
Foro Estepona Airsoft Team -- Este foro no refleja ninguna ideología.Tampoco pretendemos hacer apología de la violencia.
Votaciones 1er Concurso relatos bélicos.
Los participantes:
- Franxi: Mi peor día en Irak.
- Setito: Difícil Promesa.
- Killo: Sin titulo?
- Mononoke: Revolución.
- Barbuo: A veces leer y entender es bueno.
A tener en cuenta:
- Puede votar cualquiera que esté registrado, no hace falta haber participado en el concurso.
- No se puede votar el relato propio.
- Se votarán dos relatos solamente (2 puntos al que mas guste) (1 punto al siguiente que mas guste).
- Las votaciones acabarán el día 30 de noviembre de 2007.
- En este mismo post se irán poniendo los resultados que se vayan obteniendo.
- Si alguien decide cambiar sus votaciones lo hará en un post nuevo, no editará el ya escrito.
Franxi
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Mi peor día en Irak:
Esa noche fui incapaz de conciliar el sueño. El silencio en los barracones era casi absoluto. Sólo se veía alterado por algún compañero que tosía o por el chirriar de los muelles oxidados de los catres.
No se me hizo larga la noche. Consulté un par de veces la hora.
Pulsaba el botón de mi reloj digital y una minúscula luz verdosa iluminaba lo suficiente la pantalla para que pusiese verla. No quedaba mucho para que sonase el despertador de mi reloj, así que me puse boca arriba y esperé a que sonase.
La alarma sonó a las 6:20, la apagué enseguida, no quería molestar a nadie. Me incorporé y me quede sentado al borde del catre unos segundos. Me calcé las botas y me dirigí a la cama de Will.
Le cogí del brazo izquierdo y le empecé a mover un poco.
-Will…Will… Tío, despierta.
Giró la cabeza y dijo: Vale, vale…Ya te he oído.
Empezábamos la guardia a las 6:30 de la mañana, no se oía nada. Subimos sin ganas las escaleras que nos llevaban a la última planta, cuando llegamos, seguimos hacia la azotea.
Abrimos la puerta y vimos a Barry y Paiton.
-¡Dios! Menos mal que habéis llegado, me estaba quedando dormido de pie. Dijo Barry.
Al cruzarnos con ellos Paiton me dio una palmada en el hombro y nos dijo:
-Que os sea leve.
Cerraron la puerta detrás de ellos.
Caminamos hasta cerca del borde y allí nos pusimos.
Una suave brisa refrescaba el ambiente. Will y yo éramos como dos estatuas, estábamos completamente inmóviles en lo alto de aquel edificio.
No era demasiado alto, cuatro plantas, pero desde allí se tenía una bonita vista.
Conforme fueron pasando los minutos, la ciudad fue despertando de su sueño, y empezaron a verse algunos transeúntes. Una mujer con una bolsa de tela, un hombre con chilaba gris, un niño con quien parecía ser su hermano mayor…Hasta que al poco, los motores de los coches rugían y el sonido estridente de los cláxones no daba tregua.
El Sol se levantaba implacable en el horizonte y nos fue sacando de nuestro letargo matutino. Pasamos de una brisa fresca y agradable a un calor insoportable.
Oí un resoplido y miré a Will. Se estaba secando el sudor de la frente con el dorso de la mano. Cuando terminó, me miró de reojo y me dijo: ¡Este calor me está matando!
Yo asentí con la cabeza, y los dos volvimos a poner la vista al frente.
Por lo general Will no es un tío que se queje mucho, pero ese día tenía toda la razón, el calor era demasiado para cualquiera y la cosa no había hecho mas que empezar.
A mi, me sobraba todo aquel día, desde las botas hasta la guerrera, pero en cambio me faltaban las ganas de estar allí.
Desde la azotea la gente parecía diminuta, una procesión de enanos en perfecta armonía que se vio interrumpida por el frenazo de un coche. El chirriar de ruedas se transformó en un golpe y en ruido de cristales, y al segundo se bajaron los conductores de los coches implicados en aquel pequeño accidente.
Desde allí arriba no se oían sus voces, pero por la manera en la que gesticulaban parecía que tenían una discusión muy acalorada.
La gente curiosa se empezó a agolpar en torno a ellos y los dos protagonistas quedaron en el centro, como si se estuviese improvisando una actuación callejera.
Entonces oí a Will reírse por lo bajo y decir: - Tal como conducen aquí, me extraña que no pase más a menudo.
Yo no contesté, me limité a mirarle con una sonrisa cómplice en la cara. El seguía riéndose, parecía que encontraba algo gracioso en aquella escena. Giré de nuevo la cabeza para preguntarle que dónde encontraba la gracia pero algo cortó mi intervención. Era como cuando alguien te mira, no sabes que está ahí, justo detrás de ti, pero te das la vuelta y confirmas su presencia.
Era extraño, pero esa sensación era demasiado larga, tanto que empezaba a agobiarme.
La risa de Will se desvaneció al mismo momento que se escuchó un ruido seco y apagado. El sonido provenía de mi izquierda, miré y allí estaba mi compañero, con una expresión de miedo y de dolor en la cara, mientras giraba sobre si mismo y caía boca a bajo a plomo.
¡Mierda! ¡Un francotirador!
Mi instinto de supervivencia pudo con las ganas de ayudar a mi compañero y corrí hacia las escaleras, abrí la puerta de una patada y baje un par de escalones. Me paré en seco, me di la vuelta y caí de rodillas. Levanté la vista y vi a Will tirado boca a bajo sobre su brazo izquierdo.
Entonces empezó a gritar y a retorcerse de dolor. Sus gritos eran terribles.
Aún me retumbaba en la cabeza el sonido del impacto de la bala contra su cuerpo. El miedo no me dejaba actuar, no me podía mover, sólo acertaba a repetir entre dientes joder…Joder… Joder… Will seguía tirado en el suelo gritando, pero sus chillidos habían cambiado, sonaban distintos… Ahora se notaba la desesperación en su voz.
Rodó por el suelo hasta ponerse de cara, me miró a los ojos y con un hilo de voz me dijo:- Me han dado…
Sus palabras me sacudieron, fueron como el antídoto que necesitaba para vencer el miedo. Empecé a tomar conciencia de mi mismo, las manos me temblaban y notaba mis pulsaciones desbocadas en las sienes. Me quité como pude el M4 que colgaba de mi hombro derecho y lo deje en las escaleras, me incorporé y pensé “a la de tres”.
Cuando resonó el tres en mi cabeza, de un salto subí los dos peldaños que me faltaban para llegar a la azotea y eche a correr como en mi vida.
Will estaba tumbado boca arriba a unos 15 metros de las escaleras, llegué hasta él en una fracción de segundo.
Me agaché le cogí por las axilas y empecé a tirar de él. Otra vez sentí el miedo y mis piernas hicieron el amago de fallar.
Cuando llevaba unos tres o cuatro pasos con él arrastras, se escuchó otro golpe seco, una segunda bala había impactado en el borde de la azotea. Agaché la cabeza instintivamente y el polvo y los fragmentos de cemento cayeron sobre nosotros.
Miré a la derecha y vi el reflejo de la mira telescópica en la tercera planta de un edificio casi tan alto como en el que estábamos.
Seguía tirando de Will, ya quedaba poco para llegar a las escaleras, cuando entrábamos por la puerta, otro impacto, este último se encajó en el quicio de la puerta metálica.
Empecé a bajar por las escaleras mientras que los pies de mi compañero inmóviles hacían un ruido repetitivo, fruto de los golpes de sus botas cayendo de escalón en escalón.
Cuando bajé el primer tramo de escaleras comencé a gritar pidiendo un sanitario. Las voces de mis compañeros empezaron a oírse mientras se preguntaban qué pasaba. Cuando llegaron con nosotros, Heis lo cogió por las piernas y me ayudo a bajarlo por el segundo tramo de escaleras, al llegar al descansillo alguien, no recuerdo quien, mandó llamar al doctor Stigliz.
Entramos en la sala donde dormíamos. A mi derecha había una mesa antigua de oficina, en la que aun humeaban los cigarrillos y las cartas estaban dispuestas para echar una partida. Le indiqué a Heis con la cabeza la mesa y le dije:- ¡Vamos a ponerle ahí!
Cuando apoyamos a Will en la mesa emitió un sonoro quejido.
Le miré e intente decirle algo pero las palabras se amontonaban contra el nudo de mi garganta… Tenía muy mal aspecto
En ese momento aparecía el Dr. Strigliz, nada más llegar se puso a dar instrucciones.
Le quitamos el casco y el chaleco, yo le sujetaba la cabeza y el doctor con unas tijeras le cortó la guerrera y la camiseta empapadas en sangre.
Cuando apartó la camiseta vimos el agujero de entrada, por el cual salía la sangre a borbotones. Miré al doctor y no me gustó nada su expresión.
-Ha perdido mucha sangre. –dijo.
El doctor sacó de su botiquín una bolsa de suero le puso una vía y le dijo a Heis que la mantuviese en alto.
Ya no valió para nada, Will intentó decir algo pero se ahogaba con su propia sangre, me miró por última vez… Y se dejó ir. Su cuerpo en tensión se relajó al instante, sus brazos y piernas se apoyaron inertes sobre la mesa.
Entonces se hizo el silencio, al momento las maldiciones y los insultos que gritaban mis compañeros resonaban en el ala.
Noté como dos lágrimas recorrían mis mejillas. Dejé reposar la cabeza de Will sobre el tablero de la mesa, me agaché, besé su frente y me aparté.
Mi brazo derecho estaba completamente empapado de sangre, escurría y goteaba por mis dedos.
Acababa de ver morir a mi mejor amigo.
