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Ver Versión Completa : el angel de negro love

.:.*/El AnGeL De NeGrO*/.:. [love]

alice
29-01-2008 , 21:05
antes de nada he de decir que no es mio.....mi prima me pidio que lo colgara porque ella no tiene tiempo para hacerlo. De todos modos, comentad y yo se los mandare a ella, ok?????? Él

El Infierno no es como muchos lo imaginan. Bien es cierto que es un lugar tétrico, tenebroso, al que nadie se iría por su propio pie, pero no está tan mal una vez te acostumbras.
Una oscuridad profunda reina en estos confines, y una densa niebla cubre la extensa llanura que los forma. Al contrario de lo que todos piensan, aquí no hay fuego, es más, muchos darían lo que fuera por ver una hoguera a menos de 100 kilómetros. De hecho, el Infierno es frío, gélido, el suelo y los escasos montículos que hay están hechos de hielo, duro como la roca, infranqueable. Y en esta oscuridad absoluta se descubren, siempre y cuando sepas mirar bien, algunos destellos azules que recorren el cielo fugazmente. Estos destellos los producen las breves irrupciones de luz a través de la bruma que hay arriba. Es como una gran cúpula de cristal cuyo interior es oscuro y helado.
Éste, sin duda alguna, no es lugar para alguien como yo. ¿Qué hace un ángel en el Infierno? Paradójico, cierto. No sé la respuesta.
Bueno, para ser francos, sé perfectamente los motivos que me retienen aquí, pero he preferido olvidarlos, para hacer más llevadera mi existencia.
Hace mucho tiempo que estoy aquí, más del que puedo recordar, y he visto cosas que ningún ángel del Cielo ha visto. Llevo años conviviendo con los demonios, criaturas infernales que moran aquí. Mis sentidos, como ángel que soy, están bastante desarrollados en comparación a otras especies como pueden ser los humanos. Especialmente aprecio mi oído y mi vista, aunque mi olfato no es insatisfactorio. El problema es que en un lugar tan oscuro mis ojos, acostumbrados a la luz, no son tan eficaces. Es por esto que, teniendo en cuenta esta carencia, la necesidad me ha obligado a desarrollar aún más los otros sentidos que nunca antes había necesitado emplear a fondo. Los demonios son los únicos de las tres razas capaces de ver en la oscuridad al igual que si hubiera una luz potente alumbrando.
La lucha entre ángeles y demonios siempre ha sido, es y será eterna, nunca un ángel y un demonio podrían convivir. Es cierto, yo estoy aquí, rodeado de todos ellos, pero la verdad es que no convivimos juntos. Yo procuro alejarme todo lo posible de ellos, y ellos me dejan tranquilo siempre y cuando yo les sirva de algo. El día que ya no me necesiten, dejaré de serles útil y pasaré a ser un estorbo, pero creo que para eso aún falta.
Los demonios son seres crueles, frívolos, de mente sanguinaria y sangre fría, si es que por sus venas corre sangre. Tienen un aspecto semihumano, con dos brazos de uñas afiladas, dos pies acabados en garras igualmente puntiagudas, una cabeza en proporción a su gigantesco cuerpo, casi el doble de grande que el de un ángel, y en ella sobresalen dos pequeños cuernos a los lados de la misma. Lo que más destaca sobre su piel negra de textura fibrosa son sus ojos, dos grandes pupilas rojas que centellean en esta absurda oscuridad. La única manera que tengo de saber si hay un demonio cerca es buscar el fulgor de su mirada escarlata, aunque también son sabedores de su debilidad, y procuran cerrar los ojos en mi presencia si quieren sorprenderme. Acostumbrados a la negrura, son capaces de ver hasta el fragmento más minúsculo, y también tienen desarrollados los demás sentidos, en especial el oído y el olfato. Son seres adaptados al medio en el que viven y a las condiciones vitales a las que están sometidos. Son fuertes y persistentes, por ello han conseguido mantener la guerra entre razas durante tantos siglos.
Todo ángel teme a un demonio, y si no es temor, al menos siente un respeto, nunca es al revés. Los demonios se caracterizan por ser insensatos hasta la muerte, ya que aunque sean más fuertes, los ángeles poseen otras cualidades que los complementan, como la astucia y la agilidad, y al igual que un demonio puede matar a un ángel mediante la fuerza bruta, un ángel puede servirse de su ingenio para matarlo a él. Sin duda, los demonios son criaturas peligrosas, pero hay algunos demonios, llamados “cazadores”, que son aún más peligrosos que los demás. Son aquellos que se encargan de atrapar a los ángeles y llevarlos hasta el Infierno.
