e inseguridades.
Pero tenemos una ventaja sobre el hombre del cuento...

“AÚN ESTAMOS VIVOS”

Anónimo

Sabela^_^
13-05-2008 , 11:14
CENICIENTA SUPO DECIR “NO”

Pufff… ya son las once de la noche y todavía me quedan por lavar los platos de la cena. Y mañana me tengo que levantar a las cinco, como siempre. ¡Estoy tan cansada!- esto era lo que Cecilia pensaba, pero decirlo en voz alta… ¡jamás!
- De acuerdo… Ya voy… Ahora mismito… Como a ti te parezca… Está bien- eran las únicas palabras que se le había escuchado decir.
Y Cecilia lavaba, planchaba, limpiaba, lustraba, barría, cocinaba y atendía a todos los demás. Solo de vez en cuando se escondía en su cuarto, a leer. A leer su cuento favorito: La Cenicienta.
… Y el hada se le apareció y la vistió con un traje de seda, el más hermoso que nunca había visto y le regaló unos zapatitos de cristal. “Debes llegar antes de la última campanada de las doce de la noche, porque después el hechizo se romperá…”
- Cecilia… ¡Cecilia!
- Ya voy.
Y el hechizo se rompía.
- Algún día, si soy muy buena y hago perfectamente todo lo que me piden y nunca me quejo… si soy como Cenicienta, vendrá mi hada madrina y me convertirá en princesa- pensaba Cecilia. Y corría esperanzada, escaleras abajo, para servir a los demás.
… Y el príncipe y Cenicienta bailaron y bailaron toda la noche sin tener oídos ni ojos para nadie más. De repente, comenzaron a sonar las campanas. Eran las doce de la noche. “Me tengo que ir”, dijo Cenicienta, apurada, mientras salía corriendo rápidamente del lugar. Pero cuando iba bajando las escaleras, uno de los zapatitos de cristal se le cayó y, por la prisa, ella no volvió a recogerlo. Entonces, el apuesto príncipe se levantó y …
- Cecilia… ¡Cecilia!
- Ya voy.
Y el hechizo se rompía. Una y otra vez, Cecilia volvía a la realidad y la esperada hada madrina no llegaba jamás. Días, semanas, meses… La vida de Cecilia seguía siempre igual. ¡Y no era precisamente la vida de una princesa!
- ¿Y si se perdió entre tanta gente de este mundo y no me encuentra?- se le ocurrió un día-. La voy a llamar: hada madrina, hadita…
Pero nada. Era como si el hada no existiera.
- ¿Sabes lo que pasa, Cecilia? Me parece que la llamas mal. Las hadas no vienen así como así, justo cuando las necesitas. Hay Que llamarlas de una manera especial- le dijo su mejor amiga, Paula.
- Pero en el cuento, el hada aparece sola, sin que Cenicienta la tenga que llamar.
- Sííí…pero eso solo pasa en los cuentos. En la vida real es diferente. Yo conozco la manera de llamar a las hadas. Pero es un secreto, ¿eh’
Cecilia se limpió la naricita con la manga y miró a su amiga con ansiedad.
- Las tienes que llamar cantando. Eso les gusta muchísimo.
Algo así como: “haaada/ ha-da-madriiina/ ven a mí/ven-ven-ven”. ¿Lo entiendes?
Cecilia asintió.
- Pero, además, debes tener el cuerpo preparado para recibirla-continuó Paula-. Es decir, debes tener el aroma de su comida preferida. En cuanto huelen su comida favorita, vienen enseguida. Y lo que más les gusta es el repollo con aceitunas y moras.
- ¿Repollo con aceitunas y moras? ¿Todo junto a una misma comida?
- Sí, todo junto en una misma comida.
- ¿Y qué tengo que hacer? ¿lo cocino y me lo pongo de perfume?
- Nooo… Lo cocinas y te lo comes. No puedes comer otra cosa en diez días, hasta que tus poros exhalen ese aroma. Ese es el secreto. Oler y cantar. No falla. ¡Ah, y… algo más? No puedes dormirte. Porque a las hadas les gusta aparecer por la noche.
Cecilia se puso pálida. ¿No dormir en diez días, comer una comida estrafalaria y cantar por los rincones es lo que tenía que hacer para llamar a su hada madrina?
- Y te convertirá en princesa-concluyó Paula.
Ya no hizo falta nada más para convencerla. Con tal de convertirla en princesa, Cecilia era capaz de hacer eso y mucho más. Claro que no fue nada fácil. Después de diez días, tenía el estómago revuelto de tanto repollo, la piel violeta de no dormir (o de comer tantas moras) y la voz ronca de no dormir y de tanto cantar por los rincones. Pero su hada madrina seguía sin aparecer.
- Bueno… vamos a tener que poner en marcha el plan dos- le sugirió Paula.
- ¿El plan dos?- preguntó cecilia tratando de mantener los ojos abiertos.
- Cuando las hadas no están en casa, están en el bosque. Tendrás que ir a buscarla ahí.
- ¿Ir al bosque? ¿Yo sola al bosque?
- Sí, y de noche. Es un método infalible. Allí las encontrarás, seguro. Lo único que tienes que hacer es ir, sentarte en algún lugar y cantar la canción de las hadas.
- No sé… me da mucho miedo.
- Y vendrá y te convertirá en princesa.
Y Cecilia partió por la noche hacia el bosque a buscar a su ansiada hada madrina.
¡Qué miedo, Dios, qué miedo! Se sentó sobre una roca en un claro del bosque y se puso a cantar:”Haaada/ha/da-madrina/ven a mi/ven aquí/te estoy llamando/te esoy esperando/ven/ven a mí/ven-ven-ven!.
- ¡Qué canto más extraño!
- Hada madrina… ¿Eres tú?
- Más o menos.
Cecilia giró la cabeza y vió que, a su lado, había una pequeña planta de flores rosadas.
- ¿Eres o no eres mi hada madrina?
- Más o menos. Soy tu flor madrina.
Una flor madrina? Eso sí que no lo había escuchado nunca. Pero, en fin, era madrina.
- ¿Y me trasformarías en la princesa más bonita de todo el reino?
- ¿Covertirte en una princesa? ¿Yo?- la flor la miraba sorprendida.
- Sííí. Me convertirás en una princesa y ya no tendrá que atender a nadie más. Ya no tendré que decirles a todos: “Sí… Ya voy…En seguida… Lo que a ti te parezca…”. Podré hacer lo que me parezca, lo que yo quiera, lo que yo diga. ¡Me convertiré en princesa! ¡Me convertiré en princesa…!
- Pero si yo no puedo convertirte en princesa-dijo finalmente la flor.
Cecilia se detuvo en seco.
- ¿Qué has dicho? ¿No habrás dicho que no puedes convertirme en princesa, verdad?
- Sí. He dicho eso.
- Pero… ¿qué clase de hada madrina eres?
- Yo no soy una hada madrina. Yo soy una flor madrina. No tengo varita mágica. No puedo volar. Y no puedo transformarte en nada.
Durante un rato, Cecilia la miró enojada.
- Entonces… entonces… ¡eres una flor madrina de morondanga! Una flor madrina que no sirve para nada. Eres… eres… ¡Eres una inútil!
- Lo que sí puedo darte son mis palabras mágicas. Mis palabras mágicas preferidas.
- ¿Cuáles? ¿Cuáles son? ¿Qué tengo que hacer? ¿Tengo que decir tus palabras mágicas para convertirme en princesa?
- No. Mis palabras mágicas preferidas son:
NO QUIERO/SÍ QUIERO
NO PUEDO/ SÍ PUEDO
- El secreto está- continuó la flor- en saber usar estas palabras mágicas en el momento adecuado. Si las aprendes a utilizar correctamente, serás libre. Y si eres libre, ya no necesitarás transformarte en ninguna princesa.
Y con una pequeña sacudida, Centaury, la flor, le llenó el vestido de pétalos. No era el vestido de una princesa, no, pero a Cecilia le gustó más que el de Cenicienta.