De nuevo volví a sentir mis pulsaciones en las sienes, pero esta vez no era miedo, esta vez ira y odio lo que me aceleraba el pulso. Esa sensación se comenzó a apoderar de mi mente. Comencé a gritar y cagarme en la puta madre que parió al mal nacido que me había quitado a mi mejor amigo… que me había quitado a mi hermano.
Comencé a pegarle puñetazos a la pared, mis compañeros se abalanzaron sobre mí e impidieron que siguiera destrozándome las manos.
Cuando me tranquilicé me soltaron. Me dolían y me sangraban los nudillos.
Me acerqué a una de las ventanas, tiré dos sacos terreros al suelo y señale hacia el edificio donde había visto el destello delator de la mira telescópica.
Sin decir nada los doce o catorce que contemplaron la escena se fueron hacia sus catres y comenzaron a vestirse y a amunicionar sus M4.
Frankie pidió ayuda por radio.
No es que un solo hombre nos intimidase, ni mucho menos, pero queríamos que sintiese todo el miedo y la desesperación posible.
Bajamos a la calle, el ritmo de los transeúntes, ajenos a todo, aún era frenético.
Nada más salir por el control apareció un Humvee, conducía Heis, paró a mi lado y me dijo:-Sube y ponte de artillero. Ni me lo pensé. Al entrar en el vehículo vi a Frankie que iba de copiloto.
Heis pegó un acelerón y puso rumbo al edificio donde se encontraba ese bastardo.
Llegamos muy rápido apenas estaba a unos 400 metros. El resto de compañeros que venía a pie tardaron un par de minutos. Espere para abrir fuego, no quería que se perdiesen el espectáculo. Los proyectiles del calibre 0.50 destrozaban todo lo que se encontraban a su paso en aquel edificio en ruinas. El ruido ensordecedor de las detonaciones se entremezclaba con los vítores y silbidos de mis compañeros. Cuando se acabó la cinta, una alfombra de casquillos cubría el suelo. Los civiles corrían agazapados y despavoridos en todas las direcciones.
El suelo comenzó a temblar, hasta que el chirriar de las cadenas de dos Abrams se hizo perceptible. Dijo Frankie con una sonrisa maliciosa en la cara: -¡Aquí están los refuerzos! Se acercaban con su paso lento pero incansable. Aparecieron justo por detrás de nosotros, uno se desvió hacia la izquierda y otro hacia la derecha. Cuando estuvieron a unos 150 metros del objetivo se detuvieron y apuntaron hacia el edificio.
Nosotros nos retiramos a una posición más segura, volviendo por la calle por la que habíamos venido.
Cuando paramos el Humvee ya no se oía a nadie, era como hacía unas horas, cuando aun estaba haciendo guardia con Will.
Esperamos unos segundos, entonces las ondas expansivas de los obuses sacudieron los tímpanos de todos los que estábamos allí presentes.
Ahora nadie gritaba ni silbaba, sólo contemplábamos absortos ese espectáculo dantesco de caos y destrucción.
Cuatro explosiones azotaron el edificio, tras las cuales se alzó una gran columna de polvo que se perdía en el horizonte.
Los tanques avisaron por radio de que se retiraban. El silencio era sepulcral, sólo se escuchaba motor del Humvee.
Le pedí a Heis que me llevase de nuevo al edificio, quería ver el cuerpo reventado de ese cabrón.
Paramos en la base del edificio, nos bajamos y nos dirigimos a lo que parecían ser los restos de una puerta de entrada. Empezamos a subir por las escaleras.
El edificio apenas se podía sostener en pie, los cascotes y los escombros estaban por doquier.
Cuando llegamos a la segunda planta, vimos como el encofrado se había desprendido cayendo casi por completo sobre el suelo de ese nivel. Echamos un vistazo por toda la planta, aun había polvo flotando en el ambiente, y ahí estaba un SVD Dragunov del calibre 7.62 mm. doblado por la mitad por la caída de los escombros y medio metro más a su izquierda el cuerpo sin vida de ese desgraciado, de ese hijo de puta que no tuvo otra cosa que hacer que poner en su mira telescópica a mi mejor amigo.
Heis y Frankie se felicitaban por la brutal muerte del francotirador y comentaban como los Abrams casi echan el edificio a bajo.
Me quedé mirando un instante el cuerpo de aquel hombre, cubierto de sangre y de polvo.
Me percaté de que mi satisfacción inicial se desvanecía por momentos.
Nos dimos media vuelta y empezamos a bajar las escaleras. Frankie y Heis seguían gritando y proclamando consignas militares. Según descendíamos, peldaño a peldaño comenzó a crecer en mí una sensación de desasosiego y desamparo, un vacío enorme me embargaba.
Me acababa de dar cuenta que la muerte de aquel tipo no me devolvería a Will.
Setito
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Difícil Promesa
Ese día nunca pensé que llegaría tan pronto, el día de partir hacia Irak, ese maldito día, como país aliado contra el terrorismo *¿debería estar contento?*, siempre están los políticos con que tenemos que combatir el terrorismo, pero para ellos es solo eso, palabrería para quedar bien ante el país, en mi caso y en el de todos mis hermanos me tocaba ser el que hacia realidad las promesas de los políticos, se acabaron los simulacros esto era real, todo el ambiente estaba un poco frío, algunos llantos de madres que no querían dejar ir a sus hijos a un destino incierto, la base estaba algo intranquila, no paraban de oírse jeeps por doquier, los cougar y superpumas estaban tranquilos pero al mismo tiempo en sus posiciones parecía que podían despegar en cualquier momento, todo parecía un mal sueño. Entre en el cuartel el silencio era tan prolongado que incluso resultaba molesto, todos estaban serios, todos con la mirada perdida, no sabíamos muy bien donde íbamos a ir, en la esquina junto a las taquillas había alguien arrodillado, me acerque, parecía llevar allí algún tiempo, -Perdona, ¿han dado alguna información?- dije, -nos comentaron que íbamos a ir a un sitio sin peligro, cerca de Mosul -dijo. *¿Sin peligro en territorio enemigo?* me pregunte, supongo que fueron palabras para tranquilizarme,- Soy J...- en ese instante sonó la alarma para reunirnos todos en formación. -Llego el momento- dijo. Sin poder decir nada mas, levanto su G36 del suelo y salio corriendo, empezamos a formar junto a los helicópteros, nunca había visto tanta gente en aquella base.
Sobrevolábamos Siria cuando se escucho un estruendo, me asome por el lateral del cougar, un antiaéreo nos estaba destrozando, pronto abrimos fuego y eliminamos la resistencia, pude contar 4 helicópteros caídos..., Bajamos a comprobar la zona e informar de los daños.
Apareció un Capitán y estaba reclutando a algunos miembros para una patrulla de exploración, me aliste sin pensármelo demasiado, junto a 3 personas mas, me sorprendí al ver la cara me sonaba de algo. Era el soldado que rezaba en el cuartel. -Soy el capitán Pérez- se presento. -Nombre y función soldados-, Empezaron a presentarse de izquierda a derecha, el primer soldado se llamaba M.A Francotirador, JJ Sanitario, JM Fusilero, me toco el turno. -Soy JJ Ingeniero Señor- dije. -Perfecto-. -Coged lo que necesitéis, en 15 minutos nos ponemos en marcha.
Nos pusimos en marcha estábamos cerca de Nineveh, era un terreno montañoso y bastante deslizante, el ambiente en esta ocasión era totalmente distinto a lo vivido anteriormente, JM bromeaba con JJ he intentaban molestar a M.A que difícilmente decía algo, el ambiente era agradable, por momentos olvidaba que estaba en territorio enemigo. Subimos la colina y pudimos ver una especie de campamento con tiendas y un cerco de alambrada. El Capitán observaba con sus prismáticos y nos dijo que esperásemos a que oscurezca.
Me miro fijamente el capitán, -Te infiltraras a media noche y harás un reconocimiento del terreno, no tienen que notar tu presencia, o será el final de nuestra exploración, tu principal objetivo es la tienda de comunicaciones-. Asentí firme sin titubeos, M.A no bajo la vista de su mira telescópica observando la base enemiga, mantenía una mirada fría, como un oso ante un festín de salmones en el rió, se intuía que no dudaría en pulsar el gatillo.
Llego la hora, cogi mi G36c, mi mochila con mis herramientas y unas bombas detonadoras. Me arrastre por el suelo hasta llegar a la alambrada, había dos guardias en lo que parecía una entrada improvisada por lo que la corte sin dificultad, y me acerque a una de las tiendas, eran verdes oliva y no tenían ventanas, pude contar 5 guardias haciendo rondas cada 5 minutos, los guardias de la puerta hablaban tranquilamente, el silencio era tal que la conversación se oía tranquilamente, no entendía nada pero parecían bastante ocupados, mire a través del costado de la tienda mas cercana y era una especie de sala de comunicaciones, coloque una de las bombas, fui haciendo un crokis mientras iba descubriendo cosas, me acerque a otra tienda y estaban todas las paredes llenas de AK-47 y RPG-7 y bastante goma2. Me introduje y coloque la segunda y ultima bomba que tenia, había una especie de tienda el triple de grande que las dos anteriores, intuía que eran los barracones y el comedor. Cuando estaba apunto de salir, vi que arrastraban a alguien hacia una especie de jaula subterránea que había en el centro, tenia barba de bastante tiempo y un aspecto lamentable. *No querría estar en su lugar* pensé. El guardia se fue, decidí volver con mi grupo.
Volví a la posición en la que estaba el grupo y seguían tal y como los había dejado, nos reunimos todos en corrillo menos M.A que seguía en su posición de vigilancia, tendido, inmóvil, parecía estar dormido, quien sabe, no creo que nadie lo supiese con certeza, les dije todo lo que había estando explorando ayudándome del mapa que había realizado, dibuje la posición de las bombas, también informe a el capitán del prisionero que tenían encerrado. El capitán dirigió la mirada al cielo unos segundos, volvió a mirarme y dijo con contundencia, -rescataremos al prisionero antes del amanecer-. Coloque los detonadores en la posición correcta para su detonación.
