Invitado
08-08-2007 , 20:54
Observatorio Ciudadano de la Educación. Colaboraciones Libres
Volumen V, número 178. México, junio de 2005
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La prácticas pedagógicas en los normalistas: ¿cambio o continuidad?
Eligio Martínez Hernández
e-mail eligio_mtz@hotmail.com
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“Una formación docente inicial eficaz debería reunir al mismo tiempo dos características aparentemente contradictorias: debería ser resistente a la práctica y debería ser permeable a ella. Debería ser resistente en el sentido de no desvanecerse ante los imperativos de la vida cotidiana en las instituciones educativas, de romper con los circuitos reproductivos. Debería ser permeable en el sentido de dotar a los futuros docentes de esquemas conceptuales y prácticos en términos de los cuales la vida cotidiana en los jardines, escuelas y colegios, y su propio desempeño en ellos, se les haga inteligibles” (Terigi, F., 1995)
Si es usted maestro o maestra en servicio, seguramente recordarás los momentos gratos e ingratos de esa tarea llamada “prácticas pedagógicas”: la revisión de tus planeaciones, el uniforme, el trabajo con los niños y niñas, el apoyo o rechazo del maestro de grupo, el servicio social, el programa de clausura, los pequeños y grandes obsequios al finalizar el periodo de prácticas, etc. etc. Recuerdos que forman parte de la identidad docente.
¿Qué sentido tienen las prácticas pedagógicas actualmente? ¿A que acciones se le dan atención? ¿Qué tipo de apoyo se requiere del maestro de grupo? ¿Qué significa para el maestro de grupo tener practicante? ¿Qué papel juegan hoy los maestros de la escuela normal? …. Son muchas las preguntas que nos podemos hacer hoy… muchas las respuestas que podemos encontrar; a continuación, trataré de reflexionar sobre algunas de ellas, que sin tratar de ser generalizantes, bosquejan una realidad gratificante o retadora que el alumno normalista tiene que enfrentar.
La revisión… ¿Ya te firmó el maestro?
Hoy los alumnos normalista, inician el proceso de planeación, una vez que observaron las características de los niños del grupo y la forma en como trabaja el maestro o maestra, no con la intención de reproducir lo que el docente hace, sino mas bien con el fin de tomar en cuenta como van los niños y a partir de ahí hacer sus planeaciones, y desde luego recuperar también lo mejor de las prácticas imperantes…… me pregunto ¿esto es una realidad o solo parte de un discurso normalista?......
El alumno sigue una agotante prueba de resistencia física e intelectual: hay que planear, es decir diseñar las actividades, sus propósitos, los contenidos, los recursos, la evaluación…. Es decir se tiene del reto de concretar en un documento de planeación lo que hipotéticamente se cree que los niños pueden hacer, sustentado en lo que se ha aprendido en la teoría pedagógica de los diversos campos formativos (Lenguaje, matemáticas, ciencia naturales sociales, historia, geografía, etc. etc.?) ¿En que medida los alumnos elaboran su planeación a partir de esos sustentos? O ¿a partir de que lo hacen?.
Revisión en borrador, en limpio, en la escuela normal en la casa de los maestros, regularmente se escucha “¿Cómo te salieron los planes?”: a mi bien, me dijo que los pasara en limpio; “a mi me tacho muchas cocas, tengo que volver a hacerlas”; “Yo no se que quiere el maestro, nada le parece”… o “A ver quien se cansa primero….” Ante esto me pregunto ¿Cómo perciben y viven los alumnos normalistas este proceso? ¿Cómo es en otras profesiones la planeación de la práctica? ¿Vale la pena tanta o poca “exigencia”?; ¿Es nuestro papel como formadores exigir antes de la práctica o brindar procesualmente una mejor formación teórico-práctica?
Finalmente estas angustias o gratificaciones se resumen en ¿Ya te firmo el maestro?... El que los asesores de la escuela normal firmen los planes o proyectos…. Representa, sin duda alguna, un triunfo para el alumno normalista……
¿Cómo hacer el proceso de plantación, revisión y autorización de la práctica algo más humanizante, más colaborativo, más retador y menos angustiante en el alumno normalista?
Los materiales didácticos
Una idea añorada por los maestros normalistas, y sobre todo por el maestro de grupo es que el alumno normalista debe llevar bastante material didáctico para hacer una buena práctica, de lo contrario se suele percibir como falto de creatividad para ejercer la docencia ¿Cómo se concibe hoy esta tarea?.
Los normalistas pasamos, creo, por una etapa del laminismo: había que hacer láminas textuales o gráficas……..o en su defecto llevar los materiales necesarios para cada uno de los niños……
Hoy se sigue recuperando la idea de diseñar, conseguir o usar el material didáctico, si bien lo anterior no se descarta tampoco se recupera tal y como antes se hacia.
