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Aliá y sionismo

Andrés
28-12-2007 , 07:40
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La Aliá es un término hebreo utilizado para denominar a la inmigración de cualquier judío del mundo a Israel. La pregunta tal vez es: ¿por qué Israel?

El término sionismo comenzó a utilizarse a fines del siglo XIX para designar al movimiento que reunido en Basilea en el año 1897 definió como su objetivo principal:

“crear un hogar nacional para el pueblo judío en la tierra de Israel”

¿Por qué en la tierra de Israel? Escribe al respecto Shlomo Avineri:

“En la raíz sionista yace una paradoja. Por un lado, no caben dudas sobre la profundidad e intensidad del nexo entre el pueblo judío y la Tierra de Israel: siempre existió una comunidad judía, aunque pequeña, viviendo en Eretz Israel; y siempre hubo un puñado de judíos que llegaron a Tierra Santa para vivir y morir en ella. Más aún, durante dieciocho siglos de exilio, el lazo con la Tierra de Israel se mantuvo presente en el sistema de valores de las comunidades judías a lo ancho del mundo, y en su autoconciencia de grupo. Si este lazo hubiera sido roto y los judíos no hubieran considerado a la Tierra de Israel como el país de su pasado y su futuro, entonces el Judaísmo se hubiera convertido en una mera comunidad religiosa, perdiendo sus elementos étnicos y nacionales. Lo que distinguió a los judíos de las comunidades cristianas y musulmanas mayoritarias en cuyo seno residieron durante dos milenios no fueron solamente sus creencias religiosas diferentes, sino también su nexo – tenue y nebuloso, como bien pudo haber sido – con la patria distante de sus antepasados. Ello ocurrió porque los judíos fueron considerados por los demás – y se consideraban a sí mismos – no solamente una minoría, sino una minoría exiliada…
Esta es, entontes, la paradoja: por un lado, un fuerte sentimiento de unión con la Tierra de Israel, que llegó a ser quizás la característica más distintiva de la autoidentidad judía; por el otro, una actitud inmóvil hacia cualquier consecuencia práctica u operacional de este cometido.

Avineri, Shlomó. La idea sionista. Pág. 1314”


Aliá (ascenso, inmigración a Eretz Israel)

La Aliá a Eretz Israel, ya sea individual o grupal, no fue interrumpida a lo largo de los dos mil años de exilio. Su continuidad reforzó el espíritu del Yishuv (colectividad judía) en Eretz Israel, aseguró su existencia, estableció relaciones entre el Yishuv y la diáspora, y fortaleció las aspiraciones de redención (Gueulá) y el resurgimiento nacional. Los inmigrantes (Olim) consideraban su Aliá un mandamiento (Mitzvá) importante, ya que es virtud residir en Eretz Israel, e incluso ser enterrado allí. Se consideraba un gran mérito peregrinar a Eretz Israel para llorar por su destrucción y visitar las tumbas de los justos.

Durante los siglos de exilio hubo judíos que, a título personal o en pequeños grupos, expresaron su apego a la tierra de Israel por medio de la Aliá (ascenso a Israel):

En el siglo VII, tras la conquista musulmana, se estableció en Jerusalén una comunidad que se llamó Avelei Tzión (dolientes de Sión). Era un grupo profundamente religioso que se dedicó a lamentar la destrucción de Jerusalén absteniéndose de comer carne y beber vino. Rechazaban toda actividad mundana viviendo en condiciones de extrema pobreza. Dependían para su subsistencia de las donaciones que llegaban de la diáspora y de los eventuales peregrinos.

En el siglo IX se congregaron en Jerusalén y también en Ramle (cerca de la actual Tel Aviv) grupos de Karaím. Esta comunidad logró en el siglo X un notable desarrollo cultural. Imitaron en sus costumbres y estilos de vida a los Avelei Tzión.

En los siglos XII y XIII hubo varios emigrados famosos: Iehuda Alevi en el año 1141 y trescientos rabinos de Francia e Inglaterra en el año 1211 liderados por Ionatán Ben David Hacohen de Lunel. Esta Aliá alentó a otras como la de Iejil de París en el año 1244 y la de Najmánides (el gran sabio español Rabi Moshé Ben Najmán) en el año 1267.

A partir del siglo XV las comunidades de Jerusalén y especialmente la de Safed crecieron con la llegada de los sefaradim expulsados de España. Safed se convirtió en el centro de la Cabalá.

En el siglo XVII se estableció en Jerusalén Shabetai Tzvi donde comenzó su acción mesiánica en el año 1660 apoyado por el cabalista Natán Ashkenazi que vivía allí.