Teníamos que actuar rápido si queríamos rescatar al prisionero antes del amanecer esta vez el capitán nos mando a JM y a mi, nos pusimos cuerpo a tierra y nos dirigimos a la base enemiga, esta vez nuestra prioridad era rescatar al prisionero, podíamos hacer ruido y mucho, sabíamos que si pasaba algo entre la cruceta de M.A no tardaría mucho en caer al suelo, posiblemente con algún agujero de más en la cabeza, nos colamos por el hueco de la valla que ya tenia cortado, y fuimos a por los guardias de la puerta, nos colocamos con sigilo detrás de cada uno de ellos, me dio la señal, vi como le rompía el cuello antes de que pudiese reaccionar, no vacilo, "Crack" se oyó, di un paso adelante para hacer lo mismo con el que a mí me tocaba pero se percato de mi presencia, se dio la vuelta y antes de que levantase el arma, volví a oír "Crack".
Mire fijamente J.M el cual me había salvado la vida y la misión, -Gracias- le dije, no le dio demasiada importancia y nos dirigimos a la jaula, era raro, no estaban los 3 guardias que estaban antes. *quizás estaban cambiando con otros para seguir con la vigilancia* pensé, nos acercamos a la jaula.
-JM: Fiuuuuuu...
-Prisionero: ¿Quien es?
-Yo: ¡somos los que te vamos a sacar de aquí!
-JM: rápido que viene alguien.
Corte las cadenas de la jaula y lo ayudamos a subir, nos escondimos en una de las tiendas cerca del hueco de la salida, se oyó una especie de silbido que paso a escasos centímetros de nuestra posición, el cual vimos en una posición privilegiada como impacto en la cabeza de aquel cerdo iraquí, *M.A no parecía tan dormido después de todo* pensé, rápidamente empezaron a salir de todos sitios, gritando y dirigiéndose la mayoría a el almacén, -bonita sorpresa se van a llevar- dijo J.M, nos juntamos con el capitán y los demás y "BoOM" detone las dos bombas a la misma vez, y aquella escena tenia poco que envidiar a los fogonazos de los troncos secos de una chimenea. Algunos salían corriendo en llamas, pero no dejábamos ninguno en pie, todos disparábamos sin compasión. Teníamos que movernos antes del amanecer o seriamos un blanco fácil para los posibles refuerzos que se percatasen de la "pequeña hoguera".
Ya casi se notaba la brisa fresca del alba, el capitán empezó a interrogar al prisionero, quería saber que demonios hacia allí, le costaba hablar, daba la sensación que cada palabra era como un ultimo aliento, -no le quedaba mucho-, dijo JJ, lo único que sacamos en claro es que era un capitán del ejercito estadounidense, que su unidad había sido asaltada en uno de los caminos, eran una avanzadilla como nosotros, pero ellos llevaban un tanque, y varios camiones de transporte, un tanque que no sirvió de mucho ante los RPG-7, nos indico a duras penas sobre el mapa la posición en la que fueron emboscados y ese fue su ultimo aliento, improvisamos una fosa y lo enterramos.
Todos sabíamos que algo importante debía llevar ese camión y que alguien importante no quería que se supiese,¿porque enviar a unos pocos hombres?, aceleramos la marcha hasta la posición que nos indico y allí estaba tal y como había dicho, los restos de aquel Abrams, había huellas de camiones dirigidas hasta la montaña, flanqueamos la montaña JM y yo por la izquierda, el capitán y JJ por la derecha, M.A miraba a través de la mira telescópica de su accuracy justo en un pico de una montaña contigua, tenia una visión perfecta de lo que parecía una entrada de una cueva, dos coches puestos en forma de barrera custodiaban la puerta.
M.A: Cinco hombres hay justo detrás de los coches que forman la barrera, esperando ordenes capitán. Son blancos fáciles.
Yo: ¿Blancos fáciles? *no me gustaría ser uno de ellos* pensé.
Capitán: Fuego.
Un silbido, observamos como cayo el mas cercano a la puerta, los cuatro restantes no se percataron, otro silbido otro blanco certero, podíamos ver el abanico de sangre que había dejado junto a la pared montañosa, uno de ellos se percato y fue corriendo hacia allí, *mala elección* pensé, otro caído, los dos siguientes corrieron a meterse en la cueva, -Vía libre- Dijo M.A, iba a estar difícil entrar en la cueva sabiendo que estábamos allí fuera.
Llegamos a la posición de los coches, el capitán dio instrucciones a M.A de informar de cualquier movimiento que ocurriese fuera, observamos por una rendija de la puerta el interior de la cueva, estaba levemente iluminado por unos focos amarillentos puestos intermitentemente, avanzábamos lentamente los cuatro espalda con espalda, no se oía nada, llegamos a una bifurcación y en el camino derecho podíamos ver uno de los dos camiones de los que nos había comentado el prisionero americano, nos acercamos y estaba vació, oímos un disparo, y rápidamente nos pusimos detrás del camión para tener una posición segura, aparecieron cinco iraquíes con sus AK-47 disparando desde los laterales de la entrada, pronto empezó el fuego desde las dos direcciones, JM acertó a dos, el capitán se encargo de otro par, y yo acabe con el ultimo, pronto nos percatamos de que faltaba alguien, ¿Dónde esta JJ?, yacía tumbado en el suelo justo en una esquina, con una herida en el pecho, ¿Qué podíamos hacer, si el era el sanitario?, entre alaridos nos dijo que le taponásemos la herida, y que le inyectáramos una de las dosis que llevaba en el botiquín, no dude y le hice caso, pero aquello tenia mala pinta, no paraba de salir la sangre, no tardo mucho mas en morir.
Todos estábamos abatidos, nadie dijo nada, estábamos alrededor del cuerpo sin vida de JJ, -¡¡Pagaran por esto!!- Grite, Tranquilízate soldado, estas en territorio enemigo, ahora la prioridad es descubrir que esta pasando aquí, y que demonios llevaba ese camión, seguimos avanzando hacia el fondo de la cueva, nos topamos con una puerta de metal, rojiza, tenia varias ranuras por la que pudimos ver lo que parecía un laboratorio, pudimos contar 10 hombres con batas blancas, y alguien que parecía ser el que estaba al mando, golpeaba a uno de los científicos y no paraba de decir algo una y otra vez en lo que parecía ser árabe, JM dijo que decía –Tienes que terminarlo ahora- una y otra vez, En una de las mesas había un maletín abierto con lo que parecía una bomba, no parecía una bomba común, entramos a saco, gritando ¡¡QUIETOS!!, todos los científicos se quedaron petrificados, el hombre al mando intento coger la pistola de su costado, pero no tubo oportunidad, el capitán le disparo en la rodilla, se retorcía de dolor en el suelo, en un descuido uno de los científicos consiguió coger el maletín y escapar por lo que parecía un rió subterráneo, nos pusimos a interrogar al herido.
Capitán: ¿Que es lo que hacéis aquí?
Herido: yejawejawejayeja (árabe)
Capitán: Seguro que sabes hablar nuestro idioma cerdo.
Apunto a la otra rodilla, -Capitán- Le dije, contrólese, - yo que tu hablaría- le dije al herido. El capitán quito el seguro de su g36 le volvió a disparar y le reventó la otra rodilla, el herido lo que antes parecían alaridos ahora se quedaban cortos, dolía de solo oírle.
Capitán: no lo repetiré mas ¿Que demonios es lo hacéis aquí?
Herido: esta bien, esta bien, hablare, estábamos intentando aumentar el poder de una “bomba maletín”.
Capitán: ¿Una bomba maletín? que demonios es eso.
Herido: No lo se, yo solo cumplo ordenes, de verdad lo siento.
Se acerco el científico al que golpeaban, cuando entramos en el laboratorio.
Científico: Yo os lo diré, es una bomba nuclear, creada por la unión soviética con un radio de 800 metros, lo que no se es a donde ni quien dirige este ataque, lo que si se es que nos tenían aquí metidos obligados a estudiarla e intentar crear mas unidades, para un ataque cadena.
Yo: No puede ser, esto es terrible, debemos informar al mando ahora mismo.
Capitán: Tienes razón JD. Volvamos al punto de encuentro.
JM: ¿Que hacemos con el herido?
Capitán: Elimínelo.
M.A: Capitán viene un convoy de camiones por la carretera sur, salid de ahí ¡AHORA!.
Killo
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-Hey Jack! Chhhs! Despierta, he oído un ruido…
-Joder Chris, joder joder joder!!
-Tranquilo no creo que sea nada.. pero…
Pock! se oyó un golpe seco en el hombro de mi compañero el cual se cayó de rodillas y se echo la mano al brazo, intentando taponar el orificio que le había dejado una bala de un AK 47 disparado por un vietcong, era inconfundible el tableteo de estos engendros cuando aullaban a lo lejos, entre los árboles. Me gire y ví 4 o 5 sombras y solté un par de disparos mientras intentaba llegar con Jack hasta la zanja que teníamos preparada a solo unos metros de donde estaba.