Una razón principal de que la guerra continúe es que los demonios, a pesar de poder subsistir con otras sustancias, se alimentan primordialmente de esencia angelical, es decir, el alma de un ángel. Nuestras almas están repletas de sabiduría, de bondad, de dulzura, de ternura e inocencia, todo aquello de que carecen nuestros rivales, y desde el principio de los tiempos, un demonio ha necesitado al menos una vez absorber esencia, en el momento de su nacimiento.
El nacimiento de un demonio es algo curioso, al igual que el de un ángel. Cuando un demonio adquiere una esencia, todas estas cualidades que ésta posee se invierten, creándose un cúmulo de poder que genera un nuevo demonio. No es sencillo de explicar, ni agradable de ver, lo sé por experiencia, pero de ahí que se diga que ángeles y demonios somos opuestos, pero complementarios. Uno tiene total carencia de lo que el otro posee, pero son dos mitades de una misma pieza.
Es por esto que la función de un cazador tiene gran importancia. Esta clase de demonios son más fuertes que los normales. Sus grandes manos son capaces de retener a cualquier ser por tiempo indefinido, y sumado a su descomunal fuerza, proporcional a su tamaño, son mortales para un ángel. Se les reconoce, además de por el tamaño superior al ya de por sí desarrollado de los demonios, por el color de sus ojos, que en vez de rojos son violáceos.
Yo no soy como los demás. A veces pienso que soy un demonio, que de tanto tiempo de estar aquí he adquirido sus costumbres. Es entonces cuando empiezo a sentir repulsión de mí mismo, de la vida que llevo. Otras recuerdo lo que soy en realidad: un ángel. Pero lo cierto es que de esas criaturas hermosas, gráciles y puras me queda poco ya.
Un demonio nunca podrá considerarme uno de los suyos, sería como un insulto para ellos. De igual modo, jamás podría volver a integrarme entre los de mi especie, es como si el odio demoníaco hacia ellos se me hubiera contagiado, y empiezo a sentir cierta hostilidad. Creo que en este caso la aversión se puede traducir por envidia.
Sí, siento envidia. Envidia de su vida apacible, de su entorno agradable y tranquilo. Envidia de que puedan bañar sus hermosos cuerpos en luz, de poder hablar con alguien sin temor a que pueda matarte de un momento a otro. Envidia de sus facciones dulces, de su expresión serena. Los odio.
Hace mucho que dejé de llorar, pero antes mis lágrimas eran amargas, y no sabría decir si eran de tristeza o de rabia e impotencia.
Ya no hay nada que hacer, esta es la vida que elegí, así que me toca afrontar mi destino y asumir de una vez las responsabilidades que me corresponden.
Mi morada se halla en los límites del Infierno, lugar elegido así para no tener que toparme todos los días con la comunidad. Los demonios viven para sí mismos y para su comunidad, se agrupan todos formando una gran piña para convivir y defenderse, pues el Infierno no es un lugar sólo para ellos. La prueba viviente soy yo, pero ahora me estoy refiriendo a otras criaturas mucho peores. Se deslizan como las sombras, algunas veces he llegado a pensar que muchas lo son realmente, y son indetectables hasta que las tienes encima. Ningún demonio ha conseguido librarse de una de ellas, o al menos no ha vivido para contarlo. Estas criaturas se alimentan de todo lo que se les cruce en medio, y una vez localizan su presa, no la dejan escapar. Son como pequeños agujeros negros, te absorben sin dejar rastro de ti. O al menos eso me han dicho. Aunque son poderosas, no lo son lo suficiente como para engullir a toda la comunidad, por lo que suelen mantenerse alejadas del centro de la llanura, que es donde se congregan los demonios. Yo estoy en una zona mucho más peligrosa, pero por alguna razón que desconozco, jamás he sido atacado por estas criaturas, ni tan siquiera he visto una. Tal vez no sea más que una invención demoníaca para mantenerme a raya, o tal vez la suerte esté de mi parte.
El lugar donde habito no puede llamarse casa, ya que tan siquiera es una cueva o una gruta donde poder refugiarme. Aunque pensándolo bien, tampoco hay nada de que me tenga que refugiar, y vivir en una cueva no me ayudaría mucho en caso de que lo hubiera. De una manera u otra, sigo viviendo en un lugar alejado que no es más que una pequeña porción de llanura. No es solo por voluntad propia, a pesar de que me es muy cómodo el aislamiento, es porque tampoco me han dado otra opción.
Mientras hago todas estas reflexiones, una voz inconfundible resuena en mi cabeza. He de irme.