Cuento adaptado del original Educando al hada madrina (extraído del libro Flores y cuentos, de Diana Drexler)

Sabela^_^
17-05-2008 , 19:05
CUENTO SIN U

Caminaba distraídamente por el camino y, de pronto, lo vio.

Allí estaba el imponente espejo de mano, al lado del sendero, como esperándolo.
Se acercó, lo alzó y se miró en él.
Se vio bien.
No se vio tan joven, pero los años habían sido bastante bondadosos con él.
Sin embargo, había algo desagradable en su propia imagen.
Cierta rigidez en los gestos lo conectaba con los aspectos más agrios de su propia historia.
La rabia, el desprecio, la agresión, el abandono, la soledad.
Sintió la tentación de llevárselo, pero rápidamente desechó esa idea. Ya había bastantes cosas desagradables en el planeta para cargar con una más.
Decidió irse y olvidar para siempre ese camino y ese espejo insolente.
Caminó durante horas tratando de vencer la tentación de volver hacia el espejo. Aquel misterioso objeto lo atraía como los imanes atraen a los metales-
Resistió y aceleró el paso.
Tarareaba canciones infantiles para no pensar en que aquella imagen horrible de si mismo.
Corriendo, llegó a la casa donde había vivido desde siempre. Se metió en la cama y se tapó la cabeza con las sábanas.
Ya no veía el exterior, ni el sendero, ni el espejo, ni su propia imagen reflejada en el espejo. Pero no podía evitar la memoria de aquella imagen.
La del resentimiento, la del dolor, la de la solead, la del desamor, la del miedo, la del menosprecio.
Había ciertas cosas indecibles e impensables...
Pero él sabía dónde había empezado todo aquello...
Había empezado aquella tarde, hacía treinta y tantos años...
El niño estaba tendido, llorando frente al la lago el dolor de los malos tratos de los demás.
Aquella tarde, el niño decidió borrar, para siempre, la letra del alfabeto.
Aquella letra. Aquella.
La letra necesaria para nombrar al otro si está presente. La letra imprescindible para hablar a los demás al dirigirles la palabra.
Si no había manera de nombrarlos dejarían de ser deseados... Y entonces no habría motivo para sentirlos necesarios... Y sin motivo ni forma de invocarlos se sentiría, por fin, libre...


EPÍLOGO
Escribiendo sin U puedo hablar hasta de mi cansancio, del mío, del yo, de lo que tengo, de lo que me pertenece... Hasta puedo escribir de él, de ellos y de los demás. Pero sin U no puedo hablar de ustedes, del tú, de lo vuestro. No puedo hablar de lo suyo, de lo tuyo, ni siquiera de lo nuestro. Así me pasa... A veces pierdo la U... y dejo de poder hablarte, pensarte, amarte, decirte. Sin U, yo me quedo pero tu desapareces... Y sin poder nombrarte, ¿cómo podría disfrutarte? Como en el cuento... si tú no existes me condeno a ver lo peor de mí mismo reflejándose eternamente en el mismo, mismísimo, estúpido espejo

Sabela^_^
17-05-2008 , 19:09
EL ÁRBOL QUE HALLÓ SU DESTINO

Había una vez un jardín con manzanos, naranjos y bellísimos rosales. Todo era alegría en el jardín, pero uno de sus habitantes no participaba de la dicha general: era un árbol que se sentía triste. El pobre tenía un problema, no sabía quién era.
El manzano le decía:
-Te falta concentración. Si lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. Es muy fácil.
El rosal le decía:
-Es más sencillo tener rosas y, además, son más bonitas y olorosas que las manzanas.
El pobre árbol, desesperado, intentaba ser todo lo que le sugerían, pero no lo lograba y por ello se sentía cada vez más frustrado.
Un búho muy sabio aconsejó al árbol:
-Tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. No dediques tu vida ni tu energía a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo, conócete y aprende a escuchar tu voz interior.
¿Mi voz interior? ¿Ser yo mismo? ¿Conocerme? – pensaba el árbol, angustiado. Pero el consejo del búho anidó en su corazón. Y el árbol dejó de escuchar los comentarios de los demás. Aprendió a gozar en silencio de los rayos del sol y de las refrescantes gotas de lluvia. Y, cuando menos lo esperaba y buscaba, un día comprendió. Su corazón se abrió y su voz interior le habló:
Tú jamás darás manzanas ni rosas porque no eres un manzano ni un rosal. Tú eres un roble, y tu destino es crecer majestuoso; dar sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión, cúmplela.
Y el árbol se sintió seguro y fuerte y se dispuso a ser aquello parra lo cual estaba destinado. Pronto fue admirado y respetado por todos, pero lo más importante es que aprendió a respetarse y a valorarse a sí mismo.

Versión del relato “Sé tú mismo”, de aplícate el cuento de Jaume Soler y M. Mercé Conangla

Sabela^_^
17-05-2008 , 19:11
LA GALLINA Y LOS PATITOS

Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos.
Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató. Pero, por alguna razón, no llegó a comerse los huevos antes de huir, y estos quedaron abandonados en el nido.
Una gallina clueca pasó por allí y encontró el nido descuidado. Su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos.
Poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina por su madre y caminaban en la fila detrás de ella.
La gallina, contenta con su nueva cría, los llevó a la granja.
Todas las mañanas, después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el suelo y los patos se esforzaban por imitarla. Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra ni un mísero gusano, la mamá proveía de alimento a todos los polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos dándoles de comer en el pico.
Un día como otros, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja. Sus pollitos, disciplinadamente, la seguían en fila.
Pero de pronto, al llegar al lago, los patitos se zambulleron de un salto en la laguna, con toda naturalidad, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua.
Los patitos nadaban alegres, chapoteando, y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran.
El gallo apareció atraído por los gritos de la madre y se percató de la situación.
-No se puede confiar en los jóvenes- fue su sentencia-. Son unos imprudentes.
Uno de los patitos, que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo: “No nos culpéis a nosotros por vuestras propias limitaciones”.
No pienses que la gallina estaba equivocada.
No juzgues tampoco al gallo.
No creas a los patos prepotentes y desafiantes.
Ninguno de estos personajes está equivocado. Lo que sucede es que ven la realidad desde posiciones distintas.
El único error, casi siempre, es creer que la posición en que estoy es la única desde la cual se divisa la verdad.


El sordo siempre cree que los que bailan están locos.

Sabela^_^
17-05-2008 , 19:13
LAS RANITAS EN LA NATA
Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de nata.
Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil, sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.
Una de ellas dijo en voz alta: “No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que me voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.
Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.
La otra rana, más persistente o quizá más tozuda se dijo: “¡No hay manera! Nadase puede hacer para avanzar es esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”.
Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.
Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.
Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.