Era evidente que no me gustaban los puestos elevados que nos preparaban para las guardias: eran altos, pero no lo suficiente como para ver por encima de los árboles, de madera, sin ningún blindaje, endebles.. cuando subíamos a ellos estábamos literalmente a merced de las granadas, y de las balas amarillas. Cavamos la noche antes una buena zanja justo debajo de la torre, y gracias a dios que lo hicimos. Metí de mala manera a mi compañero herido en la trinchera, que callo dentro con un quejido y pidiendo perdón y me dispuse a alertar al campamento de la patrulla vietcong con las que habíamos topado. En seguida aparecieron refuerzos; Tom, Michael, el sargento Thomsom y 4 nuevos que no sabia ni como se llamaban. Se pusieron a disparar hacia el lugar de donde provenía el sonido de las balas que nos llovían. Era increíble como siendo una simple patrulla podían acarrear tanta munición y disparar tanto. De repente otro quejido de dolor, y uno de los nuevos se sentó de espaldas en la trinchera, inmóvil. –Mierda otra baja- pensé, pero no, el pobre chaval, que tendría unos 19 años, se quedo mirando su mano, a la que le faltaban 2 dedos y sangraba a borbotones. – Andrews! Métetela en la boca joder! Estoy muy liado con Jack! no morirás por eso!- el chaval hizo caso a Michael, el sanitario. Era muy eficiente, aunque sus métodos sorprendían a algunos. Había estado en muchas campañas ya, estaba muy curtido en heridas de guerra, según el, no había nada que le pudiese sorprender. Y tenía recursos ilimitados. En otra ocasión le ví trenzando ramas por si “se quedaba sin vendas y tenia que hacer un torniquete”. Era un fenómeno en su campo. Lo tendría siempre en mi escuadrón si pudiera.
De repente otro de los nuevos, un tal Betanne termino de cargar su m60 y comenzó el espectáculo. Se oían alaridos, pero esta vez eran los charlies, que bailaban grotescamente bajo el fuego de aquel mounstro comebalas. Tal era su estruendo que habiendo liquidado a 4 de los que nos amenazaban, los otros 2 solo pudieron gritar y sacar camisetas blancas, y tirar sus kalashnicov al suelo para rendirse.
Fuimos hacia ellos, no sin cautela, pues conocíamos como se las gastaban estos miserables, inmolándose a lo bonzo y cosas tan sucias como llevar granadas en la boca y escupirlas a nuestros pies cuando eran capturados. Los atamos y los condujimos al campamento base, sito a unos 2 kilómetros del puesto avanzado en el que nos situamos. Tanto Jack como el chaval nuevo, Andrews estaban aparentemente bien, fue un tiro limpio el de mi compañero de guardia, y no afecto nada importante. Mientras volvíamos al campamento los vietnamitas nos intentaban hablar, diciéndonos que no les hicieran daño, que eran unos mandados y que contarían todo lo que supiesen a nuestros jefes. El sargento cojió a uno de ellos de la oreja, lo levanto muy lentamente hasta ponerlo de puntillas y le susurro al oído algo que no pudimos entender. El tipo tenia unos modos un tanto pintorescos para callar y calmar a los prisioneros, nadie sabia lo que les decía, pero todos quedaban serios y asentían con la cabeza. Era impresionante. No se por que seria; el sargento Thomsom era un tipo de 1.94 y mas de 100 kilos de peso, una mole nada atractiva.. Favores sexuales seguro que no eran sus susurros...
Llegábamos al campamento base, por fin! Llevar la m16 de Jack aparte de la mía no es para nada cómodo. Nada mas llegar vinieron los demás , preguntándonos si habíamos acabado con ellos. Yo, como no exageraba un poco las cosas siempre, pues venir indemne de una refriega con nuestros amigos de ojos rasgados siempre era mas entretenido para los compañeros si añadías algún toque “ficción” a la historia.
-Chris! Pero llegaron por la espalda seguro eh? –dijo uno de mis compañeros
-Si, es que estos puñeteros cerdos amarillos, que sucios- dijo otro
-Si –dije- vinieron por detrás disparando a traición pero Jack le tiro a uno y lo tumbo enseguida –me lanzo una sonrisa furtiva, sabía que siempre hacia cosas así y le gustaba-
-Jack! duelen mucho los balazos? –pregunto uno de los jóvenes que estaban con nosotros-
-No, lo justo, pero procura que no te den el la cabeza! Estos cascos no valen para nada jejeje –dijo este
Que razón tenía. El tío sam nos daba un equipamiento de pena, entre el estaba nuestro casco, una escupidera de acero a través de la cual las balas del 7.62 de los congs pasaban como si fuese de mantequilla, amen de los casi 2 kilos que alcanzaba con la puñetera funda de nylon. La conversación siguió unos minutos mas, mayormente por parte de los nuevos que llegaron unos 3 días atrás como refuerzo a las bajas que hubo en la ultima batalla librada en una orilla del rió; preguntaban sobre los charlies, sobre como actuaban, si eran “fáciles de matar”.. en fin, cosas de novatos. Los prisioneros fueron llevados a interrogar por el Capitán Michelle, otra de esas personas agradables con los prisioneros. Se estuvieron oyendo gritos y suplicas toda la noche. El sonido de la palma de la mano sobre la cara de esos tipos se oía 4 tiendas mas allá de donde estaban ellos.
-por que no los mata de una jodida vez? –pregunto Tom
me sonreí levemente y mirando a Michael le pregunte como estaban Jack y Andrews. Como siempre “mañana estarán otra vez maldiciendo los mosquitos y pidiendo tabaco”. Buena señal, se recuperarían pronto. La noche era anormalmente fresca, tanto que no me quite la guerrera para dormir, y fue de agradecer que por una vez pudiese dormir sin el bochorno habitual y la humedad pegajosa de la jungla, pues rara vez me levantaba seco, sin estar empapado en sudor ni lleno de picaduras de mosquitos, los cuales su actividad aumentaba directamente con la del calor y humedad reinantes habitualmente.
Al cabo de 1 semana de aburrimiento y guardias bastaron para que nos trasladaran de posición, decían que necesitaban refuerzos en no se que lugar, que por como le llamaban me erizaba el vello de la espalda; el Cerro de los murmullos… Aquello no pintaba bien pero el maldito juramento que hicimos al graduarnos nos obligaba a aquello. Jack estaba mucho mejor y también iba. Providencialmente en mi escuadrón estaba Michael, y el sargento “Tommy”. Eso fue un alivio al menos nos dirigiría una persona competente. Había oído cosas como que hace 4 semanas mataron a un sargento por que era un inútil, lo mas impresionante es que fueron sus propios subordinados, que estaban hartos de que les enviaran a reconocimientos suicidas y dieran ordenes absurdas.
Al atardecer llegaron los Hueys para recogernos. Me encantaban esos helicópteros. El característico tableteo de sus palas hacían a los charlies correr como hormiguitas bajo el fuego de las m60 que llevaban adosados en los laterales. En mi opinión era el mejor helicóptero que había inventado el tío sam para transportar y llevar víveres y munición a los campamentos. Era rápido, fiable y facilísimo de pilotar y con una autonomía excepcional, así como una cabida también excelente. Tardamos casi 1 hora en llegar a la zona de recogida, en la cual nos cargamos de víveres, munición y todo el equipo que el tío sam tenía para nosotros. Verdaderamente, nos obligaban a cargar con cosas inútiles tales como una especie de pala retractil que pesaba sobre unos 5 kilos, así como toallas y ropa de recambio, por muy corta que fuera la misión. Yo, así como algunos mas, racaneábamos con la carga, bajo la amenaza de que si nos vieran haciéndolo nos amonestarían severamente incluso según los ánimos fusilarnos, quien sabe, aquello era un verdadero caos algunas veces. No cargue ninguna prenda de reserva, ni toallas ni nada que no fuese a necesitar en un par de días de vorágine destructora de charlies. No creí que durase con vida más tiempo .Solo munición algo de comida, tabaco, agua, más tabaco y lo de siempre; cerillas, 2 bengalas, una cuerda de nylon y algo de morfina y yodo por si me herían y Michael no estaba cerca… De repente paso el Capitán Jhonson a inspeccionar nuestra carga –mierda-pensé- a la mierda todo! Consejo de guerra y al carajo!- Como por arte de magia alguien le puso la mano en el hombro al capitán;
-Capitán! Tengo unas preguntas para usted! –dijo una señorita bastante agradable y con una grabadora enorme en la mano.- Como cree usted que esta yendo esta guerra?
-Me alegra que me lo pregunte señorita – dijo el capitán jocosamente- esta guerra esta probando nuestro poderío militar..
El capitán se alejo mirando los pechos de aquella mujer y se olvido de nuestro cargamento ilegal. Apareció nuestro Sargento, y nos dijo que por nada del mundo dejáramos a nadie mirar lo que estábamos haciendo. Luego nos guiño cómplicemente y nos dejo entrever un cartón de tabaco que llevaba en su mochila mientras se marchaba. –Bendito seas – murmuró Jeremy. Una vez avituallados y con las mochilas preparadas nos dieron una pequeña explicación sobre lo que íbamos a hacer mañana temprano:
Operación “Prairia”, en la cual debíamos eliminar las infiltraciones provenientes de la zona desmilitarizada. Termino con un “debéis matar charlies por un tubo” que no se por que, nos subió a todos la moral a la vez que nos extraño por venir de la boca de un general de esas características.
6.23 de la mañana. No puedo dormir ni un segundo mas, me levanto aun sabiendo que hoy la diana era especialmente tarde para “que estuviésemos descansados”. El Sargento también estaba despierto, preparando los planos y viendo que hacer con nosotros para que no cayésemos demasiado pronto. Vino hacia mi cama y me pregunto que que tal estaba.
-Chris, que tal tío –me dijo
-Sargento, bien , algo nervioso –le conteste algo extrañado por su coloquialidad
-Descansa, hoy necesito que estéis todos bien despiertos.
-Si señor, lo haré.
No se que me paso, que ahora si que estaba nervioso de verdad, Thomson me dijo aquellas palabras con afán de tranquilizarme pero aun así estaba mas nervioso que antes, era la primera batalla “con nombre propio” que libraba desde que estaba allí, hace 7 meses y estaba un tanto intranquilo. Jack se acababa de levantar y estaba tan inquieto como siempre y ya con un palito de un caramelo que llevaba lamiendo desde hace un buen rato. Estaba tan nervioso como yo, o incluso más, pero me dijo que esta vez no se iba a dejar matar. Y que no me preocupara, que teníamos a Michael e íbamos a reventar a todos los malditos amarillos que hubiese allí. Entre bromas nos repartimos los bienes de cada uno para que en el caso que nos volaran el culo tuviésemos algo el uno del otro. El muy cabron quería quedarse con mi caja de cigarros.