En el siglo XVIII diversos grupos de jasidim se radicaron en los lugares sagrados a la tradición, especialmente Jerusalén, Tiberíades, Hebrón y Safed. El primero de ellos llegó en el año 1764 liderado por dos discípulos del Besht: Menajem Mendel de Peremishiliany que se radicó en Jerusalén y Najman de Jorodenko que lo hizo en Tiberíades. Los siguieron los rabinos Menajem Mendel de Vitebsk y Abraham de Cáliz acompañados por unas trescientas familias. En la misma época llegaron también discípulos del Gaón de Vilna que se radicaron en Jerusalén. Entre ellos había talmidei-jajaim (estudiosos del Talmud) y artesanos.

Como se podrá observar en los anales de la historia, hubo muchas Aliot (plural en hebreo para Aliá), cuya mayoría estaba conformada por grupos religiosos que deseaban morir en la tierra de sus ancestros, el mismo territorio que Dios le había prometido a Moisés. No obstante, hubo un cambio revolucionario con las nuevas Aliot sionistas de fines del siglo XIX. Este cambio, esta diferencia al resto de las inmigraciones, radicaba en el hecho de que los jóvenes judíos que hacían Aliá desde Europa no lo hacían por el simple hecho de vivir o morir en Eretz Israel como simples individuos (como lo habían hecho todos los personajes anteriormente expuestos), sino que pretendían inmigrar hacia Israel con un objetivo nacional bien claro: reconstruir el Estado judío. Es decir, no eran simples huéspedes de un imperio que aceptaba recibirlos en una de sus colonias, sino militantes políticos que hacían Aliá por un sueño que iba más allá de sus deseos personales, un sueño que querían ver realizado por el bien de todo el pueblo judío, el sueño de que algún día el resto de los judíos del mundo siguiera sus pasos, el sueño de volver a ser un pueblo libre en su tierra ancestral. Esa es la principal diferencia de las antiguas y modernas Aliot. En la década de 1880 comenzaron a llegar los primeros judíos, obreros jóvenes e intelectuales provenientes de Rusia principalmente, hartos del antisemitismo y la pobreza, a la Tierra de Israel (en ese entonces en poder del Imperio Turco) para trabajar la tierra, construir nuevos hogares, secar pantanos y plantar una bandera de independencia hebrea, inspirar a otros judíos a que hagan lo mismo y obtener la independencia política para reconstruir un Estado judío en el mismo lugar donde habían sido expulsados y desterrados sus ancestros hacía diez y siete siglos. A esos “locos” soñadores Natan Birmaum los llamó sionistas (de la palabra Sión), aquellos que pretendían darle una tierra sin pueblo a un pueblo sin tierra. El primer grupo de estos pioneros fue la organización Bilu y los Jovevei Tzión (amantes de Sión).

En San Petesburgo se formó Ajvat Tzión (Hermandad de Sión). En sus estatutos afirmaban:

“No habrá solución para el pueblo de Israel mientras no se establezca un gobierno propio en Eretz Israel”

En Minsk se organizó el grupo Kibush Nidjei Israel (Organización de los judíos relegados de Israel) que sostenía:

“… Es necesario buscar para todos los dispersos un lugar especial, aislado, en el que puedan congregarse todos los componentes de la comunidad hasta que todos los asuntos del estado, la ley y la administración estén, en el transcurso del tiempo, en manos de hebreos únicamente, y todo se resuelva de acuerdo con lo que ellos digan…
Solamente estará dirigido el estado por los hijos de Israel cuando estos constituyan al menos la mayoría entre los residentes de ese país…”

A pesar de las declaraciones (que son meros deseos), no todos los grupos estaban dispuestos a realizar una acción directa y más comprometida. Sólo algunas de las agrupaciones enviaron delegados para “examinar el país” y en algunos casos con la misión de comprar tierras en Eretz Israel. Entre éstas se encontraba Bilu (acróstico del versículo de Isaías II, 5: “Beit Iaacov, leju veneleja”; casa de Iaacov id e iremos…) que se formó en el año 1881. En el manifiesto de la sociedad escribieron:

“¡A nuestros hermanos y hermanas en el exilio! “¿Si no me ayudo a mí mismo, quién me ayudará?”
Casi dos mil años han pasado desde que después de una lucha heroica contra el Imperio Romano, la gloria de nuestro Templo se esfumó en el fuego y nuestros reyes y jefes trocaron sus coronas y diademas por las cadenas del exilio. Perdimos nuestro país, donde habían morado nuestros antepasados. Al exilio llevamos sólo una chispa del fuego que rodeaba a nuestro Templo, esa pequeña chispa nos mantuvo vivos mientras las torres de nuestros enemigos se convertían en polvo, y esa chispa se convirtió en una llama celestial y arrojó luz sobre los héroes de nuestra raza y los inspiró para que soportaran los horrores de la danza de la muerte y las torturas de los autos de fe. Y esa chispa se está avivando nuevamente y brillará para nosotros, un verdadero pilar de fuego que nos precederá en el camino a Sión, mientras que detrás de nosotros se halla un pilar de nubes, el pilar de la opresión que amenaza destruirnos.