Sabela^_^
22-05-2008 , 13:22
FÁTIMA, LA HILANDERA

En una ciudad del más lejano Oriente vivía una joven llamada Fátima, la hija preferida de un próspero hilandero. Un día, su padre le dijo:
- Hija, has aprendido el oficio y te has convertido en mi ayudante. Quiero que vengas conmigo a una travesía, pues tengo negocios que hacer en las islas de Mediterráneo. Tal vez encuentres un joven atractivo, de buena posición, al cual podrás tomar como esposo.
Se pusieron en camino y viajaron de isla en isla, el padre haciendo sus negocios y Fátima soñando con el esposo que pronto podría ser suyo. Pero un día, cuando estaban de camino de Creta, se levantó una tormenta y el barco naufragó. Fátima, semiconsciente, fue arrojada a una playa cercana a la ciudad de Alejandría. Su padre había muerto, dejándola completamente desamparada.
A partir de entonces, su vida pasada le pareció un tenue recuerdo lejano. Estaba completamente exhausta por la experiencia del naufragio, por tantas horas expuesta a las inclemencias del mar… Mientras vagaba por la arena, una familia de tejedores la encontró y, aunque eran muy pobres, la llevaron a su humilde casa y le enseñaron el oficio. De esta sencilla manera, Fátima inició un asegunda vida y, al cabo de uno o dos años, habiéndose reconciliado con su suerte, recobró la felicidad.
Pero una mañana, estando en la playa, una banda de mercaderes de esclavos desembarcó y se la llevó junto con otros cautivos. Pese a lamentarse amargamente de su suerte, la muchacha no encontró ninguna compasión por parte de ellos, quienes la llevaron a Estambul y la vendieron como esclava. Por segunda vez, el mundo se había derrumbado.
Uno de aquellos días, sin embargo, apareció en el mercado un hombre que buscaba esclavos para trabajar en su aserradero, donde fabricaba mástiles para barcos. Cuando el mercader vio el abatimiento de la infortunada Fátima, decidió comprarla, pensando que podría ofrecerle una vida un poco mejor que la que habría de recibir de cualquier otro comprador.
Llevó a Fátima a su hogar con la intención de hacer de ella una sirvienta para su esposa, pero, al llegar a su casa, se enteró de que había perdido todo su dinero, pues su cargamento más importante había sido capturado y robado por unos piratas. Comprendió que ya no podría afrontar los gastos que le ocasionaba tener tantos trabajadores, de modo que él, Fátima y su mujer quedaron solos para llevar a cabo la pesada tarea de fabricar mástiles.
Fátima, agradecida a su empleador por haberla rescatado, trabajó tan duramente y tan bien que tiempo después él le dio la libertad. Gracias a su esmero, ella llegó a ser su ayudante de confianza. Fue así como logró ser relativamente feliz en su tercer oficio.
Un buen día el mercader le dijo:
- Fátima, necesito que vayas a Java con un cargamento de mástiles. Asegúrate de venderlos con provecho.
La muchacha se puso en camino, pero al pasar frente a la costa de China, un tifón hizo naufragar la embarcación y, una vez más, salvó milagrosamente la vida mientras era arrojada a las playas de un país desconocido. Otra vez lloró amargamente, pues sentía que en su vida nada sucedía de acuerdo a sus expectativas. Siempre que las cosas parecían andar bien, algo espantoso ocurría malogrando todas sus esperanzas.
- ¿Por qué será? – exclamó Fátima por tercera vez- que siempre que intento hacer algo se malogra? ¿por qué tienen que ocurrir tantas desgracias?
Pero no hubo respuesta, de manera que se levantó de la arena y caminó tierra adentro.
En China nadie había oído hablar jamás de Fátima, ni existía persona que supiera acerca de sus problemas. Sin embargo, en uno de aquellos reinos existía la leyenda de que un día llegaría allí cierta hermosa mujer extranjera, capaz de enseñar a construir enormes tiendas para sus ejércitos, un arte por entonces muy codiciado.
A fin de estar seguros de que la esperada extranjera no pasara inadvertida si un día pisaba aquel suelo, el rey solía mandar heraldos a todas las ciudades y aldeas, pidiendo que cada mujer extranjera fuera llevada a la Corte. Fue precisamente en una de esas ocasiones cuando Fátima, agotada, llegó a la ciudad costera de China. La gente del lugar habló con ella por medio de un intérprete, explicándole que tendría que presentarse ante el rey.
- Señora, dijo el rey cuando Fátima fue llevada al castillo-, ¿sabéis fabricar una tienda capaz de resistir los embates de las campañas de mis ejércitos?
- Creo que sí- respondió Fátima.
Muy pronto, habiendo comprobado la mala calidad de las sogas que poseían, recurrió a los conocimientos de sus tiempos de hilandera, recogió lino y fabricó las cuerdas. Luego pidió una tela fuerte, y también la juzgó inadecuada para el uso. Entonces, utilizando su experiencia con los tejedores de Alejandría, fabricó una tela resistente para hacer tiendas. Más tarde, como había sido enseñada por el fabricante de mástiles de Estambul, hábilmente confeccionó unos solos parantes. Al quedar estos listos, se devanó los sesos recordando todas las tiendas que había visto en sus viajes, y he aquí que la tienda fue construida.
Cuando esta maravilla fue mostrada al rey, él le ofreció dar cabal cumplimiento a cualquier deseo que ella expresara. Fátima eligió entonces establecerse en China, donde se casó con un atractivo príncipe y, rodeada por sus hijos, vivió hasta el final de sus días.
Fue a través de estas aventuras como Fátima comprendió que aquello que le había parecido, en su momento, una experiencia desagradable, resultó ser parte esencial en la elaboración de su felicidad final.

Adaptación de un cuento sufí (extraído del libro Todo (no) terminó, de Silvia Salinas.

Sabela^_^
23-05-2008 , 11:39
Las tres rejas
El joven discípulo de un sabio llega a casa de éste y le dice: -Oye, maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
-¡Espera! lo interrumpe el maestro-. ¿Ya has hecho pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?
-Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
-¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.
-Entonces -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdadero, ni bueno ni necesario, enterrémoslo en el olvido.

Cuento sufí

Sabela^_^
25-05-2008 , 21:36
EL ESPÍRITU DE INDEPENDENCIA

Había una vez una familia de pastores. Tenían todas las ovejas juntas en un solo corral. Las alimentaban, las cuidaban y las paseaban. De vez en cuando las ovejas trataban de escapar. Entonces , el más viejo de los pastores les decía: “Vosotras, ovejas inconscientes y soberbias, no sabéis que, fuera, el valle está lleno de peligros. Sólo aquí podréis tener agua, alimentos y, sobre todo, protección contra los lobos”. En general, esto bastaba para frenar los “aires de libertad” de las ovejas.
Un día nació una oveja diferente. Digamos que era una oveja negra. Tenía el espíritu rebelde y animaba a sus compañeras a huir hacia la libertad de la pradera.
Las visitas del viejo pastor para convencer a las ovejas de los peligros exteriores se hicieron cada vez más frecuentes. No obstante, las ovejas estaban inquietas y, cada vez que se las sacaba del corral, daba más trabajo reunirlas de nuevo. Hasta que, una noche, la oveja negra las convenció y huyeron.
Los pastores no notaron nada hasta el amanecer, cuando vieron el corral roto y vacío. Todos juntos fueron a llorarle al anciano jefe de familia.
- ¡Se han ido, se han ido! ¡Pobrecitas!
- ¿Y el hambre? ¿Y la sed?
- ¿Qué será de ellas sin nosotros?
El anciano tosió, aspiró su pipa y dijo:
- Es verdad lo que decís, ¿qué será de ellas sin nosotros? Y, lo que es peor, que será de nosotros sin ellas?