-tío esos cigarros serán para mi. Si no te eliminan los charlies lo haré yo-me dijo
-Antes me los fumo todos yo, para que no te quede ninguno, moriré asfixiado! – le conteste riéndome
-Eh, hoy no me dejes de cubrir las espaldas eh? La última vez falto poco.. –la expresión de su cara fue cambiando hacia el final de la frase.
-Jack, nos fumamos el penúltimo no?- le conteste para quitar hierro a la situación.
Encendimos un par de aquellos puros que llevaba coleccionando 7 meses, y estuvimos hablando hasta las 7.30 de la mañana momento en el cual sonó la diana y corrimos a vestirnos y a por nuestras mochilas. Un vuelo de 15 minutos nos llevo al lugar aquel en el cual derramaríamos la sangre de los malditos amarillos, durante el cual pudimos ver varios bombardeos por parte de unos cobras con el nuevo Agente naranja, inventado por nuestros jefes de ingeniería y con un olor mas que característico que se fundía con el de carne quemada al incendiar las posiciones de la guerrilla del vietcong, ya que estas se hallaban escondidas bajo densas capas de vegetación, las cuales también ocultaban a los charlies de los bombardeos o de los ojos de las ametralladoras americanas. Aterrizamos y rápidamente nos dieron unas órdenes escuetas pero precisas; debíamos evitar que entrasen más vietcongs por la zona desmilitarizada. Jamás creí que mi primera misión importante fuese lo que llevaba haciendo este tiempo; matar vietnamitas locos ocultos en la selva.
Nos adentrábamos hacia el sur, para ir al encuentro de los vietcongs, y rápidamente recibimos la primera advertencia. Cabezas y cadáveres de soldados franceses putrefactos o esqueléticos colgaban de sogas o estaban empalados en estacas afiladísimas. Tétrico. Continuamos unos 500 metros y uno de nuestros novatos cayo en una trampa. Pobre; un hoyo de unos 5 metros de altura lleno de estacas afiladísimas como lanzas, tuvo la desgracia de uno de esos elementos le atravesó el muslo y otro el cuello. Aun daba convulsiones cuando nos alejamos de allí todos en silencio y más que atentos a posibles trampas que pudiésemos encontrarnos. Tras varias horas de búsqueda y varios encuentros con otros grupos amigos tuvimos nuestra primera fiesta de la tarde: Una gran patrulla de vietcongs andando por un camino cerca de un puesto fueron sorprendidos por el m14 de un tal Maccine. Lo ví subir al mismo helicóptero que yo, y era un tipo siniestro. Nunca hablaba con nadie, siempre estaba mirando su rifle como si fuera parte de su cuerpo. Reconfortaba de manera extraña el tener un francotirador en tu unidad, cuando eran tan útiles eliminando tipos a larga distancia. El siguió disparando a través de nuestras filas, cuidando de no volarnos la cabeza a nosotros mientras nos posicionábamos mas adelante que el con nuestras m16 listos para acabar con el grupo, tal como mandaban las ordenes. Las 2 m60 reventaban los sacos de arena en el que se atrincheraban los tipos con los ojos rasgados mientras ellos nos atosigaban con sus ak47.
Pronto, tras unos intercambios de balas, cayeron un par de nuestros enemigos. Me giré y me di cuenta de que Tom había caído también. –mierda –pensé- ahora yo o que? Me volví a incorporar buscando a Jack; ahí estaba gastando cargadores como un poseso y con su pitillo en el labio mientras disparaba a diestro y siniestro. Me busco con la mirada y me sonrió socarronamente mientras levantaba la mano indicándome un 4, que serian los caídos por el en el combate. De repente una bala que reboto y me dio en el casco sin llegar a acabar con su blindaje me trajo de nuevo a la realidad. –Clic, clic- sonaba mi arma mientras intentaba descargar hondanadas de balas contra el enemigo, hasta que me percate que se había atascado otra vez. Maldito tío sam y malditas m16 con sus fallos de montajes. La había engrasado justo antes de empezar pero aun así se atascó. Había habido muchísimos muertos por culpa de las puñeteras m16 y sus atascos indiscriminados. Me tumbe tras una barrera improvisada y me puse a limpiarla ligeramente.
-Chris! Que coño te pasa! Estoy matando charlies a un ritmo que no podrás seguir! – me grito jack riéndose
-Joder jack! mi m16 no quiere disparar! Puta madre que la parió –le conteste airado
-Coje tu puta pistola! –me contesto el a mi sin mirarme y mientras disparaba.
Coño que inútil soy, ahí estaba mi 1911 esperando para ser disparada contra nuestros coleguillas vietnamitas, y no dude un instante. Esta pistola tenia una precisión excepcional así como un retroceso casi nula lo que me hacia capaz de dispararla con una mano mientras intentaba aceitar mi sucia y húmeda m16. La climatología del lugar era el mayor handicap que tenia este cacharro. Se oxidaban a la velocidad del rayo. Gaste un cargador inútilmente con mi pistola hasta que mi m16 volvió a funcionar. –Bien coño, por fin algo bien!- exclame mientras buscaba a Jack para señalarle que tenia de nuevo mi arma funcional. No estaba donde anteriormente se encontraba, solo estaba Michael ocupado con un herido. Fui corriendo a ver si necesitaba cobertura y me di cuenta de que a Jack le habían dado en el pecho y sangraba abundantemente. Me fiaba de nuestro sanitario pero el hilo de espuma rosa que salía de la boca de mi amigo me hizo dudar de su capacidad de sacarlo vivo de allí. Me tendí a su lado disparando para evitar que las kalashnicov tabletearan para nosotros mientras Michael estuviese trabajando. De repente sentí una mano en el brazo. Era Jack;
-Chris, me han jodido bien- dijo con un hilo de voz propio de un moribundo
-Jack coño ponte de pie y sigue disparando! – le dije sin siquiera mirarlo
-tío tus puros.. no me los voy a poder fumar…mierda tío! – dijo la mirada perdida
-Tú tranquilo y respira, que esta noche nos clavamos un par de ellos.
Seguí disparando y usando los cargadores de Jack hasta que aparecieron 2 camilleros y se lo llevaron de allí. Esto era serio, acababan de masacrar a 3 individuos de mi unidad y los vietcongs no paraban de llegar y llegar. Eran más de 30 y nosotros no llegábamos a 12 con las bajas causadas. De repente me percate de que uno de los novatos había sido también alcanzado dejando una “cerda”, modo como llamábamos a las m60 preparadas para ser portadas fácilmente con unas empuñaduras especiales y aligeradas de peso. La cogí y con toda la ira que me había dejado la baja de Jack y me dispuse a clavar una bala del 7.62 a cada uno de los cerdos vietnamitas que estaban jodiendonos la vida a mí y a los hombres del sargento Tommy. Desate la furia contenida de la pólvora mientras el tiempo se paraba sobre mis hombros. No escuchaba nada, solo el cruel repiqueteo de la ametralladora y las nubes rosa que desprendían los asiáticos al ser muertos por mi dedo vengativo. Miraba a mí alrededor y mis compañeros con los ojos inyectados en sangre disparaban como verdaderas fieras hacia el campamento improvisado por los enemigos. Cada vez quedaban menos cuando mi ametralladora se quedo sin alimento. La arroje lejos y desde la misma cobertura seguí disparando con mi m16 hasta que acabamos con todos.
Se hizo de nuevo el silencio y ya estaba anocheciendo. Pregunte por Michael pero estaba muy liado, había muchos heridos, pero me informo de que Jack había sido enviado al campamento sano y salvo. Que cabron, a fin de cuentas se estaría fumando mis malditos puros… gracias a dios. Me gire a buscar al sargento pero rápidamente me cojió del hombro Flink, un antiguo amigo que se había unido a nosotros durante la carnicería. Nos dijo que venían a relevarnos del puesto, pero yo seguía buscando al sargento con la mirada. Mi alegría del relevo se transformo en incredulidad cuando ví a Tommy. Muerto. Le faltaba una pierna y tenía 2 heridas de metralla en la frente. Cuando coño lo habían alcanzado?-pensé- cuando han sonado las granadas?. Maldita sea.. por que no acaban conmigo? Si ni siquiera había cogido ropa de recambio y a las 3 de la mañana no estaba muy seco que se diga. Casi a trompicones llego un jeep para llevarnos a mí y a los 8 que quedamos de nuevo a la zona del helicóptero para proceder a la extracción.
-tío, que le ha pasado al sargento?-pregunte a Michael
-ni idea, le han metido un mortero en el culo, o eso parecía cuando fui a verle- me dijo impasible y con la mirada perdida
-joder joder.. y Jack? como esta?? – pregunte nervioso
-nada, no te preocupes se pondrá bien como siempre- dijo mientras mascaba un palillo de auscultar manchado de sangre
Nos bajamos del jeep. Un dolor inmenso surgió de mi espalda y me recorrió el brazo izquierdo mientras caía al suelo. Pude ver los fogonazos de un grupo de 3 personas que se tiro al claro con ánimo de acabar con los 8 soldados americanos heridos y cansados que se hallaban allí. Mis aliados acabaron con los 3 indeseables que nos habían emboscado sin esperarlo. Michael se acerco a mí rápidamente y me metió el dedo en el omoplato para ver como estaba mi herida.