Actualmente la concepción de material didáctico se diversifica, se pasa del laminismo al uso del contexto natural y social como mediador didáctico: los alumnos tienen la tarea de usar, de potenciar los recursos didácticos que la escuela de practica posee (usar el retroproyector, la televisión , la videocassetera; usar los aros, el material deportivo o de papelería –no invertir tiempo en la elaboración de materiales que la escuela ya posee, o evitar un derrame económico innecesario en la compra de materiales).
Es decir hoy la tarea es mayor, se traduce en un reto de usar, conseguir en forma colaborativa con niños y padres de familia recursos didácticos de bajo costo; de diseñar recursos didácticos para la atención a contenidos específicos o de coleccionar recursos didácticos de material de reuso; de iniciar en el uso de la nuevas tecnologías de comunicación e información.
¿Qué pendientes tenemos en el asunto de los recursos didácticos?
Dos realidades distingas: Innovación más innovación igual a formación: innovación mas tradición igual a……..
Es muy frecuente escuchar en alumnos normalistas o en maestros en servicio, la siguiente frase “una cosa es la teoría y otra es la práctica”, sin pretender entrar en un análisis exhaustivo, diré que esta expresión tiene muchas connotaciones, entre otras: el reto de comprender cabalmente la teoría; la compleja tarea de aterrizar en la práctica las ideas teóricas –cuando no hay condiciones suficientes para hacerlo ; el encuentro de dos proyectos, uno que aspira la innovación y otro anclado en la tradición; como una manifestación de resistencia al cambio de prácticas sedimentadas que los años y la tradición escolar han instituido.
Pues bien, muy frecuentemente el alumno normalista, observa en las visitas previas a la práctica, que la forma de trabajo del maestro de grupo, tiene mucha relación con lo que él está leyendo en la escuela normal: los niños son escuchados por el maestro, hay un ambiente de confianza, los niños leen con gusto, el maestro propicia momentos de lectura y escritura, se trabaja en equipo, se busca información en diversas fuentes, los niños saben escuchar, los padres de familia colaboran en actividades académicas de sus hijos etc. etc.
O por el contrario, el alumno normalista observa una gran distancia entre lo que lee en la escuela normal y lo que sucede en la práctica…. Desde luego en ningún momento me pronuncio por criticar la práctica del maestro de grupo, sino más bien, creo que tenemos el reto de comprender por que la práctica es así, aun con los espacios de actualización existentes, y las condiciones en las que se desarrolla.
Sin la intención de excluir, hoy los programas de formación docente inicial, ponen énfasis en buscar los mejores lugares de práctica, buscar al maestro y a la escuela que son elementos importantes en el proceso de formación: un buen maestro forma a otro maestro. De esta forma el alumno normalista tiene la oportunidad de llevar a cabo las propuestas innovadoras diseñadas, ya que el grupo y escuela de práctica facilitan esta tarea; los AN continúan con los procesos formativos en los niños, ya iniciados por el maestro con nuevas estrategias.
Lo anterior, hipotéticamente, consolida el gusto por la enseñanza en el futuro docente, permite que los AN identifiquen lo valioso que es trabajar con los niños desarrollando sus diversas potencialidades (inteligencias múltiples) como seres humanos. Considero que en suma la formula construida es: innovación más innovación es igual a mejor formación; o por el contrario innovación mas tradición es igual a conflicto o decepción.
La percepción del maestro de grupo
¿Cómo ven los maestros de grupo a los alumnos practicantes?..... “¡uy! ya vienen los criticantes”, “Yo no quiero practicante, solo nos vienen a atrasar el trabajo con los niños”, “Yo le permito que practique, no que me observe”, “Aprovecharé para pedir un permiso económico”, “la escuela normal no nos apoya cuando lo requerimos, no….”, “yo recibo a los practicantes, ya también fui practicante”…. Etc. Etc. cada expresión se traduce en un objeto de estudio, en donde se encontraran significados múltiples, que explican la apertura o negativa del maestro en servicio en la recepción del alumno practicante.
Creo que este punto tiene mucha relación con las reflexiones del apartado anterior, un maestro se atreve a compartir sus espacios y sujetos de práctica, cuando tiene apertura a nuevos aprendizajes, cuando su identidad docente tiene un reencuentro con su trayectoria.
Los programas de formación actuales, consideran al maestro de grupo como un sujeto portador de saberes, que pueden ayudar al principiante a formarse, saberes que se transmiten en forma directa o indirecta: cuando el alumno observa al maestro al trabajar con los niños, al realizar otras tareas inherentes al trabajo docente, cuando recibe los comentarios y sugerencias, al compartir con él, ese pequeño mundo que constantemente se reconstruye.
Es por ello que hoy el tener un practicante en las aulas nos hace participes de su formación, poco ayuda la ausencia del maestro en forma permanente o en forma constante; o que el maestro de grupo o directivo desvíen las tareas planeadas por los alumnos practicantes o sumen tareas administrativas extenuantes alejadas de los propósitos de la práctica y formación. Bien dicen los etnógrafos “se tiene el reto de no convertirse en nativos”, pero también en tener una participación plena y comprometida, y ubicarse así en “a la tierra que fueres has lo que vieres”
Los alumnos normalistas, tienen el reto de aprender en esos espacios abiertos o cerrados a la recepción del practicante, a trabajar con el apoyo o sin el apoyo del maestro o colectivo docente; tiene el reto de compartir los propósitos y características de su intervención; tienen el reto de formarse aun en condiciones adversas, de aprender lo mejor de la practica real y concreta, de no dar continuidad a muchas tradiciones escolares que se han asimilado en su trayectoria como estudiante.