De Déjame que te cuente, de Jorge Bucay

Sabela^_^
31-05-2008 , 13:04
Una época en que los barcos que recorrían el Mediterráneo, ida y vuelta desde Cádiz hasta Estambul, se detenían en los puertos de las islas. Allí, mientras los cargueros descargaban sus mercaderías y se aprovisionaban de todo lo necesario para seguir su viaje, los marineros repetían el mismo ritual.
Recibían su paga y corrían a la taberna para gastarse hasta el último centavo en vino y mujeres. Y cuando el dinero se acababa, dos o tres días después, los marineros volvían al barco, saturados de alcohol y borrachos de sexo o al revés, para dormir hasta que el carguero volviera hacerse a la mar.
Un pescador me contó que un día dos marineros cruzaban el viejo puente de madera construido sobre el río, camino a la taberna. Su barco había entrado en el puerto muy temprano esa mañana y la mayoría de sus compañeros se habían adelantado, colgándose, literalmente, de los camiones de transportes para ser llevados al pueblo.
De pronto, el más joven de los amigos se quedó mirando por encima de la barandilla, hacia la costa del río.
-¿Qué haces? Vamos…
-Ven aquí – dijo el otro-. Mira…¿No te parece hermosa?
El otro miró hacia abajo y vio a una campesina que lavaba la ropa a orillas del río. Pensó que no se refería a ella, jamás usaría la palabra hermosa para describirla, sobre todo porque, dada su edad, su costumbre y su intención, cualquier mujer que aparentara tener más de veinticinco años era una vieja.
-De quién hablas?
-De esa mujer… La que lava la ropa. ¿No la ves?
-Sí la veo. Pero no entiendo qué le ves de hermosa. Mira, en la taberna nos esperan decenas de mujeres más jóvenes, mucho más guapas y, con toda seguridad, con mucho más deseo de complacernos que ella. Vamos, date prisa…
-No- dijo el más joven-, tengo que hablar con ella… Sigue tú, te veré en la taberna.
Dichoso eso, empezó a caminar hacia abajo, por el sendero que llevaba el río.
-No tardes demasiado…- le gritó el otro saludándolo desde lejos, y siguió su camino hacia el pueblo, sonriendo, mientras movía su cabeza de un lado a otro negando con el gesto lo que había pasado.
El marinero se acercó hasta la orilla y, en silencio, se sentó en el césped, unos pocos metros por detrás de la joven, sin atreverse apenas a hablarle.
La muchacha siguió durante más de media hora con su trabajo y luego se puso de pie, seguramente para volver a su casa cargando la cesta de la ropa limpia.
-¿Me permites qué te ayude? – preguntó el joven, insinuando el gesto de llevarle la cesta.
-¿Por qué? –respondió ella.
-Porque quiero – dijo él.
-¿Por qué? –repitió ella.
-Porque me gustaría caminar un rato a tu lado – dijo él con sinceridad.
-Tú no eres de aquí. Vivimos en un pueblo muy pequeño y aquí no se supone que una mujer soltera pueda caminar acompañada por un extraño.
-Entonces… déjame llevar la cesta para conocerte y que me conozcas.
Por toda respuesta, la muchacha sonrió y empezó a caminar hacia el pueblo.
-¿Cómo te llamas? – se atrevió a preguntar él, después de diez minutos de marcha.
-Nácar, - dijo ella, sin pensar si debía o no contestar.
-Nácar…- repitió él, y luego agregó-: Eres tan hermosa como tu nombre.
Tres horas después, el muchachito entraba en la taberna y buscaba a su amigo entre el mar de gente y la nube de humo espeso que llenaba el tugurio.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, vio que su amigo gesticulaba ampulosamente desde u rincón pidiéndole que se acercara. Dos hermosas mujeres casi colgaban de su cuello riendo con él, un poco como consecuencia de sus exagerados y torpes movimientos y otro poco como consecuencia del alcohol que a esas alturas debía de estar alcanzando ya elevadas concentraciones en la sangre de los tres.
- Si llegas a tardar un poco más, te quedas sin probar el vino- le dijo cuando lo tuvo cerca. Y luego, mirando a las mujeres que lo acompañaban, agregó-: Sírvele un poco de vino a mi amigo, por favor…
- Escúchame…- dijo el joven-, necesito tu ayuda.
- Claro, hombre. Yo pago.
- No me entiendes. Me quiero casar.
- Ah. Yo también. ¿Tú prefieres a la morena o a la pelirroja?
El más joven sacudió a su amigo suavemente para llamar su atención y conseguir que su mente venciera al vino y pudiera prestarle atención.
-Pretendo casarme con Nácar, la muchacha que vimos hoy desde el puente. Y necesito tu ayuda.
-Creo que estuviste demasiado tiempo navegando – dijo su amigo, entendiendo que el jovencito hablaba en serio-. Es muy común entre los novatos como tú. Después de pasar más de tres semanas a bordo, pisan tierra y se enamoran de la primera mujer que ven. Yo lo entiendo y lo he vivido, pero decidir casarse por eso es una locura…
-Puede ser, pero la vida es, en sí, una locura. El amor es una locura y la felicidad también lo es. Yo no quiero que me juzgues, amigo mío, quiero que me ayudes.
La tarde caía cuando los dos marineros, con su uniforme de ceremonias, llamaban a la puerta de la casa donde vivía Nácar. El ritual de la isla decía que el pretendiente debía concurrir a casa de la novia con su padrino de bodas para pedirle al padre la mano de su hija. Éste pediría una dote, como era la costumbre, y, si había acuerdo, se establecería en ese momento la fecha de la boda.
-¿Estás seguro de lo qué haces? – preguntó el improvisado padrino.
-Más que de ninguna otra cosa – dijo el pretendiente.
Finalmente el dueño de la casa apareció.
El que apadrinaba se adelantó y le dijo, parsimonioso:
-Mi amigo me ha pedido que le acompañe para pedirle a su hija en matrimonio.
-Ah… Su amigo es muy afortunado de pretender casarse con una de mis hijas. Supongo que venís a por Anna. Ella es realmente una joya única.
-Nosotros…
-A pesar de que apenas tiene dieciocho, es ya toda una mujer – siguió diciendo el hombre sin escuchar a su interlocutor-. Siempre supimos que sería la primera en dejarnos. No sólo es bellísima, sino también hacendosa, sensual y muy saludable. Nunca estivo enferma… Como comprenderás, nos costará mucho dejarla ir con su amigo, pero veo que sois buena gente… Te las daré por el valor de veinte vacas.
-Es que…
-No, no. Ni una menos. Ella lo vale.
-Yo lo entiendo- dijo el amigo del novio-, pero no es Anna la novia pretendida.
-Oh… Qué agradable sorpresa – dijo el hombre-. Yo creía que ya no quedaban jóvenes que valoraran la inteligencia. Rubí es la más inteligente de las tres . Si bien se puede decir que no tiene el cuerpo perfecto de su hermana menor , lo compensa con una mente. Una sagaz compañera y una amiga fiel. NO dudo de que será una excelente madre. Por ser vosotros os la puedo dar por trece vacas. Y no lo dudéis, es muy buen precio.
-Se lo agradezco mucho, señor, pero a quién mi amigo pretende pedir en matrimonio es a su hija Nácar.

