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El secuestro de Relara (historia de Los Lobos de Astranaar)

Xue
09-10-2007 , 12:01
Y aqui la historia de los lobos (de astranaar). Igual que la de Xuê, la escribí hace un montón y se da de patadas, pero bueno, espero que os guste!
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El barro salpicaba las botas de los aldeanos. El chapoteo sonaba alborotado y confuso, como los pensamientos que les asaltaban la mente antes de sentir el aliento orco en la nuca.
Los centinelas no daban abasto con el aluvión de flechazos, lanzas y hechizos que llegaban desde el lado oriental del pueblo. Al otro lado del puente los brujos y hechiceros de la Horda lanzaban sus conjuros y maldiciones, mientras los guerreros de armaduras sucias y ensangrentadas ajusticiaban a los guardias.
Todo era confusión. Raene y Daelyshia fueron a defender el puente occidental de Astranaar, ya que prácticamente todas las fuerzas militares se hallaban concentradas en el otro lado de la aldea.
Tras un rato de confusión, se oyó un grito espeluznante que venía del hogar de los Lunablanca. La hija de Pelturas, Relara, había desaparecido.
Mientras el resto de aliados llegaban desde Auberdine, Azshara e incluso desde el mismísimo territorio de los Baldíos, una joven pareja de elfos que trabajaban bajo las ordenes de Raene en Vallefresno, acabando con la corrupción de los fúrbolgs Zarpaverde y Piel de Cardo, acudieron al oír la alarma.
Se encontraban en el camino principal cuando vieron que una montura demoníaca se dirigía hacia ellos como un rayo. Había algo de raro en ella, no era de este mundo… sus patas envueltas en llamas, los ojos, de un color negro azabache relucían en la oscuridad de la noche y las crines golpeaban en la cara al jinete: El joven hijo de Sylvannas Brisaveloz.
Una pobre alma en pena, un desgraciado joven sediento de venganza por lo que el malvado Arthas le hizo a su madre. Deseaba como nada en el mundo la inmortalidad de su madre sin renunciar la belleza del mundo humano. La putrefacción de Entrañas le resultaba nauseabunda, y manipulado por Profano, organizó semejante matanza contra los habitantes de Astranaar para llevarse consigo la belleza e inmortalidad de Relara, la joven elfa, que yacía delante del joven brujo.
Casi instintivamente, ordenaron a sus bestias atacar al corcel. La primera acometida fue brutal, tanto Kyra como Ragnar fueron incapaces de frenar la embestida del caballo.
Tan rápido como pudieron, los dueños de las bestias pusieron sendas trampas en el suelo. Senagul apartó a Alexsandra del camino para evitar que el brujo la arroyase. En cuanto el caballo pisó la primera de las trampas, un manto de hielo comenzó a entumecer los músculos del animal, congelándolo poco a poco. Pero el poder del brujo era excesivo para ellos, y a medida que se congelaba, el calor de las llamas derretía el hechizo. Kyra se incorporo, y fue entonces cuando se lanzó al lomo del animal, mientras Ragnar buscaba el cuello del corcel, que no dejaba de agitarse de dolor.
El joven brujo era poderoso, pero demasiado soberbio como para no precipitarse en sus conclusiones. Cierto es que con un simple gesto provocó importantes daños en todo lo que le rodeaba, en los animales, en las plantas, en los cazadores y sus mascotas. Para no perder tiempo echó a correr abandonando al corcel a su suerte.
Alexsandra y Senagul gritaban pidiendo ayuda para detener al cerdo que se llevaba a la hija del noble Pelturas y cuando daban todo por perdido, de entre los matorrales aparecieron tres jóvenes guerreros: el joven amigo del cazador, un audaz y curioso Serinthor; la impulsiva Linnaren y un prudente Xuê, joven que también se había cruzado en su camino.
Los tres saltaron sobre el brujo derribándole y cayendo sobre el barro. Las armaduras de los jóvenes le presionaban, y Relara yacía inconsciente a un par de metros de distancia.
El joven neófito irradiaba un calor irracional que los guerreros casi ni sentían tan llenos de ira como estaban, las mejillas ardiendo, los músculos tensos. De repente una sangrienta explosión les lanzó contra los fuertes y añejos troncos de los árboles.
El brujo se incorporó.
- Necios!! No hacéis más que retrasar lo inevitable.
Los ojos se le salían de las órbitas, estaba furioso. Tras un minuto de silencio, el aire cargado, la tensión cortante y angustiosa, el brujo se calmó. Con la respiración fuerte y calma dijo:
- Si no me la puedo llevar a ella, me llevaré lo que he venido a buscar.
Alzó las manos y empezó a emanar un brillo azulado que poco a poco iba tomando forma. La nebulosa de energía que desprendía se acercaba a la joven Relara.
Los cinco jóvenes comenzaron a dispararles con sus arcos pero una especie de escudo invisible protegía al hechicero.
Impotentes, los elfos veían como la esencia de Relara abandonaba su cuerpo y era poco a poco absorbida por el joven.
Cuando se quisieron dar cuenta, el brujo se había esfumado entre la niebla.

La bella Alexsandra cargó con el cuerpo inconsciente de Relara y comenzó el camino. Senagul y las bestias rastreaban posibles enemigos alrededor mientras los tres guerreros escoltaban a la cazadora, alerta, derrotados.

Al llegar a Astranaar, todo era desolación. Los cadáveres yacían en el suelo, llenos de barro y solo unos pocos soldados quedaban en pie.
Al verles llegar, el desconsolado Pelturas rompió en llanto.
- Mi niña!! Mi dulce niña!!! ¿Qué te han hecho? ¿Qué querían de ti, pobre criatura?

Tras ver el caos y el silencio que reinaba a su alrededor, los cinco jóvenes se miraron, tristes, resignados, coléricos. Y fue en ese preciso instante en el que supieron que entrenarían sin parar, defenderían esa aldea, ese bosque, el amor que invadía a Pelturas por su pequeña y cada brizna de hierba que estaban pisando, para que semejante masacre no volviera a cometerse.
Ragnar aulló a la luna llena. No sabían si fue instintivo o un llanto de dolor. Poco a poco empezaron a oírse las sucesivas respuestas de los demás lobos del bosque a lo lejos.
Bendiciéndoles, protegiéndoles.
Sentían corriendo por sus venas el dolor, la esperanza y la rabia de los lobos de Astranaar.


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