Cinta
12-01-2008 , 11:22
Hace unos días, surgió un pequeño problema en el equipo de mi hijo. El Director Deportivo avisó a los padres que necesitaba hablar con nosotros después del entrenamiento. “Una noticia buena y otra mala”, nos dijo, “la buena es que Adrián tiene un contrato de trabajo, y la mala es que el horario le coincide, en parte, con la hora de los entrenamientos”.
Adrián es el entrenador del equipo de mi hijo, y tengo que confesar que al inicio de temporada no estaba muy segura de que me gustase su forma de “llevar” a los niños. El entrenador del año pasado, Federico Patanchón, era todo tranquilidad, no se enfadaba casi nunca y siempre tenía una sonrisa en la cara. No pasa igual con Adri, como le llaman los niños, él les grita hasta quedarse afónico en los partidos, se recorre la banda arriba y abajo mil veces,
le discute al árbitro cualquier decisión en la que no está de acuerdo, en fin que gasta más energía en un partido que yo en toda la semana.
La solución al problema que generaba el nuevo trabajo de Adrián pasa por adelantar la hora de entrenamiento. Todos los padres estuvimos de acuerdo. Ahora, desde aquí, quiero dar las gracias a Adri por su interés por nuestros hijos, ya hace tiempo que me acostumbré a su modo de entrenar a los niños, entre otros motivos porque he visto los resultados, como los críos lo quieren y aceptan de buen grado sus gritos desde la banda.
Me alegra saber que, al menos hasta final de temporada, oiremos a Adrián, con sus largos brazos de portero abiertos en cruz, gritar desde la banda: “¡¡¡ Manue Jezu!!!”.
Gracias, Adri.
Adrián es el entrenador del equipo de mi hijo, y tengo que confesar que al inicio de temporada no estaba muy segura de que me gustase su forma de “llevar” a los niños. El entrenador del año pasado, Federico Patanchón, era todo tranquilidad, no se enfadaba casi nunca y siempre tenía una sonrisa en la cara. No pasa igual con Adri, como le llaman los niños, él les grita hasta quedarse afónico en los partidos, se recorre la banda arriba y abajo mil veces,
le discute al árbitro cualquier decisión en la que no está de acuerdo, en fin que gasta más energía en un partido que yo en toda la semana.
La solución al problema que generaba el nuevo trabajo de Adrián pasa por adelantar la hora de entrenamiento. Todos los padres estuvimos de acuerdo. Ahora, desde aquí, quiero dar las gracias a Adri por su interés por nuestros hijos, ya hace tiempo que me acostumbré a su modo de entrenar a los niños, entre otros motivos porque he visto los resultados, como los críos lo quieren y aceptan de buen grado sus gritos desde la banda.
Me alegra saber que, al menos hasta final de temporada, oiremos a Adrián, con sus largos brazos de portero abiertos en cruz, gritar desde la banda: “¡¡¡ Manue Jezu!!!”.
Gracias, Adri.