Aunque trató de disimularlo, un rictus de sorpresa y de incredibilidad pasó por el rostro del jefe de familia.
-Nácar …- balbuceó-. Claro…Nácar
- Sí Nácar
-Me parece…me parece…- el hombre trataba de encontrar una palabra que no conseguía hallar.
-Maravilloso!-dijo al fin-. Sólo un hombre inteligente y bondadoso puede ver la belleza oculta de una mujer. Ciertamente tiene mucho que aprender, pero también tiene una gran disposición para aprenderlo. Es una oportunidad para conseguir una buena esposa a buen precio. Considerando que es la mayor, te la daré por el valor de siete vacas… Bueno, quizá seis …pero no por menos.
- Señor-dijo en ese momento el pretendiente-, permítame que le confirme en persona mi decisión de casarme con su hija Nácar. Sólo quiero poner una condición con respecto al precio.
-No abuses de tu futuro suegro, querido joven. El pequeño tema de su cojera es un asunto sin importancia… No se puede conseguir nada por se precio en esta isla.
-Justamente por eso-dijo el joven-quisiera tomarla como esposa; pero quiero pagar por ella el equivalente a veinte vacas, como pides por la mejor de tus hijas, y no solamente seis.
- ¿Qué dices? ¿Estás loco? – dijo su amigo tratando de frenar su estupidez-. Dijo que te lo daría por seis. Además cojea. ¿Por qué quieres pagar por ella más de lo que vale?
- Porque no creo que ella valga menos que su bella y joven hermana.
- Trato hecho. Veinte vacas- se apresuró a decir el padre. Y añadió, quizá temiendo un arrepentimiento-:¡Pero que la boda sea lo antes posible!
Así, los amigos se separaron. Uno de ellos volvió al barco y el otro se quedó en la isla. Pasaron cinco años antes de que el destino volviera a traer al marinero al mismo puerto, pero apenas llegó, no pudo pensar en otra cosa que en su joven amigo. ¿Qué habría sido de él? ¿Se habría casado? ¿Cuánto habría durado su matrimonio? ¿Estaría aún en la isla?
Preguntando por aquí y por allá, por aquel joven marinero que alguna vez se había casado con la hija del isleño, le dijeron que ahora vivía en una casa muy humilde que se había construido con sus propias manos, muy cerca de la cima de la montaña. Subiendo por el camino del oeste llegaría, después de media hora de marcha, a casa de su amigo.
Su estado físico le habría permitido llegar antes, pero lo detuvo una extraña procesión con la que se cruzó al empezar a subir la cuesta. Decenas de hombres y mujeres bajaban al pueblo. Llevaban en hombros a una bellísima mujer a la que permanentemente le tiraban pétalos de flores, le cantaban y adulaban. Ella, mientras tanto, parecía irradiar luz; de hecho, sólo con pasar a su lado se sintió mejor. Sonriendo a todos, la hermosa mujer saludaba alargando la mano una y otra vez a los que se acercaban a tocarla. Tuvo que resistir la tentación de ir tras ellos y sumarse al ritual; pero finalmente llegó a la casa que le habían indicado. Todo parecía tan cuidado y ordenado que el marinero pensó por primera vez que quizá debería empezar a pensar en sentar la cabeza.
Golpeó la puerta y su viejo camarada abrió en seguida.
-Querido amigo… - le dijo al verlo. ¡Qué sorpresa verte por aquí! ¿Cuándo habéis echado ancla?
-Esta mañana… He venido apenas he desembarcado para saber de ti. ¿Cómo estás?
-Ya me ves… Estoy muy bien, muy feliz.
-Cuánto me alegra… ¿Y tu… esposa?- casi tenía miedo de preguntar.
-Ah , qué pena me da que no esté aquí. Hoy es su cumpleaños y la gente del pueblo la vino a buscar para agasajarla; la quieren tanto… La tratan como si fuera una santa. Debes de haberte cruzado con ellos al subir…
-Ah…sí, claro. ¿Cómo iba a saber que era ella? Ni siquiera sabía que te volviste a casar.
-¿Yo, volverme a casar? ¿Qué dices? Sigo casado con Nácar, la joven cuya mano pediste para mí.
-¿Pero no dices que es la mujer que llevaban en andas hacia el pueblo? Ésa no podía ser ella…
-¿Cómo qué no podía?
-Perdona, amigo mío, yo la conocí. Nácar era una mujer que aparentaba hace cinco años mucha más edad que la joven de la procesión. Además, ésta es bellísima y tu esposa… Perdona que te lo diga pero no era…
-No, no era… como es. Pero se ha vuelto así como la viste.
-Pero… ¿Cómo puede ser?
-Pues no lo sé… Quizá se deba a la dote…
-¿Cómo dices?... No te entiendo.
-Yo pagué por ella una dote de veinte vacas, el precio que se pagaba por las más hermosas, tiernas y maravillosas mujeres, la traté siempre como a una mujer de veinte vacas y la ayudé a que supiese que así era. Tal vez eso la empujo a convertirse en la fantástica y bella mujer que es hoy.


Jorge Bucay.- 20 pasos hacia delante.

Sabela^_^
09-06-2008 , 17:42
Cuentos para pensar
JORGE BUCAY
El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma...
-Maestro -lo encaró uno de ellos una tarde-. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado...
-Pido perdón por eso -se disculpó el maestro-. Permíteme que en señal de reparación te invite a un rico melocotón.
-Gracias, maestro -respondió halagado el discípulo.
-Quisiera, para agasajarte, pelar tu melocotón yo mismo. ¿Me lo permites?
-Sí, muchas gracias -dijo el alumno.
-¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que sea más fácil comerlo?
-Me encantaría... Pero no quisiera abusar de tu generosidad, maestro...
-No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte... Permíteme también que lo mastique antes de dártelo...
-No, maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! -se quejó sorprendido el discípulo.
El maestro hizo una pausa.
-Si yo os explicara el sentido de cada cuento, sería como daros a comer una fruta masticada.

De la sabiduría sufí.

