Jéssy
13-08-2007 , 00:48
El cielo era anaranjado. Aquel atardecer el sol apenas lucía y luchaba con las nubes que amenazaban tormenta para poder permanecer visible unos instantes más. No solía llover. En Valencia los veranos son secos y cuando el otoño comienza a querer imponerse caen algunas gotas. Cerca de la costa los inviernos son suaves, con algunas semanas de intenso frío.
No llovía. Todavía no. Apenas el aire acariciaba la cara de los viandantes que corrían a refugiarse de lo que pudiera pasar. Miró al cielo como queriendo entender que era lo que iba a pasar. no se refería en esta ocasión al clima, sino más bien a los acontecimientos que deberían suceder en los siguientes días.
Torció a la derecha en una estrecha calle del casco antiguo. Siguió caminando uno o dos metros más y cambió de acera para no tener que cruzarse con un viejo conocido. Su degradante aspecto dejaba entrever el resultado de un largo día no demasiado bueno. Minutos después se paró en el portal de un viejo edificio, resguardándose del aire para encender un cigarrillo. Posó el cilindro anaranjado sobre sus labios y pegó la primera calada. Notó el aire mezclado con humo pasar por la garganta hasta los pulmones y luego hacer el camino contrario para expulsarlo por la boca. Cuando terminó el cigarrillo ya pasaban algunos minutos de la medianoche. Ahora caminaba por la gran vía sin direcciónon fija. Algunas gotas de agua empapaban su cara y resbalaban por lass mejillas hasta llegar al cuelo y toparse con una bufanda a cuadros y una chaqueta de punto negra. Su rubio cabello estaba mojado y eso le daba un aspecto desenfadado y taciturno en conjunto con la expresión de la cara.
Por fin aclaró un rumbo fijo y se encaminó hacia el centro de la ciudad, Las lágrimas que caían de sus ojos eran apenas perceptibles bajo la llovizna. Cinco minutos después llegó al portal de su casa y abrió la puerta con sumo cuidado. Estaba abatido y pesado, como un fantasma condenado a vagar en soledad por los lugares que un día le llevaron hasta su fatal desenlace. Él mismo se convertiría en un alma condenada para el resto de la eternidad. Aunque todavía mantenía la esperanza de marcharse a un lugar donde la paz envolviera su eternidad, donde una calma blanca dominara sus horas y donde su destino dejara de cabalgar a lomos de la pertinente angustia que le empujaba al abismo más desolador.
Llenó la bañera con agua templada y se desnudó sin importarle que se le erizaran los pelos de la espalda. Sin encender la luz me metió dentro de la bañera, relajándose con el sonido persistente de la lluvia golpeando los cristales y mirando los destellos azulados que partían el cielo a través de ellos.
Suspiró y con hilo de voz murmuró una oración con sus últimas plegarias a un divino dios que hoy le castigaba. Miró la radio que descansaba apoyada en una banqueta y se decidió a encenderla. Sonaba una canción de Álex ubago.
"no te caigas. No insistas.
Vuela alto. no te rindas."
"no me estoy rindiendo- pensó.- tan sólo acepto mi destino. "
Cogió la radio donde aún sonaban los últimos acordes de la canción y la acercó al agua tan despacio que los segundos parecían horas. El tiempo se detuvo cuando el aparato quedó a apenas dos centímetros del agua.
Por fin se decidió y lo tiró. Un último suspiro. Unas lágrimas asomando por sus ojos. Un escalofrío aterrador. Un silencio que le desgarró.
Se levantó y se cubrió con una toalla azul. Se vestió en silencio. Récogió los trozos rotos de la radio en el suelo y cogió las maletas para marcharse a un lugar donde empezar de nuevo, pero esta vez el lugar a donde iba traería consigo los problemas que entraña la vida.
No llovía. Todavía no. Apenas el aire acariciaba la cara de los viandantes que corrían a refugiarse de lo que pudiera pasar. Miró al cielo como queriendo entender que era lo que iba a pasar. no se refería en esta ocasión al clima, sino más bien a los acontecimientos que deberían suceder en los siguientes días.
Torció a la derecha en una estrecha calle del casco antiguo. Siguió caminando uno o dos metros más y cambió de acera para no tener que cruzarse con un viejo conocido. Su degradante aspecto dejaba entrever el resultado de un largo día no demasiado bueno. Minutos después se paró en el portal de un viejo edificio, resguardándose del aire para encender un cigarrillo. Posó el cilindro anaranjado sobre sus labios y pegó la primera calada. Notó el aire mezclado con humo pasar por la garganta hasta los pulmones y luego hacer el camino contrario para expulsarlo por la boca. Cuando terminó el cigarrillo ya pasaban algunos minutos de la medianoche. Ahora caminaba por la gran vía sin direcciónon fija. Algunas gotas de agua empapaban su cara y resbalaban por lass mejillas hasta llegar al cuelo y toparse con una bufanda a cuadros y una chaqueta de punto negra. Su rubio cabello estaba mojado y eso le daba un aspecto desenfadado y taciturno en conjunto con la expresión de la cara.
Por fin aclaró un rumbo fijo y se encaminó hacia el centro de la ciudad, Las lágrimas que caían de sus ojos eran apenas perceptibles bajo la llovizna. Cinco minutos después llegó al portal de su casa y abrió la puerta con sumo cuidado. Estaba abatido y pesado, como un fantasma condenado a vagar en soledad por los lugares que un día le llevaron hasta su fatal desenlace. Él mismo se convertiría en un alma condenada para el resto de la eternidad. Aunque todavía mantenía la esperanza de marcharse a un lugar donde la paz envolviera su eternidad, donde una calma blanca dominara sus horas y donde su destino dejara de cabalgar a lomos de la pertinente angustia que le empujaba al abismo más desolador.
Llenó la bañera con agua templada y se desnudó sin importarle que se le erizaran los pelos de la espalda. Sin encender la luz me metió dentro de la bañera, relajándose con el sonido persistente de la lluvia golpeando los cristales y mirando los destellos azulados que partían el cielo a través de ellos.
Suspiró y con hilo de voz murmuró una oración con sus últimas plegarias a un divino dios que hoy le castigaba. Miró la radio que descansaba apoyada en una banqueta y se decidió a encenderla. Sonaba una canción de Álex ubago.
"no te caigas. No insistas.
Vuela alto. no te rindas."
"no me estoy rindiendo- pensó.- tan sólo acepto mi destino. "
Cogió la radio donde aún sonaban los últimos acordes de la canción y la acercó al agua tan despacio que los segundos parecían horas. El tiempo se detuvo cuando el aparato quedó a apenas dos centímetros del agua.
Por fin se decidió y lo tiró. Un último suspiro. Unas lágrimas asomando por sus ojos. Un escalofrío aterrador. Un silencio que le desgarró.
Se levantó y se cubrió con una toalla azul. Se vestió en silencio. Récogió los trozos rotos de la radio en el suelo y cogió las maletas para marcharse a un lugar donde empezar de nuevo, pero esta vez el lugar a donde iba traería consigo los problemas que entraña la vida.