-Chris te han dado bien. Esto pinta mal –me dijo con cara de preocupación
-no me jodas Michael, cúrame de una vez que tengo que jugar al poker con jack!- le dije socarronamente
-no Chris esta noche no vas a jugar a nada
No me dolía tanto, no podía ser tan malo. solo me dio sueño. Intente ponerme de pie sin darme cuenta que el sanitario me había inmovilizado medio cuerpo y me presionaba con todas sus ganas mi nuevo orificio corporal. Mi mirada se perdía en el vació. Todo olía a gasolina y sangre. Pensaba en el sargento desmembrado mientras me recostaba en la fresca hierba del suelo, Michael hablaba pero su voz no se oía. Que bien se estaba en la jungla. No sentía nada, solo la gente a mi alrededor que se tapaba la cara y se daba la vuelta… en fin, al final Jack se fumaría mis cigarros...
Mononoke
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La historia de la humanidad no es mas que un bucle de tiranía, una misma escena repetida en diferente época, en diferente lugar. Llevaba semanas, o quizá habían sido meses sin saber en que hora del día me encontraba, los subterráneos eran el único escape al caos y fuera el espeso humo que seguía a la destrucción no daba ni la mas mínima pista. Estábamos tan ocupados con nuestros pequeños temas, nuestros pequeños problemas y nuestros pequeños rencores que no veíamos lo que se nos venía encima. Siempre había escuchado que el día en que esto ocurriese, con el avance de las armas de destrucción masiva, no duraría mas de 5 minutos, se equivocaban, todo continuaba después. El ataque fue tan imprevisto que apenas dio tiempo a reaccionar, ahora el mundo se muere bajo el poder de un único hombre y su ejército, un hombre no muy fuerte, ni muy alto, ni muy listo, un hombre que abarca tal crueldad que no merece ni llamarse así, simplemente una escoria. Yo pertenecía a uno de los grupos de resistencia del antes abarrotado metro, las comunicaciones eran escasas pero teníamos conocimiento de mas grupos aguantando la opresión en diferentes puntos del planeta.
Yo me había criado en una pequeña casa en la montaña con mi abuelo, estaba aislado de todo, de toda sociedad, me gustaba, el frío, el silencio, la nada pintada de verde. Íbamos a cazar a menudo y, quizá por eso, desde niño ya me habían atraído las armas. Recuerdo el primer rifle que tuve en mis manos “Eugene”, así la había nombrado mi abuelo, seguramente el nombre de alguna prostituta que amenizaba las noches de las tropas en tiempos de guerra. Me quedaba embobado escuchando todo lo que mi abuelo me contaba de cuando estaba en el frente, deseaba estar en la batalla, quería ser el protagonista de sus historias, no debería haberlo deseado con tanto ímpetu.
En los subterráneos había personas diversas, personajes y personajillos, hombres y mujeres sin familia, sin trabajo, sin lugar al que volver, en definitiva, sin nada que perder, eso es lo que nos hacía fuertes, era lo que nos hacía mantener la resistencia, no teníamos miedo, ya nada nos importaba solo buscábamos venganza. Antes de que empezase todo esto no es que yo tuviese mucho que perder, no tenia una vida especial, perdí a toda mi familia cuando era joven pero aún así había algo que vengar, ella. Nunca supe realmente como era, había cierto secretismo que rodeaba a su persona y era eso lo que me atraía. Días antes del comienzo del terror, se fue, no vivíamos en la misma ciudad y nos despedimos como si tuviésemos plena conciencia de que iba a ser la ultima vez que nos viésemos en la vida.
La mayoría de los que allí se encontraban no habían recibido nunca un adiestramiento militar ni nada parecido, alguno lo mas parecido que habían tenido en sus manos a un arma era la escopeta de plomillos de una tómbola de cualquier feria o parque de atracciones. Aún así, aún sabiendo las escasas posibilidades, el odio me ardía en las venas, tenía que idear un plan, me gustaba el ajedrez, y tal y como yo lo veía solo tenia peones que dirigir hacia mi meta. Me respetaban, había corrido fama por mi puntería y por destruir ciertos objetivos, me llegaron a llamar Baloor Ojo Diabólico (que nombre mas ridículo), el por que es otra historia que debe ser contada en otro momento. Quizá fue una mañana, una tarde, o una noche, quién sabe, el caso es que, un día al despertar me decidí, había que dar un golpe importante, algo que cuanto menos debilitara al régimen y diese esperanza y fuerza a aquellos que querían resistir a la dominación, pero sobre todo algo que pudiese calmar el dolor de nuestros muertos, aunque supiésemos que nunca volverían.
Ya habíamos eliminado algunas docenas de danaanos, así se hacían llamar las tropas de Lugh (nuestro opresor), pero eran tantos que no les suponía mas que la picadura de un mosquito en un elefante. Sin embargo, había un general, el general Nuada, la mano derecha de Lugh, quizá por esto también llamado el de la Mano de Plata, (o quizá tenía realmente una mano de plata, o no venía por nada especial, o se lo había inventado por ponerse un mote molón). Muchos decían que Nuada era realmente el cerebro, el que planificaba las estrategias, el que realmente movía los hilos, por eso, si pudiésemos acabar con él haríamos un daño serio, algo que tardaría realmente en repararse y los debilitaría. Habíamos sido informados hace unas semanas que el general aparecería pronto por la ciudad, no sabíamos exactamente cuando pero era la oportunidad perfecta para atacar.
Entre nosotros había un ingeniero, sorprendente superaba la media de edad pero había sobrevivido porque conocía todos y cada uno de los recovecos de los subsuelos, podía llevarte de una punta a otra de la ciudad sin tener que salir a la superficie, Hans. Con su ayuda llegaríamos a los arsenales fácilmente, envié un pequeño grupo con un remolque, a ver qué podían conseguir, entre ellos iba Regi un policía recién salido de la academia, siempre portaba su p9, de vez en cuando le veía acariciarla con los dedos suavemente, era un tío de confianza, me sentía mucho mas seguro si él iba a por las armas, además tenía conocimiento, sabría lo que traer. Completaban el grupo dos hermanos bobalicones pero con una fuerza bruta impresionante, serían útiles. Confiaba en ellos así una vez armados y minimamente entrenados lo que me quedaba era pensar los movimientos de mis piezas de ajedrez para dar muerte a la reina y dejar indefenso al rey, destruir a Nuada.
Creímos que la espera no se alargaría mas allá de unos días, que luego pasaron a ser semanas y cada segundo que pasaba era como un año para nosotros, pero, de pronto, como cuando esperas la noche de reyes a que se haga de día y cuando te das cuenta ya tienes los juguetes en las manos, llegó el día. Hans era el que tenía los contactos, por él recibimos el aviso de que el general Nuada estaba llegando a la ciudad, de que en menos de dos horas estarían en la antigua universidad que transformarían ahora en el nuevo cuartel. Bien pensado no se conocían los motivos por los que habían elegido esta ciudad como centro de operaciones, aunque estaba totalmente seguro de que había un motivo lógico para ello, yo deseaba con toda mi alma que se arrepintiesen de haberla escogido. Era hora de tomar posiciones, no éramos más de una treintena, pero estábamos preparados, nuestros cuerpos desprendían calor, odio, las armas acopladas a nuestras manos como parte de nosotros, el cuello de nuestras camisas cortaba las fuertes pulsaciones en nuestros cuellos, todos sabían lo que tenían que hacer, y, por fin, había llegado el momento.
Hans marcó la ruta a través de la cual podíamos llegar hasta un laboratorio de uno de los edificios de la universidad, el edificio central, habíamos previsto que sería ahí donde se instalaría el alto mando, era el más céntrico, aparentemente más protegido, el más alto... entramos con rapidez deseando que aún no hubiesen llegado, confiábamos en el factor sorpresa, si cuando llegasen ya estábamos posicionados habríamos hecho la mitad del trabajo. Subí rápidamente las escaleras para situarme en la última planta, detrás fui dejando a cada uno de los demás en sus sitios, todo iba según lo previsto, antes de subir el último tramo volví la vista atrás y me encontré con el rostro cómplice de Regi, me guiñó y me instó a seguir adelante, hasta en un momento como ese conseguía tranquilizarme.
La puerta de la azotea estaba abierta, apoyé mi M24 y me acomodé, no debía ponerme nervioso, esta tarea era sencilla comparada con lo que hacía cazando en el bosque, solo había una entrada al entramado de edificios y la tenía en mi punto de mira, no había nada que me distrajese, estaba preparado para disparar al menor movimiento. Todos estaban en su sitio, como cuando das una fiesta para alguien que no se lo espera, todos impacientes y nerviosos, deseosos de gritar ¡Sorpresa!
Se retrasaban. Cada vez notaba las palpitaciones más fuertes en mi cabeza, ¿qué demonios pasaba? Se retrasaban y no es que hubiese mucho trafico en esta ciudad, en los últimos meses ver un vehículo en movimiento era como ver un unicornio. Por un momento me quedé paralizado, esperaba el sonido de los tanques, coches, camiones o donde quiera que apareciese el enemigo, pero este ruido era muy diferente, incluso pensé que mis sienes habían reventado por la presión de la sangre, pero no, indiscutiblemente eran disparos, se oían en los pisos inferiores. Cómo era posible, no los había visto llegar, estaban dentro, cómo habían entrado. Comencé a mirar a mi alrededor, no podía pensar con el eco de los disparos, todo estaba en calma ahí fuera pero dentro se olía a masacre. Ahora no tenia sentido guardar la posición, no tenía nada que perder y decidí no quedarme allí ni un momento mas e ir a ayudar a mis compañeros, causar el máximo de bajas posibles.
Fue justo en ese momento cuando lo vi, siempre había pensado que las casualidades no existen pero nunca había estado tan seguro de ello. Pasó delante de la ventana de un edificio próximo, el edificio más bajo, más pequeño y el aparentemente menos protegido. La silueta era inconfundible. El general Nuada, como todo cobarde tapaba su rostro con una mascara y realmente llevaba una mano cubierta por una armadura plateada, no podía ser otro. De pronto, a la vez que las manos se enfriaban con un sudor helado, un montón de imágenes se agolparon en mi mente, las fotografías de los seres queridos de mis compañeros colgadas en las sucias alcantarillas, aquellos por los que luchaban, el silencio en la montaña, la primera vez que maté un animal, la primera vez que maté a un hombre, ella...