Sabela^_^
09-06-2008 , 18:53
Los dones de la vida
Un día la Vida tomó la figura de un joven apuesto y se puso a caminar por el mundo. A la orilla de un bosque vio una cabaña, entró y encontró allí a un hombre pobre enfermo de elefantiasis: todos sus miembros estaban hinchados y tan deformes que se movía con mucha dificultad.
-¡Oh! ¿Que venturosos vientos te trajeron a mí? ¿Quién eres tú? -dijo el enfermo.
- Soy la Vida, -respondió el caminante. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo. Yo voy y vengo; volveré por estos lugares dentro de siete años.
¿Pero, por qué gimes tanto?
-Tengo una enfermedad horrible; ha destruido mi aspecto humano y me ha quitado la alegría de vivir. Ya no puedo más.
-Si quieres, -dijo la Vida, te curo. Pero tú me olvidarás.
-¡No! Le aseguró el enfermo. Guardaré eternamente en mi memoria a quien me cure y le estaré agradecido para siempre.
La Vida esparció un polvo misterioso sobre el enfermo, y éste quedó curado como por encanto. La Vida siguió su camino y enseguida llegó a la cabaña de un leproso.
-¡Oh! ¡Bendito tú que vienes a mí! -exclamó el leproso al ver al hermoso joven. ¿Puedo saber tu nombre?
-Yo soy la Vida -dijo el recién llegado. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando regreso. Voy y vengo.
Volveré por estos rumbos dentro de siete años. Puedo curarte, ¿pero te acordarás de mí?
-No te olvidaré mientras viva -dijo el leproso.
La Vida lo curó y siguió su camino. Al llegar a una aldea, se encontró con un ciego que buscaba el camino con un bastón. Cuando oyó pasos, se detuvo y preguntó.
-¿Quién va? ¡Cuidado con este pobre ciego!
-Yo soy la Vida. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo.
Curó también al ciego y desapareció. Pasaron los años, y a su tiempo, como lo había prometido, volvió, pero esta vez oculto bajo la figura de un ciego. Era ya tarde cuando llegó a la cabaña del ciego que había curado. Tocó a la puerta. No estaba, pero le abrió su esposa.
-Tenga piedad de este pobre ciego -dijo la Vida. Conozco a su esposo; ¿me puede dar un refresco mientras lo espero? Me basta con un poco de agua.
-Mi esposo es un verdadero tonto -refunfuñó la mujer. Trae a casa a cuanto pobre se encuentra.
Puso un poco de agua sucia en una vieja jícara y se la ofreció de mal modo al falso ciego. Por fin llegó el Señor de la casa, y la Vida se dirigió a él.
-Estoy de paso -dijo. ¿Puedes darme alojamiento hasta mañana?
El hombre murmuró algo, después extendió una estera en una esquina de la cabaña y dio al ciego un puñado de cacahuates. Cuando despuntó el alba, la Vida llamó a su anfitrión y le dijo:
-¿No te dije que algunos conocen a la Vida cuando viene pero no cuando regresa? Tú no me has reconocido, porque la ceguera se ha quedado en tu corazón, y volverá también a tus ojos.
Dijo esto y salió dejando tras de sí una polvareda. El hombre volvió a ser ciego, como siete años antes.
Cuando la Vida llegó a la cabaña del antiguo leproso, se cubrió de una lepra tan horrible que la seguían enjambres de moscas. Tocó a la puerta, pero aquel hombre, viendo al leproso, no lo dejó entrar y rehusó darle de comer porque estaba demasiado sucio.
-Te lo había dicho -le recordó el caminante. Algunos conocen a la Vida cuando viene, pero no cuando regresa.
Dijo y se marchó dejando tras de sí un reguero del misterioso polvo. El hombre ingrato se cubrió de nuevo de tanta lepra que la carne se le caía a pedazos.
Cuando llegó a la cabaña del antiguo enfermo de elefantiasis, la Vida se hinchó los miembros de tal modo que a duras penas podía caminar. Se asomó a la puerta y dijo:
-¡Buen hombre, un poco de refresco por caridad!
-¡Adelante! ¡Adelante! ¡Entra! -dijo el hombre, apresurándose a ayudar al fingido enfermo. ¡Oh! ¡Que desgracia! ¡Tan joven y tan enfermo! Yo también, hace tiempo, tuve esa fea enfermedad, pero pasó por aquí un buen hombre y me curó. Quizá…
Y mientras hablaba puso a cocer un plato de arroz, dio al enfermo nueces y una jícara llena de leche fresca, después preparó un asado de carnero y se ocupó de cuidar al enfermo.
En la mañana, la Vida se presentó como el joven hermoso que era y dijo:
-Tú has reconocido a la vida también a su regreso. No olvidas los beneficios recibidos y sabes socorrer a quien sufre lo mismo que tú has sufrido. Por eso permanecerás sano y gozarás de prosperidad.
El hombre quiso hacer un regalo a la Vida, unas vacas. Pero el joven se lo agradeció diciendo:
-No tengo necesidad de riquezas. Quiero que recuerdes una cosa importante: La Vida puede cambiar y traer hoy bienes y mañana males, pero con frecuencia depende de ustedes hacerla mejor o peor.
Fábula de Africa Occidiental. Ghana

Sabela^_^
09-06-2008 , 18:59
Un grano de café
Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y como las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejo hervir sin decir palabra. La hija espero impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su Padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego; Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en un plato.
Coló el café y lo puso en una taza. Mirando a su hija le dijo:
“Querida; ¿Que ves?” “Zanahorias, huevos y café; fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.
Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Al sacarle la cáscara, observó que el huevo estaba duro.
Luego le pidió que probara el café?. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: “¿Que significa esto, Padre?”
El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.
La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.
Los granos de café? sin embargo eran los únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
“¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta”, ¿cómo respondes? “Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?”
Y cómo eres tú: “Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
“Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? Posees un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero “Eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? “O eres como un grano de café? ¿El café? cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las
cosas se ponen peor tu reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
¿Como manejas la adversidad?
Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café.

Sabela^_^
17-06-2008 , 10:16
Una viuda y el diablo
CUENTO HUAVE
Cuentan que una vez, el diablo se enamoró de una viuda. Llegaba a su casa y le platicaba. A la señora no le gustaba y además, tenía miedo de que se enojara. Tanto y tanto le ofrecía el diablo que por fin la señora dijo:
—Bueno, seré tu mujer si me construyes una casa bonita.
El diablo se la hizo. La viuda fue a buscar al cura para que le echara agua bendita; así, el pobre diablo no podría entrar a la casa que él mismo había hecho.
El cura le advirtió:
—Si no encuentras el modo de acabar con él, él acabará contigo.
La mujer pensó bien el asunto y esto hizo: busco dos montones de botellas, uno blanco y otro oscuro. Se sentó en la enramada, era la hora en que acostumbraba llegar el diablo. La encontró muy atareada.
—¿Qué haces?
—Aquí, lavando botellas. ¿No me ayudas?
—Sí.
—Lava ese montón de botellas —le dijo señalando las oscuras—, hasta que queden limpias, como ésas —y señaló el otro montón.
—¿Y cómo crees que voy a hacer claro lo oscuro? No se puede.
—Claro que sí, mira ya todas las que llevo.
—¿Y cómo le hiciste?
—Ah, es que se tienen que lavar por dentro. Si eres poderoso, ¿por qué no te metes?
El diablo entró en la botella y la mujer luego la tapó. Ya que tuvo encerrado al diablo, fue al monte y, con todo y botella, lo enterró.
Y por eso dicen que sólo las mujeres son más listas que el diablo.
Fin.