¿Cómo avanzar en la mejor recepción y percepción de los alumnos practicantes en la escuelas de práctica?
Los niños del grupo
Sin pretender ser una idea generalizante, diré que a los niños les gusta tener practicantes en su grupo, ellos suelen decir: “a mi me gusta trabajar con el practicante porque nos pone a jugar o nos enseña cantitos”, “el practicante no nos regaña”, “con él trabajamos de manera divertida”. Aunque también hay casos en donde los niños reclaman trabajar mejor con su maestro titular. ¿Qué significado encierra esta petición?
Los niños del grupo, miden al alumno normalista, saben que el no es el maestro de verdad, que sólo es “el practicante”, que él no tiene o no ejerce la autoridad y el poder que tiene su maestro titular, por tal motivo creo que muchos pequeños se sienten con mayor libertad de hacer y decir en la clase, creo que los practicantes son una válvula de escape a su potencial.
Sin embargo, si la suma de varios factores concurren, pasan los días, y finalmente observaremos que los pequeños trabajan alegremente con el A.N., alumno que posee – la mayor de las veces- la frescura de sus 18 o 20 años de edad, y el reto de formarse como un gran maestro. Aunque creo que hay un número reducido de normalistas que no logran dejar ver esa chispa del practicante ¿Falta de habilidades para la docencia o reflejo de la crisis social?
Hace algún tiempo un familiar que también es maestro, me decía que en el estado donde él trabaja le tocó tener practicante, cuando el A.N. inició su periodo de practica: “le dije al muchacho, ten cuidado con Luis, Tomás y Arturo ellos no quieren trabajar y son una bomba…”, “si hay necesidad de castigarlos, adelante”, pero cual fue mi sorpresa, el jueves que entre al salón, tenia a todos trabajando, incluso a los más latosos… ¿Cómo le hizo, quien sabe…” ¿Tacto pedagógico, nuevas dinámicas de trabajo?
¡Llegaron los maestros de la normal!
¿Cómo y para qué realizamos los maestros de la normal la supervisión de prácticas? ¿Buscamos la congruencia entre la prescripción y la práctica?, ¿Con nuestra visita calificamos al alumno normalista? ¿Cómo nos perciben los alumnos normalistas?....
Creo que existen diversos estilos de supervisión: la supervisión taxi, la perversa, la congratulante, la académica, la reflexiva, la del investigador… etc. etc.,
Hoy las escuelas normales suelen atender otras licenciaturas, se incrementan grupos, se disminuye o se mantiene el personal, tenemos la tarea de supervisar varias escuelas, algunas muy distantes unas de otras, los alumnos reclaman: el que no se les haya visitado, otros más el que no se les haya dado por escrito las observaciones y sugerencias, el que se les haya interrumpido,…
Lo anterior, aunado a trayectorias profesionales, condiciones de trabajo, cultura escolar, exigencias institucionales y estilos docentes, propician tener una diversidad de estilos de supervisión: “tenemos que reportar las hojas de viáticos y solicitar para ello la firma y el sello del director(a)” platicar con los maestros brevemente, observar brevemente a los alumnos y continuar con otra escuela; entrar a los grupos y observar la distancia que hay entre lo que el alumno planeo y lo que logra desarrollar con los niños; en otras ocasiones regalar nuestros mejores halagos a los esfuerzos y resultados del alumno practicante; recoger testimonios de la intervención del AN, compartir nuestras opiniones verbales o por escrito con los futuros maestros, recoger las apreciaciones y comparaciones de los maestros de grupo, escuchar las opiniones y demandas de los directivos……
Creo que los rasgos antes expuestos se conjugan y hacen de la tarea del supervisor algo importante en los procesos de formación... Los formadores de docentes tenemos el reto de hacer de esta actividad una oportunidad de aprendizaje, de observar a nuestros alumnos y ver que lo que ellos hacen, en parte, es reflejo de nuestro trabajo en la escuela normal.
Esta tarea de supervisión, nos permite tener un reencuentro con exnormalistas, que en su gran mayoría recuerdan con añoranza su paso por la normal, hacen comparaciones de lo que les tocó vivir y de lo que hoy observan, suelen decir “Yo creo que a nosotros nos exigían más”, “hoy muchas cosas son diferentes”, “Me parece que los alumnos vienen mas preparados”. “Por qué ahora los alumnos no realizan labor social?“, “antes traíamos más material didáctico”…
¿Puede traducirse la supervisión de la práctica pedagógica una mirada analítica y constructiva de nuestras prácticas?