Corrí por las escaleras de incendios, corrí como nunca he corrido hasta que me percate que dos danaanos cubrían la puerta principal, entonces me paré en seco, no se habían percatado de mi presencia, pecaban de exceso de confianza tal y como nos había pasado a nosotros. Me eché al suelo, respiré hondo y encaré el rifle. Debía hacer dos tiros rápidos y certeros, acaricié el gatillo, observé sus siluetas a través de la mira y apreté. No recuerdo como sucedió pero en un pestañeo los dos cuerpos yacían en el suelo, el tiro al plato sin movimiento pierde toda la emoción.
Ya no podía seguir cargando con el M24, coartaba demasiado mis movimientos así que saqué la pistola de la pistolera, y sin pensar, terminé el recorrido hasta el final de la escalera. Solo una carrera me separaba del edificio, el sonido de los tiros poco a poco se fue sustituyendo por el de los llantos y las lamentaciones, mis peones estaban cayendo, pero no era en vano pues ellos habían descuidado a su reina. Entré por la puerta principal, avancé lentamente por un largo pasillo con la pistola levantada, no dudaría en disparar a cualquiera que se pusiese delante. Algo comenzó a no oler demasiado bien, estaba todo demasiado tranquilo, era cuanto menos sospechoso, nunca dejarían una pieza tan importante al cuidado de dos peones débiles. Planta baja limpia. Todos estos pensamientos iban y venían en mi cabeza, me distraje, me asomé al hueco de la escalera y noté un fuerte golpe en la nuca, no era momento de perder el conocimiento, no era momento, pero pasó.
Debió transcurrir poco tiempo cuando empecé a recuperar la conciencia, a mi alrededor solo oscuridad, el cuerpo me pesaba, y el golpeteo de las pulsaciones en mis sienes había pasado a mi nuca, no quería asustarme pero un hilo caliente recorría mi cuello. Por qué no me habían matado, o acaso ya estaba muerto, no sabía dónde estaba pero no tenía pinta de infierno. La puerta se abrió de golpe y un halo de luz me descubrió que mi prisión no era más que un cuartillo de la limpieza. Note unas manos que me levantaban del suelo, intente luchar pero lo máximo que conseguí fue una nariz rota, la mía. Estaba debilitado, arrastraron de mi un par de metros y me soltaron en el suelo de una amplía habitación blanca.
No podía ser más típica la imagen: un butacón, una figura sentada en él, a su derecha la guapa, alta y seductora secretaria (digámoslo así) y confidente del general Nuada. La mano de plata hizo un gesto y los brutos que me habían arrastrado como saco de patatas se retiraron al instante, al igual que el perfecto cuerpo de su ayudante. Nos quedamos solos. Me costaba hasta enfocar la mirada, la luz que entraba por dos grandes ventanales hacían que la habitación pareciese aún más blanca, estaba deslumbrado pero eso no evitó que cuando el general Nuada se quitó la mascara viese esos penetrantes ojos que creí que no iba a volver a ver en mi vida, quizá era la única persona a la que no podría matar nunca, ella...
Estábamos todos posicionados, estaba cagado de miedo y lo único que me había salido para desear suerte a mi compañero cuando se dirigió a la azotea fue un guiño tonto, espero que le hubiese ido mejor que a nosotros. Nos habían pillado, nos habíamos convertido en la presa. Me había cargado a cada capullo que se había asomado a la puerta del despacho en el que estaba refugiado, a cada uno hasta que se me acabó la munición y reinó el silencio. Saqué mi p9, mi preciosidad no me había fallado nunca, qué podía hacer ahora, qué podía hacer. Un montón de ideas aparentemente inconexas fueron uniéndose como en un rompecabezas, había un traidor, sabían nuestras posiciones exactas, la ruta que íbamos a seguir... Hans, él había elegido el camino... aunque Baloor, el francotirador, conocía mejor que nadie todos los movimientos que íbamos a realizar, era el único que no estaba dentro del edificio, pero no, no podía ser él, no podía ser él pero yo tenía que salir de dudas.
Salí de detrás del escritorio, me asomé con un rápido movimiento de cabeza al pasillo, me había parecido ver el talón de un cerdo danaano, volví a sacar la cabeza y allí estaba. Disparé y un alarido siguió al sonoro ruido seco del tiro. Me fui para él sin preocuparme de si había más por allí, por suerte no los había. Le agarré del chaleco, le quité el casco y empecé a pegarle con todas mis fuerzas, no le veía a él, no veía a la persona que era, solo tenía que acabar con la rabia de haber visto morir a los que luchaban conmigo, dejó de moverse y aún le pegué un par de puñetazos mas, lo solté y corrí escaleras arriba hacia la azotea.
Allí no había nadie, di un par de vueltas hasta que vi las escaleras de incendios, tuvo que bajar por ahí, no había otra salida, y, en efecto, ahí a mitad de la escalera estaba su rifle, en una posición perfecta apuntando a un edificio. Me tumbé tomando el M24 en mis manos, estaba preguntándome por qué apuntaba en esa dirección cuando vi los cuerpos de dos danaanos en la puerta del edificio, comencé a mirar a través de la mirilla cada una de las ventanas y mis peores sospechas se confirmaron entonces, detrás de unos enormes ventanales estaba mi compañero, Baloor estrechando una mano, una mano de plata. En ese momento, para mi sorpresa, me miró, abrazó al general y me guiñó, en ese mismo instante disparé, como si su guiño hubiese estado cogido con un hilo a mi dedo como si fuese una marioneta. Disparé y atravesé los dos cuerpos que cayeron en el acto.
Más tarde, cuando logré llegar a la habitación hacia donde había apuntado y disparado no podía salir de mi asombro, Nuada no era un temible hombre enorme con bigote rizado hacia arriba y potentes pectorales, era una mujer mas bien pequeña cuyo rostro ya había visto antes entre las fotografías de las cloacas. Ahora sé que Baloor no era un traidor, que contribuyó con su dolor a que brille la esperanza entre las tropas de la rebelión y su recuerdo nos da fuerzas para seguir en la guerra contra el terror.
Barbuo
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A veces leer y entender es bueno.
Jack necesitaba terminar su misión, solo tenía 24 horas, pero no podría conseguirlo él solo, necesitaba también encontrar a un nutrido grupo de gente que fuesen capaz de ayudarlo en esta dura misión, el opinaba que con ser unos 9 eran suficientes.
- Hola, soy Jack y aquí estoy en un antro de mala muerte pensando en como montar un grupo de la nada, que quiera ayudarme y que encima todo se haga en 24 horas. Y lo peor de todo para esta misión, que ni tiene pies ni tiene cabeza.
- Jack termínate esa cerveza que tiene pinta ya de estar caliente. – Dijo el camarero (Moe se hacía llamar).
Jack saboreaba el amargo sabor de su San Miguel calentorra, en su sobaquera una Glock 18C y la sola idea de acabar la misión lo antes posible.
- Moe, la cuenta que me piro, tengo cosas que hacer. ¿Por cierto no tendrás por ahí algún fusil o pistola que me puedas prestar no?
- Pero que dices Jack, ¿estamos locos? Ve a la trastienda anda que te voy a dar la “cuenta” allí.
Jack se acercó a la trastienda, iba algo mareado, dado que esta última cerveza de la que hablaban antes no fue la primera, ni la segunda que se tomaba esa noche. Moe llegó a los pocos segundos, - esto Jack lo hago por amistad simplemente. Entonces Moe abrió una caja de unas dimensiones considerables y empezó a sacar fusiles AK47, Jack no salía de su asombro.
- Pero Moe, ¿de donde sacas estas cosas?, ¿no tendrás también unos trajes de camuflaje?
- Jack aunque lo parezca no todo se paga con dinero en estos tiempos que corren y menos aquí en esta ciudad. Y si, si que tengo unos trajes de camuflaje, bueno ¿Cuántos fusiles y trajes necesitas Jack?
- Pues necesito al menos nueve de cada uno.
- Dalo por hecho Jack.
Moe preparó otra caja, la llenó con los fusiles, los trajes de camuflaje (Woodland en este caso) y de regalo echo alguna granada de mano que por allí encontró. Jack pasaría a recoger la mercancía dentro de unas horas, antes debía empezar a encontrar a “la compañía” que le haría poder resolver su misión en 24 horas.
La suerte sonrió a Jack, nada mas salir del antro de mala muerte (serían las 00:45 de la noche, el plazo de 24 horas se cumplía a las 00:00 del siguiente día), al ir un poco contento, estuvo a punto de meterse en la carretera y ser atropellado por un misterioso coche negro, este tuvo que frenar bruscamente, el tipo salió del coche algo alterado para increpar a nuestro valiente Jack, pero no fue así, al ver Jack quién salía del coche solo pudo sonreír.
- Coño Batman ¿pero qué cojones haces por aquí?
- Bauer ¿eres tú?
- Claro Batman soy yo, que suerte joder, me tienes que hacer un gran favor, ¿te apuntas a una misión que tengo que hacer en menos de 24 horas?
- Eso no se pregunta Jack, sabes que contigo al fin del mundo.
- Pues aparca el maldito cacharro que tienes por coche y ayúdame a buscar a más gente, yo creo que con 7 más podemos formar una buena “compañía”.
- ¿Y que seremos la compañía de los 9? – Dijo Batman. Pareciéndole que eso ya existía anteriormente.
- Efectivamente Batman, seremos la compañía de los 9.
Jack y Batman prosiguieron su búsqueda, Batman dio la idea a Jack de ir a buscar al barrio de mini Italy, allí Batman tenía a un buen compañero de batallitas, se hacía llamar Vito, Vito Corleone para ser mas exactos.