Sabela^_^
20-06-2008 , 13:52
LA GALLINA NEGRA (cuento gitano)
Había una vez un gitano llamado Kalo Dan, que había acumulado un afortuna matando un dragón y liberando a una princesa.
Un día su madre le comentó que ya iba siendo hora de buscarse una buena chica y casarse.
- Kalo –le dijo la madre- si no te gusta ninguna muchacha del pueblo coge tu caballo y busca otros lugares y campamentos gitanos. No importa que sea rica, lo más importante es que sea buena chica.
Así que Kalo eso hizo, y se fue del campamento donde vivía con su madre. Empezó la búsqueda por pueblos y campamentos pero no encontraba la chica que le gustase.
Un día cuando llegó a un campamento muy, muy pobre. Se acercó a un abarraca y quedó sorprendido al ver la delicada belleza de una muchacha. Era una hermosa gitana de ojos negros como el carbón, largos y ondulados cabellos que adornasen su espalda hasta la cintura.
La muchacha estaba poniendo la mesa cuando se giró y vio a Kalo Se giró de nuevo y entró rápidamente en casa, desapareciendo detrás de la puerta. Kalo la llamó, se acercó a la puerta de la casa y en se mismo momento salió corriendo una gallina negra. Kalo siguió buscando a la chica por donde le pareció que se había escondido… ¡ la chica había desaparecido!
Pasó un rato y llegó un matrimonio gitano a la barraca, al ver a Kalo lo saludaron y lo invitaron a compartir el almuerzo con ellos.
Después de comer un estupendo cocido, Kalo preguntó al matrimonio por la muchacha que había visto. Ellos le dijeron que no sabían nada de ninguna muchacha y que no sabían de quien hablaba. Después siguieron conversando largo rato. Llegó el atardecer y el matrimonio invitó a Kalo a pasar la noche en la casa. Kalo aceptó en parte como agradecimiento a la hospitalidad que mostraba el matrimonio y en parte a la intriga que sentía por descubrir quien podía ser aquella bellísima muchacha.
Después de un rato de charla, unos cuentos y unos cantes, llegó el momento de acostarse. Sólo Kalo seguía despierto, tumbado y pensando en todo lo que había pasado aquel día, cuando oyó un ruido que venía del comedor. Se levantó sigilosamente acercándose hacia la puerta del comedor que estaba entreabierta, se acercó a espiar que era lo que hacía ruido y sorprendido encontró a la bella muchacha. Kalo se acercó sin hacer ruido y cogió de la mano a la chica.
- Suéltame –exclamó la chica.
Pero Kalo no la soltó sino que le pidió matrimonio.
La muchacha le contó que eso no era posible porque era víctima de un hechizo que le había impuesto un mago al que la bella chica había rechazado.
El hechizo consistía en que sólo tendría forma humana dos veces al día: a las 12 de la mañana y a las 12 de la noche. Sólo podía conservar esa forma una hora cada vez. La única manera de romper el hechizo era que un hombre la llevase al altar en forma de gallina negra.
- ¡Yo lo haré!- dijo Kalo.
Pasó la noche y a la mañana siguiente Kalo compró la hermosa gallina negra al matrimonio. Con la gallina bajo el brazo se fue a la iglesia y le pedió al cura que casase a la gallina con Kalo.
En un primer momento el cura no quería aceptar la propuesta pero finalmente lo convenció y el cura le dio cita para la boda a los tres días.
Kalo llegó a casa y presentó a la novia a su madre (en forma d egallina) y la mujer empezó a llorar.
- ¿Estás loco hijo mío?, ¿¿cómo quieres casarte con una gallina?
Pero Kalo estaba convencido y en los tres siguientes días no se separó de su futura esposa.
Enseguida se corrió la voz por el campamento y todos decían:
- Pobre señora Dann, su hijo enloqueció y quiere casarse con una gallina… jajajaja, ¿yo esa boda no me la pierdo!
Y finalmente llegó el esperado día de la boda, el cura pensaba que no se presentaría, pero cuando ya estaban todos los del campamento reunidos, apareció kalo con la gallina.
Todos se echaron a reír y tuvo que intervenir el cura para hacer posible el silencio.
Empezó la ceremonia y cuando el cura le pregunta a kalo si quiere a esa gallina por esposa, este que le dice que sí, y la gallina se transforma en la bellísima muchacha que había conocido en la barraca.
Todos los del campamento se quedaron mudos de golpe. Entonces todos entendieron que era un Abella boda por amor.
Empezaron las fiestas de la boda que duraron una semana, de cantes, bailes, charlas, cuentos…

Desde entonces fueron felices para siempre.

CATOVIRA
Esta es una versión realizada del cuento La Gallina Negra, escrito por María Amaya.

Sabela^_^
13-08-2008 , 12:45
LA CIUDAD DE LOS POZOS
Esta ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta.
Esta ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes ...pero pozos al fin.
Los pozos se diferenciaban entre sí, no solo por el lugar en el que estaban
excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.
Un día llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido.
Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de cosas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más optaron por el arte y fueron llenándose de pinturas , pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.
Pasó el tiempo.
La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más.
Los pozos no eran todos iguales así que , si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior...
Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.
No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos
gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.
Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus
camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían
hinchándose de tal manera , pronto se confundirían los bordes y cada uno
perdería su identidad...
Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su
capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho.
Pronto se dio cuenta que todo lo que tenia dentro de él le imposibilitaba la
tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo
contenido...
Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego , cuando vio que no había otra
posibilidad, lo hizo.
Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...
Un día , sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: dentro, muy adentro , y muy en el fondo encontró agua!!!.
Nunca antes otro pozo había encontrado agua...
El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo,
humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua hacia fuera.
La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.
Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto , en tréboles, en flores, y en troquitos endebles que se volvieron árboles después...
La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a
llamar "El Vergel".
Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro. -Ningún milagro contestaba el Vergel- hay que buscar en el interior, hacia lo profundo...
Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse.
Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas...En la otra punta de la ciudad, otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío...
Y también empezó a profundizar...
Y también llegó al agua...
Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...
-¿Qué harás cuando se termine el agua?- le preguntaban. -No sé lo que
pasará- contestaba- Pero, por ahora, cuánto más agua saco , más agua hay.
Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.
Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma...Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.
Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente , como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto.
La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar...
Bucay

Sabela^_^
13-08-2008 , 12:53
EL PORTERO DEL PROSTIBULO
No había en el pueblo un oficio peor conceptuado y peor pago que el de
portero del prostíbulo. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre?
De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque sus padres había sido portero de ese prostíbulo y también antes, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo se pasaba de padres a hijos y la portería sepasaba de padres a hijos.
Un día, el viejo propietario murió y se hizo cargo del prostíbulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.
Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar una planilla semanal. Allí anotará usted la cantidad de parejas que entran día por día. A una de cada cinco, le preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará esa planilla con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero.....
Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no sé leer ni
escribir.
¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar hasta que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida,
también mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar.
Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le
vamos a dar una indemnización, esto es, una cantidad de dinero para que
tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte.
Y sin más, se dio vuelta y se fue.
El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que
podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a sí casa, por primera vez desocupado. ¿Qué hacer?
Recordó que a veces en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se
arruinaba una pata de un ropero, él, con un martillo y clavos se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo.
Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, sólo tenía unos clavos oxidados y una tenaza mellada.
Tenía que comprar una caja de herramientas completa.
Para eso usaría una parte del dinero recibido.
En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había una
ferretería, y que debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra.
¿Qué más da? Pensó, y emprendió la marcha.
A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa. Era su vecino.
Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.
Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como
me quedé sin empleo...
Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano.
Está bien.
A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería está a dos días de
mula.
Hagamos un trato - dijo el vecino- Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted está sin trabajar. ¿Qué le parece?.
Realmente, esto le daba un trabajo por cuatro días...
Aceptó. Volvió a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa.
Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
Sí...
Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, y una pequeña ganancia por cada herramienta. Usted sabe, no todos podemos disponer de cuatro días para nuestras compras.
El ex - portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
"...No todos disponemos de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara a traer herramientas.
En el siguiente viaje decidió que arriesgaría un poco del dinero de la
indemnización, trayendo más herramientas que las que había vendido. De
paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes.
La voz empezó a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.
Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes.
Pronto entendió que si pudiera encontrar un lugar donde almacenar las
herramientas, podría ahorrar más viajes y ganar más dinero. Alquiló un
galpón.
Luego le hizo una entrada más cómoda y algunas semanas después con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.
Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, de la
ferretería del pueblo vecino le enviaban sus pedidos. Él era un buen cliente.
Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más lejanos
preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha.
Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las
cabezas de los martillos.
Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego
fueron los clavos y los tornillos.....
Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. El empresario más poderoso de la región.
Tan poderoso era, que un año para la fecha de comienzo de las clases, decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría además de lectoescritura, las artes y loas oficios más prácticos de la época.
El intendente y el alcalde organizaron una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de agasajo para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y el intendente lo abrazó y le dijo:
Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.
El honor sería para mí - dijo el hombre -. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Yo soy analfabeto.
¿Usted? - dijo el intendente, que no alcanzaba a creerlo - ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir?
Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir?
Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera
sabido leer y escribir... sería portero del prostíbulo!.
Bucay