Los diarios de práctica
Hoy el ámbito de intervención en los normalistas se enfoca a preparar, desarrollar y evaluar los procesos de enseñanza-aprendizaje, al desarrollo de sus competencias didácticas. Su labor social esta centrada en el desarrollo de acciones para que los niños aprendan mejor, con la concurrencia de los diversos agentes educativos.
La anterior concepción de labor social del alumno normalista en la escuela de practica (arreglar jardines, pintar algún mural, pintar la escuela) ha sido sustituida por acciones educativas que fortalezcan los aprendizajes de los niños. ¿Cuáles son y como hemos avanzado en ellas? ¿Solo hemos abandonado un tipo de acciones para no abrazar ninguna otra en forma sólida?
Así los alumnos normalistas tienen el reto de elaborar su diario de prácticas, un instrumento de reflexión, de recolección de información y evidencias del trabajo educativo, este escrito, idealmente, se inicia durante y al final la jornada de intervención, para que más tarde en sus domicilios se pueda elaborar el diario ampliado. Queda el reto de que los profesores normalistas potenciemos el uso del diario para las diversas asignaturas, y no sea solo una exigencia administrativa del periodo de prácticas. “El diario lo pide el maestro de observación, los demás maestros a veces, solo nos piden un informe de investigación”, es una expresión recurrente en algunos normalistas ¿Qué significados y retos implica esta expresión?
El diario de campo, es el instrumento de control de información, surgido de la observación, de la entrevista, de los testimonios que dan cuenta de los procesos educativos y escolares de la escuela de práctica. Los indicadores de observación o indagación de los cursos, pretendidamente, guiarán su elaboración. ¿Cómo hacer del diario una herramienta útil en los procesos de formación docente? ¿Cómo evitar que solo sea una tarea agotadora en los procesos de las prácticas pedagógicas?
Los análisis y las sistematizaciones
Los periodos de práctica han terminado uff¡! Ahora vienen los periodos de análisis y no de terminación del semestre o de entrega de informes, como lo hacíamos hace algunos ayeres. Todas las etapas implicadas en los procesos de práctica son importantes: la plantación, la intervención, la recolección de información, el análisis, la sistematización y la difusión.
¿Cómo se están formando los normalistas? ¿Cómo han desarrollado sus competencias didácticas? ¿Qué falta por hacer por aprender? En los procesos de análisis los AN ponen a prueba sus marcos teóricos, lo que han leído… para evitar así, reducir el análisis a procesos de autocomplacencia, en donde todo salio bien, en donde la mirada sea muy general y no atrape las singularidades; o que se reduzca a contestar en 2 o 3 renglones los indicadores de análisis, o en el peor de los casos, a solo pedir se entreguen por escrito las respuestas de la preguntas de análisis que “sugiere” el programa.
Estos procesos de análisis, abonan al desarrollo de habilidades para que el futuro docente aprenda a compartir saberes, aprenda a escuchar al otro, aprenda de las experiencias de sus compañeros; y así transitar de un trabajo docente en solitario a un trabajo más colaborativo.
¿Cómo inician los programas actuales los procesos de análisis? ¿Qué procesos desarrollar en forma paulatina? ¿Cómo hacer del proceso de análisis un trabajo de todos y no solo de la materia de prácticas?
Finalmente todos los ejercicios escritos y la reflexiones grupales, con apoyo de referentes claros, se llegará a la sistematización de las experiencias… una sistematización que generalmente ha sido más demanda en los alumnos normalistas, pero a veces obviando los indicadores y procesos de análisis, una sistematización que en cada asignatura tiene sus particularidades…
El proceso de sistematización, da la oportunidad de desarrollar procesos de escritura, que no se hacen de un solo golpe, sino más bien son procesuales, y que nos permiten valorar cómo los alumnos aprenden, como la palabra escrita puede ser carente o llena de significados, que además de conocimientos, manifiesta afectos, y que puede dar pauta a que, lo que los alumnos escriben sea conocido por otros alumnos, profesores en servicio a sociedad en general.
Una vez elaborados los escritos, ¿Qué proceso educativos vivenciamos?, ¿o esta ultima fase se traduce en una revisión en solitario realizada por el formador de docentes? Creo que estos productos de aprendizaje son una buena oportunidad para la socialización y el intercambio institucional, entre las diversas licenciaturas, son también materiales que pueden difundirse a través de otros medios ¿Se imagina usted en breve, que en la página Web de la escuela normal los escritos de alumnos y maestros puedan ponerse a disposición de otros normalistas, de formadores de docentes e interesados en materia educativa? Nuestros alumnos escriben y escriben bien…
Bien ya para finalizar, diré que actualmente los tiempos de práctica pedagógica se van incrementando de: 1, 2,3, 5 o 10 días, de tal forma que en los dos últimos semestres los tiempos se incrementan considerablemente, de 24 a 30 semanas de práctica ¿Qué experiencias hemos obtenido alumnos normalistas, niños y niñas, tutores de grupo, padres de familia, maestros normalistas y demás actores involucrados en este proceso?. Este será motivo de un nuevo espacio de escritura.