Una vez llegaron al barrio, Batman tocó en la puerta de Vito, este le recibió, algo malhumorado por las horas que eran. Pero al ver Vito a Batman todo fueron sonrisas y gratos recuerdos. Batman presentó a Bauer ante Vito y este lo recibió con los brazos abiertos. – Bienvenido a la Familia. - Le dijo Vito a Bauer.
Jack le comentó toda la historia a Vito resumiéndola en los momentos que podía, tampoco quería extenderse mucho, el tiempo corría y no estaba precisamente de su parte. Vito, que por cierto era Don, escuchó atentamente la historia y dijo que podría ayudar, pero que con él no contaran, él no se mancharía las manos de sangre, pero que a cambió daría a tres de sus hombres de confianza para tal misión. El primero de ellos era Johnny “Labios Sellados”, no hablaba mucho pero era fiel como ningún otro, el segundo era Luca Brassi, un gordinflón con cara de buenazo, pero que a la mínima te sacaba la pistola y te pegaba un tiro en la cara, y el tercero de ellos era otro gordinflón, que en sus ratos libres hacía de actor e intentaba parecerse a Don Vito, Tony Soprano.
De la casa de Don Vito salieron los cinco sabiendo que su única misión era hacer caso a Jack, eran hombres leales, la vida les había enseñado que siendo leal es como se llegaba lejos en sus convicciones.
Ahora tocaba buscar a dos mas, eran casi las 2:00 de la madrugada, el tiempo corría, entonces Jack se acordó de una taberna cercana, donde podría encontrar seguramente a su querido amigo de la infancia y a algún hombre más que no le importara mucho su vida.
Anduvieron un buen rato, hasta que llegaron al barrio de Bree, allí delante de la puerta del Poney Pisador se detuvieron, era una taberna algo rara, parecía sacada de un relato de Tolkien, si el del Señor de los Anillos, Jack tragó saliva, sabía que si su amigo estaba allí no sería bien recibido por él, habían tenido demasiadas rencillas en el pasado, pero también sabía que le ayudaría si realmente lo necesitaba.
Jack entró solo, no quería que nadie mas le acompañara, una vez dentro se detuvo a pocos pasos de la puerta, todos se le quedaron mirando, pero a los segundos dejaron de hacerlo, Jack estaba contrariado, el aspecto exterior de la taberna y el interior parecían concordar perfectamente. De pronto Jack vislumbró la pipa de fumar de Trancos, así se llamaba su amigo de la infancia. Jack se acercó a Trancos.
- Hola Trancos, te necesito, es importante.
- Hola Bauer, cuanto tiempo, sabes que si me necesitas, estoy dispuesto a ayudarte.
- Si, pero…
- Pero ¿Qué?
- Pues que con espada y capa poco me vas a poder ayudar.
- Pues así o no voy tú verás.
- OK, no hay problema, salgamos, que te quiero presentar a una parte importante de la misión en la que me vas a ayudar, una vez estemos todos la contaré, y contaré los detalles.
- OK.
Jack y Trancos salieron del Poney Pisador, de pronto y sin mediar palabra todos vieron horrorizados como Trancos sacaba la espada y le cortaba la cabeza a Batman.
- Pero que haces maldito hijo de perra. – Increpó Jack a Trancos.
- Coño, que lo confundí con un Nazgul, ¿no lo era?
- No joder, no lo era, ahora a buscar a otro, y todavía faltan tres, joder, joder que mierda. – Dijo Bauer.
- No hay problema Jack, tengo amigos en la taberna.
Trancos metió la cabeza por la puerta de la taberna y silbó, de ella salieron cuatro enanos, uno se llamaba Frodo (nombre raro donde los haya), otro se llamaba Sam, otro Merry y otro Pippin, no servirían de mucho, pero para hacer de comer y ponerlos de señuelo eran perfectos.
Y así es como nuestra compañía de los 9 quedaba formada, Jack a la cabeza, el era la cabeza pensante del plan y el que daría mas caña, Trancos sería su mano derecha, y el resto simplemente sería pasto del fuego cruzado.
Eran las 3:00 de la mañana, Jack dijo al resto que debían ir a por las armas y todo lo necesario a la taberna de Moe, si, iban de antro en antro pero los cabrones no consumían.
Una vez que estaban allí en la taberna de Moe, se armaron, todos se ataviaron con los trajes de camuflaje que Moe les había proporcionado, todos, menos los enanos, que mientras Jack relataba la misión y en que consistía, estos se dedicaron a darle pespuntes a los Woodland. Al final, todos estaban con los Woodland puestos, y un AK47 bajo el brazo, aunque para los enanos más bien parecían M-14.
*****
La misión:
La misión era sencilla, únicamente tenían que entrar en la mansión de Pablo Escobar y evitar que “derramara” por las calles su tan preciada droga, si no lo evitaban en el plazo de 24 horas esta droga llegaría a la calle, y lo que es peor, mucha gente moriría por ello.
*****
Con todos los preparativos y charlas varias dieron las 9:00 de la mañana, claro que también cayeron algunas cervezas de más. Entrarían por la mañana y a plena luz del día, este momento sería el menos esperado, ya que siempre se ataca por la noche ¿no?
Llegaron al punto de ataque, la mansión de Escobar era una mansión grande, había guardias a casco porro, más de la cuenta posiblemente, pero no había miedo, había que cumplir la misión y eso haría.
Tenía que ser rápido, el tiempo corría en contra suya, y que mejor manera de hacerlo que entrar de la manera mas silenciosa posible.
El caso es que no fue así, allí cada uno entró como le pareció. Digamos que se lió la gorda. Los tiros venían tanto de sus AK47 como de las nuestras, cada uno se refugiaba donde podía, las granadas volaban de un sitio para otro, Jack que estaba viendo lo que en un segundo se lió, no daba crédito, se puso las manos en la cabeza, y dijo - pero Dios mío, ¿que está pasando? Los enanos muy listos ellos se escondían donde les salían de los cojones. Johnny “Labios Sellados”, herido en el brazo izquierdo no decía nada, simplemente pegaba tiros con una mano. Trancos iba de un lado para otro haciendo “espartazos” y cortando cuellos a mansalva, increíblemente ninguna bala le daba, es mas, dudo que supiera lo que es una bala, Jack mientras seguía incrédulo ante lo que pasaba.
La cosa se alargó y se alargó, los tiros cada vez eran menos, pero aún continuaban, por fin, cesaron. Escobar escondido en su casa, solo ante el peligro empuñaba una minimi, no dejaría que le dieran por culo tan fácilmente, digo que no.
Nuestros 9 valientes, que ahora eran 9 menos un brazo, forzaron la puerta de la casa, pero en vez de buscar a Escobar el feliz Trancos, cogió dos piedras, hizo fuego y le metió fuego a la casa, así seguro que salía Escobar. Para más INRI, Luca Brassi iba vaciando sus petacas de whisky para que el fuego hiciera mayor efecto, no querían que la droga llegase a la calle, pues de allí no iba a salir eso seguro.
Eran ya la 1:00 de la tarde, la mansión ardía pero Escobar se resistía a salir, pero al final tuvo que hacerlo, salió pegando tiros, pero un certero tiro de Tony Soprano impactó en el pecho de Escobar.
Todos se acercaron a Escobar para increparlo, pero este mantenía una sonrisa en su cara, ¿después de pegarle un tiro y saber que va a morir, sonreía?
Intentó hablar, y pudo hacerlo, de su boca moribunda salieron estas palabras.
- Jajajajaja, las 24 horas pasaban a las 12:00 no a las 00:00, llegas tarde Jack, llegas muy tarde, la droga ya está en las calles.
Justo después de decir esto Escobar murió.
Jack sorprendido por su mala interpretación no dijo ni una sola palabra, nada podía salir de su boca, solo lo inundaba un desasosiego que le hacía tener un malestar infinito, acto seguido Trancos un poco mosqueado por fracasar la pegó un tiro en la cabeza a Bauer y dijo. – Todos a casita que aquí no ha pasado nada. Y todos se fueron. Parece ser que si sabía Trancos lo que era una bala al final.
Terrorist Win (¿o no Manué?).
Ahí van mis votaciones:
Miki---->2 points
Cristina---->1 point
Ahí van mis votaciones:
Cristina---->2 points
Fran---->1 point
Cristina: 2 puntos.
Setito: 1 punto.
Mononoke
18-11-2007 , 00:07
Miki: 2 puntos
Setito: 1 punto
Bueno la cosa por ahora va así:
Killo: 2 + 2 = 4
Setito: 1 + 1 = 2
Barbuo: 2
Franxi: 1 + 1 = 2
Mononoke: 2 + 2 + 1 = 5
Mononoke: 5 puntos.
Killo: 4 puntos.
Barbuo: 2 puntos.
Franxi: 2 puntos.
Setito: 2 puntos.
Esta noche a las 23:59 queda cerrada la votación y concluido el primero concurso de relatos bélicos.
Por mi reloj ya son las 00.00 pasadas.
Así que quería felicitar a la ganadora del primer concurso de relatos bélicos EAT.
http://img181.imageshack.us/img181/3776/animapplausevivh4.gif
Enhorabuena Cristina!!!!
Este concurso me ha servido también para saber cuan flojo es Juanma, que no ha sido capaz de leerse los relatos y deliberar. Que flojancano eres :wink:
Por mi reloj ya son las 00.00 pasadas.
Así que quería felicitar a la ganadora del primer concurso de relatos bélicos EAT.
http://img181.imageshack.us/img181/3776/animapplausevivh4.gif
Enhorabuena Cristina!!!!
Este concurso me ha servido también para saber cuan flojo es Juanma, que no ha sido capaz de leerse los relatos y deliberar. Que flojancano eres :wink:
+1
Enhorabuena a todos los participantes.
Enhorabuena Cristina.
Pd. Qué era una bola de bolsas o una bolsa de bolas?