¿Qué has estado haciendo nuestra nación hasta 1882? Durmiendo y soñando el falso sueño de la asimilación. Ahora, gracias a Dios, has despertado de tu encantado sueño. Tus ojos están abiertos para reconocer las nubosas esperanzas engañadoras. ¿Puedes tu escuchar en silencio los vituperios y mofas de tus enemigos? ¿Dónde está tu antiguo orgullo, tu antiguo Templo celestial cuyo muro sigue siendo un testigo silencioso de las glorias del pasado, cuando tus hijos moraban en palacios y torres y tus ciudades florecían en el esplendor de la civilización, mientras que estos enemigos tuyos moraban como bestias en las ciénagas fangosas de oscuros bosques. Mientras tus hijos vestían de púrpura y lienzo fino, ellos lucían las rústicas pieles del lobo y del oso.

Irremediable es tu estado en occidente. La estrella de tu futuro está brillando en oriente. Profundamente concientes de todo esto; e inspirados por la verdadera enseñanza de nuestro gran maestro Hillel: “Si no me ayudo a mi mismo, ¿quién me ayudará?”; proponemos formar la siguiente sociedad con fines nacionales:

1. La sociedad se llamará “Bilu”, según el lema “Casa de Iaacov, id e iremos”. Estará dividida en ramas locales según el número de sus miembros.
2. El Asiento del Comité será Jerusalem.
3. Las donaciones y contribuciones serán libres e ilimitadas.

Deseamos:

1. Una patria en nuestra tierra. Nos fue dad por la merced de Dios; es nuestra, como está escrito en los archivos de la historia.
2. Pedírsela al Sultán y si es imposible obtener esto, pedir que al menos podamos poseerla como un Estado dentro de un Estado más grande; que la administración interna sea nuestra, que poseamos nuestros derechos civiles y políticos y que actuaremos con el Imperio Turco sólo en los asuntos exteriores para poder ayudar a nuestro hermano Ismael en esta época de necesidad.

Esperamos que los intereses de nuestra gloriosa nación despierten el espíritu nacional en los hombres ricos y poderosos y que todos, ricos o pobres, ofrezcan sus mejores esfuerzos a la causa sagrada.
¡Saludos, queridos hermanos y hermanas! ¡Shemá Israel! El señor nuestro Dios es uno y nuestra tierra de Sión es nuestra única esperanza. ¡Dios sea con nosotros!

“Los Jalutzim (pioneros) de Bilu”


Pocos años más tarde, en 1896, el asimilado intelectual judeo-austriaco Theodor Herzl escribió un panfleto estrictamente político y práctico donde decía que la solución para el problema judío (el antisemitismo, el sufrimiento eterno de su pueblo) radicaba en el hecho de crear un Estado judío donde los judíos puedan vivir libres y en paz, a ese libro lo tituló “Der Judeenstat” (el Estado judío). Y un año más tarde, a principios de septiembre de 1897, un grupo importante de judíos se reunió en un congreso en Basilea para establecer los objetivos políticos del movimiento sionista y legalizar de alguna manera las aspiraciones de aquellos jóvenes judíos rusos (que habían hecho Aliá hacía pocos años atrás) de establecer un Estado judío en la tierra de sus antepasados. Había nacido el Sionismo, cuya expresión máxima fue la Aliá y la creación del moderno Estado de Israel en 1948.

Otra pregunta tal vez sea: ¿luego de la Aliá y la creación del Estado de Israel sigue existiendo sionismo? Es decir ¿se puede ser sionista ahora? ¿se puede ser sionista luego de hacer Aliá? ¿se puede ser sionista en Israel? La respuesta es SÍ. La Aliá es el medio, no el fin. Por supuesto que la Aliá es uno de los pilares fundamentales del movimiento sionista, pero no el único. En Israel ser voluntario en el Tzahal, ayudar al país de cualquier forma, ser enfermero en un hospital en Rehovot, trabajar en un kibutz, hacer Hasbará (esclarecimiento) en los medios de comunicación o ayudar a otros inmigrantes (Olim) a instalarse, son varias formas de ser sionista. Y también es una forma honorable de bendecir la memoria de aquellos pioneros que alzaron la bandera del orgullo hebreo y la independencia, aquellos que entonaron primero la canción en sus labios: “ser un pueblo libre en nuestra tierra de Sión y Jerusalén”.


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