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* Docente de la escuela Normal de las Huastecas
Volumen V, número 178. México, junio de 2005
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La prácticas pedagógicas en los normalistas: ¿cambio o continuidad?
Eligio Martínez Hernández
e-mail eligio_mtz@hotmail.com
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“Una formación docente inicial eficaz debería reunir al mismo tiempo dos características aparentemente contradictorias: debería ser resistente a la práctica y debería ser permeable a ella. Debería ser resistente en el sentido de no desvanecerse ante los imperativos de la vida cotidiana en las instituciones educativas, de romper con los circuitos reproductivos. Debería ser permeable en el sentido de dotar a los futuros docentes de esquemas conceptuales y prácticos en términos de los cuales la vida cotidiana en los jardines, escuelas y colegios, y su propio desempeño en ellos, se les haga inteligibles” (Terigi, F., 1995)
Si es usted maestro o maestra en servicio, seguramente recordarás los momentos gratos e ingratos de esa tarea llamada “prácticas pedagógicas”: la revisión de tus planeaciones, el uniforme, el trabajo con los niños y niñas, el apoyo o rechazo del maestro de grupo, el servicio social, el programa de clausura, los pequeños y grandes obsequios al finalizar el periodo de prácticas, etc. etc. Recuerdos que forman parte de la identidad docente.
¿Qué sentido tienen las prácticas pedagógicas actualmente? ¿A que acciones se le dan atención? ¿Qué tipo de apoyo se requiere del maestro de grupo? ¿Qué significa para el maestro de grupo tener practicante? ¿Qué papel juegan hoy los maestros de la escuela normal? …. Son muchas las preguntas que nos podemos hacer hoy… muchas las respuestas que podemos encontrar; a continuación, trataré de reflexionar sobre algunas de ellas, que sin tratar de ser generalizantes, bosquejan una realidad gratificante o retadora que el alumno normalista tiene que enfrentar.
La revisión… ¿Ya te firmó el maestro?
Hoy los alumnos normalista, inician el proceso de planeación, una vez que observaron las características de los niños del grupo y la forma en como trabaja el maestro o maestra, no con la intención de reproducir lo que el docente hace, sino mas bien con el fin de tomar en cuenta como van los niños y a partir de ahí hacer sus planeaciones, y desde luego recuperar también lo mejor de las prácticas imperantes…… me pregunto ¿esto es una realidad o solo parte de un discurso normalista?......
El alumno sigue una agotante prueba de resistencia física e intelectual: hay que planear, es decir diseñar las actividades, sus propósitos, los contenidos, los recursos, la evaluación…. Es decir se tiene del reto de concretar en un documento de planeación lo que hipotéticamente se cree que los niños pueden hacer, sustentado en lo que se ha aprendido en la teoría pedagógica de los diversos campos formativos (Lenguaje, matemáticas, ciencia naturales sociales, historia, geografía, etc. etc.?) ¿En que medida los alumnos elaboran su planeación a partir de esos sustentos? O ¿a partir de que lo hacen?.
Revisión en borrador, en limpio, en la escuela normal en la casa de los maestros, regularmente se escucha “¿Cómo te salieron los planes?”: a mi bien, me dijo que los pasara en limpio; “a mi me tacho muchas cocas, tengo que volver a hacerlas”; “Yo no se que quiere el maestro, nada le parece”… o “A ver quien se cansa primero….” Ante esto me pregunto ¿Cómo perciben y viven los alumnos normalistas este proceso? ¿Cómo es en otras profesiones la planeación de la práctica? ¿Vale la pena tanta o poca “exigencia”?; ¿Es nuestro papel como formadores exigir antes de la práctica o brindar procesualmente una mejor formación teórico-práctica?
Finalmente estas angustias o gratificaciones se resumen en ¿Ya te firmo el maestro?... El que los asesores de la escuela normal firmen los planes o proyectos…. Representa, sin duda alguna, un triunfo para el alumno normalista……
¿Cómo hacer el proceso de plantación, revisión y autorización de la práctica algo más humanizante, más colaborativo, más retador y menos angustiante en el alumno normalista?
Los materiales didácticos
Una idea añorada por los maestros normalistas, y sobre todo por el maestro de grupo es que el alumno normalista debe llevar bastante material didáctico para hacer una buena práctica, de lo contrario se suele percibir como falto de creatividad para ejercer la docencia ¿Cómo se concibe hoy esta tarea?.
Los normalistas pasamos, creo, por una etapa del laminismo: había que hacer láminas textuales o gráficas……..o en su defecto llevar los materiales necesarios para cada uno de los niños……
Hoy se sigue recuperando la idea de diseñar, conseguir o usar el material didáctico, si bien lo anterior no se descarta tampoco se recupera tal y como antes se hacia.
Actualmente la concepción de material didáctico se diversifica, se pasa del laminismo al uso del contexto natural y social como mediador didáctico: los alumnos tienen la tarea de usar, de potenciar los recursos didácticos que la escuela de practica posee (usar el retroproyector, la televisión , la videocassetera; usar los aros, el material deportivo o de papelería –no invertir tiempo en la elaboración de materiales que la escuela ya posee, o evitar un derrame económico innecesario en la compra de materiales).