Sabela^_^
13-08-2008 , 12:59
EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO
Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era
desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-
. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y
vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo
miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano
izquierda.
Bucay

Sabela^_^
13-08-2008 , 13:26
EL BUSCADOR
Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador
Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que
encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es
simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había
aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención.
Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles,
pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de
descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y
empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban
distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue
comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años.
Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué
cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.
Bucay

Sabela^_^
13-08-2008 , 13:29
EL ELEFANTE ENCADENADO
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enrome bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por
el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se
escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca
parecida desde muy, muy pequeño. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
Bucay

Sabela^_^
13-08-2008 , 13:35
EL OSO
Esta historia habla de un sastre, un zar y su oso.
Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradecía al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue
hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.
Cuando, cayo el sol un guardiacárcel le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato de comida con la cuchara y mirando al guardiacárcel dijo –Pobre del zar.
- El guardiacárcel no puedo evitar reírse - ¿Pobre del zar?, dijo pobre de ti tu cabeza quedará separada de tu cuerpo unos cuantos metros mañana a la mañana.
- Si, lo sé pero mañana en la mañana el zar perderá mucho más que un
sastre, el zar perderá la posibilidad de que su oso la cosa que más quiere en el mundo su propio oso aprenda a hablar.
- ¿Tú sabes enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el guardiacárcel
sorprendido.
- Un viejo secreto familiar... – dijo el sastre.
Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento: ¡¡El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!!
El zar se sintió encantado. Mandó rápidamente a buscar al sastre y le ordenó:
-¡¡Enséñale a mi oso a hablar nuestro gustaría complaceros pero la verdad, es que enseñar a hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo...
-El zar hizo un silencio, y preguntó ¿cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?
- Bueno, depende de la inteligencia del oso... Dijo el sastre.
- ¡¡El oso es muy inteligente!! – interrumpió el zar
– De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
-Bueno, musitó el sastre... si el oso es inteligente... y siente deseos de
aprender... yo creo... que el aprendizaje duraría... duraría... no menos de......DOS AÑOS.
El zar pensó un momento y luego ordenó:
- Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre – Si tu mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estarán muerto, y mi familia, se las ingeniará para poder sobrevivir.
Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el tiempo a trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.
- Eso no es problema – dijo el zar – A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia estarán bajo la protección real. Serán vestidos, alimentados y educados con el dinero de la corte y nada que necesiten o deseen, les será negado...Pero, eso sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber pensado en esta propuesta... Rogarás haber sido muerto por el verdugo...¿Entiendes, verdad?.
- Sí, alteza.
- Bien... ¡¡Guardias!! - gritó el zar –Que lleven al sastre a su casa en el
carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños.
Ya... ¡¡Fuera!!.
El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.
- No olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la frente – Si en dos
años el oso no habla... – Alteza... -
...Cuando todos en la casa del sastre lloraban por la pérdida del padre de
familia, el hombre pequeño apareció en la casa en el carruaje del zar,
sonriente, eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado al cadalso volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...
Cuando estuvo a solas el hombre le contó los hechos.
- Estás LOCO – chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que siquiera has visto un oso de cerca, ¡Estás, loco!
Enseñar a hablar al oso... Loco, estás loco...
- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora... ahora tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas en dos años.
En dos años... – siguió el sastre - se puede morir el zar... me puedo morir
yo... y lo más importante... por ahí el ¡¡oso habla!!
Bucay

Sabela^_^
22-08-2008 , 20:40
El hombre, su caballo y su perro
Cuento de Egipto
Un hombre, su caballo y su perro caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta que él, su caballo y su perro habían muerto en un accidente. Es que a veces los muertos tardan un tiempo antes de darse cuenta de su nueva condición.
La caminata era muy larga, cerro arriba, el sol estaba fuerte y ellos estaban transpirados y con mucha sed. Necesitaban desesperadamente agua.
En una curva del camino divisaron un portón magnífico, todo de mármol que conducía a una plaza pavimentada con bloques de oro, en el centro de ella había una fuente de donde emanaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que en una garita custodiaba la entrada.
- Buen día, dice él.
- Buen día, respondió el hombre
- ¿Qué lugar es este tan lindo?, preguntó.
- Esto es el Cielo - fue la respuesta.
- ¡Qué bueno que llegamos al Cielo! Estamos con mucha sed - dijo el hombre.
- Puede entrar a beber agua cuando quiera - dijo el guardia, indicando la fuente.
- Mi caballo y mi perro también están sedientos.
- Lo lamento - dijo el guarda. Aquí no se permite la entrada de animales.
El hombre quedó desconcertado, pues su sed era grande. Pero él no estaba dispuesto a beber dejando a sus amigos con sed. Así que prosiguió su camino.

Después de mucho caminar cerro arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba señalada por una puerta vieja semi-abierta. La puerta conducía a un camino de tierra, con árboles a ambos lados haciendo sombra. A la sombra de uno de los árboles había un hombre acostado.
- Buen día - dijo el caminante.
- Buen día - dijo el hombre.
- Estamos con mucha sed yo, mi caballo y mi perro.
- Hay una fuente entre aquellas piedras - dijo el hombre. Pueden beber cuanto quieran.
El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed.
- Muchas gracias - dijo al salir.
- Vuelvan cuando quieran - dijo el hombre.
- A propósito - dijo el caminante, ¿cuál es el nombre de este lugar?
- El Cielo - respondió el hombre.
- ¿Cielo? Pero si el hombre de la garita de más abajo, al lado del portón de mármol, dijo que ese era el Cielo.
- Aquello no es el Cielo, eso es el Infierno.
- Pero entonces, dijo el caminante, esa información falsa debe causar grandes confusiones.
- De ninguna manera, respondió el hombre. En realidad, ellos nos hacen un gran favor porque allá quedan las personas que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.

Sabela^_^
22-08-2008 , 20:40
Mito de las dos luminarias (cuento Senegal)

Entre los mitos de Senegal, este es uno de mis preferidos.Este muestra que las dos luminarias, es decir, tanto el Sol como la Luna, estaban ya consideradas como superiores a los demás astros.
El mito cosmogónico pretende establecer las diferencias de ambos cuerpos astrales, y se propone explicar -de una manera muy simple, aunque cargada de connotaciones míticas y emblemáticas- las grandes diferencias entre la Luna y el Sol. El brillo, el calor y la luz que se desprenden del astro-rey impiden que seamos capaces de mirarlo fijamente. En cambio, a la Luna podemos contemplarla con insistencia sin que nuestros ojos sufran daño alguno.
Ello es así porque, en cierta ocasión, estaban bañándose desnudas las madres de ambas luminarias. Mientras el Sol mantuvo una actitud cargada de pudor, y no dirigió su mirada ni un instante hacia la desnudez de su progenitura, la Luna, en cambio, no tuvo reparos en observar la desnudez de su antecesora. Después de salir del baño, le fue dicho al Sol: "Hijo mío, siempre me has respetado y deseo que la única, y poderosa deidad, te bendiga por ello. Tus ojos se apartaron de mí mientras me bañaba desnuda y, por ello, quiero que desde ahora, ningún ser vivo pueda mirarte a ti sin que su vista quede dañada".
Y a la Luna le fue dicho: "Hija mía, tú no me has respetado mientras me bañaba. Me has mirado fijamente, como si fuera un objeto brillante y, por ello, yo quiero que, a partir de ahora, todos los seres te miren sin reparos.


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