eli
22-01-2008 , 15:57
IMAGINEMOS, EN ESTE CASO Q GIEZI, SIERVO DE ELISEO NOS HABLA Y NOS DA UN PEKEÑO CONSEJO:
Giezi: El Sirio quiso recompensar a Elíseo, y Elíseo rehusó. Pero yo, Giezi su siervo corrí luego tras Naamán y le pedí plata y ropas, cuando volví Elíseo me preguntó ¿donde has estado? Y respondí: tu siervo no ha ido a ninguna parte... Elíseo me dijo: ¿No estaba allí mi corazón cuando el hombre volvió de su carro a recibirte, es tiempo de tomar plata y tomar vestidos...?
Cada uno de nosotros tenemos una debilidad, una flaqueza en la que caemos y que nadie ve, pero necesitamos tener siempre presente, que Dios si la ve.
Mi consejo es que no vivas indiferente a esa flaqueza porque puede crecer y resultar mortal. Ponla en oración urgentemente delante de Dios.
Esa debilidad puede ser fortalecida si nos lo proponemos y si extirpamos las raíces que provocan su caída.
En mi caso me resistí a echarla de mí, y Dios descubrió el pecado de mi corazón, el mismo que me condujo a la muerte. Mi debilidad fue la codicia, ¿cuál es la tuya?
Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas. Haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. (Heb. 12:12 y 13)
Giezi: El Sirio quiso recompensar a Elíseo, y Elíseo rehusó. Pero yo, Giezi su siervo corrí luego tras Naamán y le pedí plata y ropas, cuando volví Elíseo me preguntó ¿donde has estado? Y respondí: tu siervo no ha ido a ninguna parte... Elíseo me dijo: ¿No estaba allí mi corazón cuando el hombre volvió de su carro a recibirte, es tiempo de tomar plata y tomar vestidos...?
Cada uno de nosotros tenemos una debilidad, una flaqueza en la que caemos y que nadie ve, pero necesitamos tener siempre presente, que Dios si la ve.
Mi consejo es que no vivas indiferente a esa flaqueza porque puede crecer y resultar mortal. Ponla en oración urgentemente delante de Dios.
Esa debilidad puede ser fortalecida si nos lo proponemos y si extirpamos las raíces que provocan su caída.
En mi caso me resistí a echarla de mí, y Dios descubrió el pecado de mi corazón, el mismo que me condujo a la muerte. Mi debilidad fue la codicia, ¿cuál es la tuya?
Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas. Haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. (Heb. 12:12 y 13)