Es decir hoy la tarea es mayor, se traduce en un reto de usar, conseguir en forma colaborativa con niños y padres de familia recursos didácticos de bajo costo; de diseñar recursos didácticos para la atención a contenidos específicos o de coleccionar recursos didácticos de material de reuso; de iniciar en el uso de la nuevas tecnologías de comunicación e información.
¿Qué pendientes tenemos en el asunto de los recursos didácticos?
Dos realidades distingas: Innovación más innovación igual a formación: innovación mas tradición igual a……..
Es muy frecuente escuchar en alumnos normalistas o en maestros en servicio, la siguiente frase “una cosa es la teoría y otra es la práctica”, sin pretender entrar en un análisis exhaustivo, diré que esta expresión tiene muchas connotaciones, entre otras: el reto de comprender cabalmente la teoría; la compleja tarea de aterrizar en la práctica las ideas teóricas –cuando no hay condiciones suficientes para hacerlo ; el encuentro de dos proyectos, uno que aspira la innovación y otro anclado en la tradición; como una manifestación de resistencia al cambio de prácticas sedimentadas que los años y la tradición escolar han instituido.
Pues bien, muy frecuentemente el alumno normalista, observa en las visitas previas a la práctica, que la forma de trabajo del maestro de grupo, tiene mucha relación con lo que él está leyendo en la escuela normal: los niños son escuchados por el maestro, hay un ambiente de confianza, los niños leen con gusto, el maestro propicia momentos de lectura y escritura, se trabaja en equipo, se busca información en diversas fuentes, los niños saben escuchar, los padres de familia colaboran en actividades académicas de sus hijos etc. etc.
O por el contrario, el alumno normalista observa una gran distancia entre lo que lee en la escuela normal y lo que sucede en la práctica…. Desde luego en ningún momento me pronuncio por criticar la práctica del maestro de grupo, sino más bien, creo que tenemos el reto de comprender por que la práctica es así, aun con los espacios de actualización existentes, y las condiciones en las que se desarrolla.
Sin la intención de excluir, hoy los programas de formación docente inicial, ponen énfasis en buscar los mejores lugares de práctica, buscar al maestro y a la escuela que son elementos importantes en el proceso de formación: un buen maestro forma a otro maestro. De esta forma el alumno normalista tiene la oportunidad de llevar a cabo las propuestas innovadoras diseñadas, ya que el grupo y escuela de práctica facilitan esta tarea; los AN continúan con los procesos formativos en los niños, ya iniciados por el maestro con nuevas estrategias.
Lo anterior, hipotéticamente, consolida el gusto por la enseñanza en el futuro docente, permite que los AN identifiquen lo valioso que es trabajar con los niños desarrollando sus diversas potencialidades (inteligencias múltiples) como seres humanos. Considero que en suma la formula construida es: innovación más innovación es igual a mejor formación; o por el contrario innovación mas tradición es igual a conflicto o decepción.
La percepción del maestro de grupo
¿Cómo ven los maestros de grupo a los alumnos practicantes?..... “¡uy! ya vienen los criticantes”, “Yo no quiero practicante, solo nos vienen a atrasar el trabajo con los niños”, “Yo le permito que practique, no que me observe”, “Aprovecharé para pedir un permiso económico”, “la escuela normal no nos apoya cuando lo requerimos, no….”, “yo recibo a los practicantes, ya también fui practicante”…. Etc. Etc. cada expresión se traduce en un objeto de estudio, en donde se encontraran significados múltiples, que explican la apertura o negativa del maestro en servicio en la recepción del alumno practicante.
Creo que este punto tiene mucha relación con las reflexiones del apartado anterior, un maestro se atreve a compartir sus espacios y sujetos de práctica, cuando tiene apertura a nuevos aprendizajes, cuando su identidad docente tiene un reencuentro con su trayectoria.
Los programas de formación actuales, consideran al maestro de grupo como un sujeto portador de saberes, que pueden ayudar al principiante a formarse, saberes que se transmiten en forma directa o indirecta: cuando el alumno observa al maestro al trabajar con los niños, al realizar otras tareas inherentes al trabajo docente, cuando recibe los comentarios y sugerencias, al compartir con él, ese pequeño mundo que constantemente se reconstruye.
Es por ello que hoy el tener un practicante en las aulas nos hace participes de su formación, poco ayuda la ausencia del maestro en forma permanente o en forma constante; o que el maestro de grupo o directivo desvíen las tareas planeadas por los alumnos practicantes o sumen tareas administrativas extenuantes alejadas de los propósitos de la práctica y formación. Bien dicen los etnógrafos “se tiene el reto de no convertirse en nativos”, pero también en tener una participación plena y comprometida, y ubicarse así en “a la tierra que fueres has lo que vieres”
Los alumnos normalistas, tienen el reto de aprender en esos espacios abiertos o cerrados a la recepción del practicante, a trabajar con el apoyo o sin el apoyo del maestro o colectivo docente; tiene el reto de compartir los propósitos y características de su intervención; tienen el reto de formarse aun en condiciones adversas, de aprender lo mejor de la practica real y concreta, de no dar continuidad a muchas tradiciones escolares que se han asimilado en su trayectoria como estudiante.
¿Cómo avanzar en la mejor recepción y percepción de los alumnos practicantes en la escuelas de práctica?
Los niños del grupo
Sin pretender ser una idea generalizante, diré que a los niños les gusta tener practicantes en su grupo, ellos suelen decir: “a mi me gusta trabajar con el practicante porque nos pone a jugar o nos enseña cantitos”, “el practicante no nos regaña”, “con él trabajamos de manera divertida”. Aunque también hay casos en donde los niños reclaman trabajar mejor con su maestro titular. ¿Qué significado encierra esta petición?
Los niños del grupo, miden al alumno normalista, saben que el no es el maestro de verdad, que sólo es “el practicante”, que él no tiene o no ejerce la autoridad y el poder que tiene su maestro titular, por tal motivo creo que muchos pequeños se sienten con mayor libertad de hacer y decir en la clase, creo que los practicantes son una válvula de escape a su potencial.
Sin embargo, si la suma de varios factores concurren, pasan los días, y finalmente observaremos que los pequeños trabajan alegremente con el A.N., alumno que posee – la mayor de las veces- la frescura de sus 18 o 20 años de edad, y el reto de formarse como un gran maestro. Aunque creo que hay un número reducido de normalistas que no logran dejar ver esa chispa del practicante ¿Falta de habilidades para la docencia o reflejo de la crisis social?
Hace algún tiempo un familiar que también es maestro, me decía que en el estado donde él trabaja le tocó tener practicante, cuando el A.N. inició su periodo de practica: “le dije al muchacho, ten cuidado con Luis, Tomás y Arturo ellos no quieren trabajar y son una bomba…”, “si hay necesidad de castigarlos, adelante”, pero cual fue mi sorpresa, el jueves que entre al salón, tenia a todos trabajando, incluso a los más latosos… ¿Cómo le hizo, quien sabe…” ¿Tacto pedagógico, nuevas dinámicas de trabajo?
¡Llegaron los maestros de la normal!
¿Cómo y para qué realizamos los maestros de la normal la supervisión de prácticas? ¿Buscamos la congruencia entre la prescripción y la práctica?, ¿Con nuestra visita calificamos al alumno normalista? ¿Cómo nos perciben los alumnos normalistas?....
Creo que existen diversos estilos de supervisión: la supervisión taxi, la perversa, la congratulante, la académica, la reflexiva, la del investigador… etc. etc.,
Hoy las escuelas normales suelen atender otras licenciaturas, se incrementan grupos, se disminuye o se mantiene el personal, tenemos la tarea de supervisar varias escuelas, algunas muy distantes unas de otras, los alumnos reclaman: el que no se les haya visitado, otros más el que no se les haya dado por escrito las observaciones y sugerencias, el que se les haya interrumpido,…
Lo anterior, aunado a trayectorias profesionales, condiciones de trabajo, cultura escolar, exigencias institucionales y estilos docentes, propician tener una diversidad de estilos de supervisión: “tenemos que reportar las hojas de viáticos y solicitar para ello la firma y el sello del director(a)” platicar con los maestros brevemente, observar brevemente a los alumnos y continuar con otra escuela; entrar a los grupos y observar la distancia que hay entre lo que el alumno planeo y lo que logra desarrollar con los niños; en otras ocasiones regalar nuestros mejores halagos a los esfuerzos y resultados del alumno practicante; recoger testimonios de la intervención del AN, compartir nuestras opiniones verbales o por escrito con los futuros maestros, recoger las apreciaciones y comparaciones de los maestros de grupo, escuchar las opiniones y demandas de los directivos……
Creo que los rasgos antes expuestos se conjugan y hacen de la tarea del supervisor algo importante en los procesos de formación... Los formadores de docentes tenemos el reto de hacer de esta actividad una oportunidad de aprendizaje, de observar a nuestros alumnos y ver que lo que ellos hacen, en parte, es reflejo de nuestro trabajo en la escuela normal.
Esta tarea de supervisión, nos permite tener un reencuentro con exnormalistas, que en su gran mayoría recuerdan con añoranza su paso por la normal, hacen comparaciones de lo que les tocó vivir y de lo que hoy observan, suelen decir “Yo creo que a nosotros nos exigían más”, “hoy muchas cosas son diferentes”, “Me parece que los alumnos vienen mas preparados”. “Por qué ahora los alumnos no realizan labor social?“, “antes traíamos más material didáctico”…
¿Puede traducirse la supervisión de la práctica pedagógica una mirada analítica y constructiva de nuestras prácticas?
Los diarios de práctica
Hoy el ámbito de intervención en los normalistas se enfoca a preparar, desarrollar y evaluar los procesos de enseñanza-aprendizaje, al desarrollo de sus competencias didácticas. Su labor social esta centrada en el desarrollo de acciones para que los niños aprendan mejor, con la concurrencia de los diversos agentes educativos.
La anterior concepción de labor social del alumno normalista en la escuela de practica (arreglar jardines, pintar algún mural, pintar la escuela) ha sido sustituida por acciones educativas que fortalezcan los aprendizajes de los niños. ¿Cuáles son y como hemos avanzado en ellas? ¿Solo hemos abandonado un tipo de acciones para no abrazar ninguna otra en forma sólida?
Así los alumnos normalistas tienen el reto de elaborar su diario de prácticas, un instrumento de reflexión, de recolección de información y evidencias del trabajo educativo, este escrito, idealmente, se inicia durante y al final la jornada de intervención, para que más tarde en sus domicilios se pueda elaborar el diario ampliado. Queda el reto de que los profesores normalistas potenciemos el uso del diario para las diversas asignaturas, y no sea solo una exigencia administrativa del periodo de prácticas. “El diario lo pide el maestro de observación, los demás maestros a veces, solo nos piden un informe de investigación”, es una expresión recurrente en algunos normalistas ¿Qué significados y retos implica esta expresión?
El diario de campo, es el instrumento de control de información, surgido de la observación, de la entrevista, de los testimonios que dan cuenta de los procesos educativos y escolares de la escuela de práctica. Los indicadores de observación o indagación de los cursos, pretendidamente, guiarán su elaboración. ¿Cómo hacer del diario una herramienta útil en los procesos de formación docente? ¿Cómo evitar que solo sea una tarea agotadora en los procesos de las prácticas pedagógicas?
Los análisis y las sistematizaciones
Los periodos de práctica han terminado uff¡! Ahora vienen los periodos de análisis y no de terminación del semestre o de entrega de informes, como lo hacíamos hace algunos ayeres. Todas las etapas implicadas en los procesos de práctica son importantes: la plantación, la intervención, la recolección de información, el análisis, la sistematización y la difusión.
¿Cómo se están formando los normalistas? ¿Cómo han desarrollado sus competencias didácticas? ¿Qué falta por hacer por aprender? En los procesos de análisis los AN ponen a prueba sus marcos teóricos, lo que han leído… para evitar así, reducir el análisis a procesos de autocomplacencia, en donde todo salio bien, en donde la mirada sea muy general y no atrape las singularidades; o que se reduzca a contestar en 2 o 3 renglones los indicadores de análisis, o en el peor de los casos, a solo pedir se entreguen por escrito las respuestas de la preguntas de análisis que “sugiere” el programa.
Estos procesos de análisis, abonan al desarrollo de habilidades para que el futuro docente aprenda a compartir saberes, aprenda a escuchar al otro, aprenda de las experiencias de sus compañeros; y así transitar de un trabajo docente en solitario a un trabajo más colaborativo.
¿Cómo inician los programas actuales los procesos de análisis? ¿Qué procesos desarrollar en forma paulatina? ¿Cómo hacer del proceso de análisis un trabajo de todos y no solo de la materia de prácticas?
Finalmente todos los ejercicios escritos y la reflexiones grupales, con apoyo de referentes claros, se llegará a la sistematización de las experiencias… una sistematización que generalmente ha sido más demanda en los alumnos normalistas, pero a veces obviando los indicadores y procesos de análisis, una sistematización que en cada asignatura tiene sus particularidades…
El proceso de sistematización, da la oportunidad de desarrollar procesos de escritura, que no se hacen de un solo golpe, sino más bien son procesuales, y que nos permiten valorar cómo los alumnos aprenden, como la palabra escrita puede ser carente o llena de significados, que además de conocimientos, manifiesta afectos, y que puede dar pauta a que, lo que los alumnos escriben sea conocido por otros alumnos, profesores en servicio a sociedad en general.
Una vez elaborados los escritos, ¿Qué proceso educativos vivenciamos?, ¿o esta ultima fase se traduce en una revisión en solitario realizada por el formador de docentes? Creo que estos productos de aprendizaje son una buena oportunidad para la socialización y el intercambio institucional, entre las diversas licenciaturas, son también materiales que pueden difundirse a través de otros medios ¿Se imagina usted en breve, que en la página Web de la escuela normal los escritos de alumnos y maestros puedan ponerse a disposición de otros normalistas, de formadores de docentes e interesados en materia educativa? Nuestros alumnos escriben y escriben bien…
Bien ya para finalizar, diré que actualmente los tiempos de práctica pedagógica se van incrementando de: 1, 2,3, 5 o 10 días, de tal forma que en los dos últimos semestres los tiempos se incrementan considerablemente, de 24 a 30 semanas de práctica ¿Qué experiencias hemos obtenido alumnos normalistas, niños y niñas, tutores de grupo, padres de familia, maestros normalistas y demás actores involucrados en este proceso?. Este será motivo de un nuevo espacio de escritura.
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* Docente de la escuela Normal de las Huastecas