...RuKia...
01-02-2008 , 22:51
PRIMERAAAA

ostras tu q xulo!!!

esta super bien... continua xfa ^^

bye bss

alice
03-02-2008 , 22:49
te kiero, rukia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!^^'
me has hecho la `persona mas feliz del mundo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! :D
weno, este cacho te lo dedico!
asias, wapa!!!!!^^

No hay tiempo que perder, he recibido una llamada y más me vale acudir, si no quiero lamentarme después por las consecuencias. Doy un salto ágil, ya que la agilidad es una de las pocas cosas que jamás perderé de mis raíces de ángel, y echo a correr en una dirección concreta. No se si es el norte o el este, tampoco importa, simplemente me guío por instinto.
Echo mucho de menos volar, nadie sable cuánto. Cuando vine aquí me dejaron conservar mis alas ya que en caso contrario dejaría de serles útil, pero como los demonios carecen de ellas, se me prohibió usarlas bajo ningún concepto mientras estuviera en el Infierno. Y creedme cuando digo que es mejor acatar las normas, pues mi amo es extremadamente peligroso, y si hay algo que no tolera es la desobediencia.
Continúo corriendo a gran velocidad, y aunque no me canso, mis músculos entumecidos a causa del frío y mis miembros, dormidos por no moverme empiezan a molestarme, y comienza a subirme por la pierna ese desagradable cosquilleo causado por la falta de movimiento. Entreabro la boca y de mis labios se escapa una pequeña nube de vaho. Sigo respirando agitadamente hasta llegar al centro, donde me relajo. No temo a los demonios, y bajo ningún concepto dejaría que pensaran que mi hiperventilación se debe a ellos.
Me encuentro con el primer par de ojos rojos, que llevan clavados en mí mucho rato. Voy avanzando, ahora lenta y cautelosamente, hasta que los ojos se multiplican, y llega un momento en que los problemas se hacen inevitables.
- ¿Qué es ese olor nauseabundo? – dice una voz ronca en tono burlón.
- No lo sé – responde una segunda voz, esta vez más grave que la anterior- ¿No te parece que huele a…ángel?
Ante estas palabras, tuerzo el gesto. Sé que ellos pueden verme, pero el colapso es inminente, por lo que ya no importa.
- Sí, en eso mismo estaba yo pensando. Al parecer el pajarito se ha escapado de su jaula.
Una carcajada general resuena en el vacío, y siento con desagrado cómo los demonios se acercan hasta mí, rodeándome. Mi oído me dice que son al menos una docena, aunque no puedo estar seguro por la creciente oscuridad.
- ¿Y bien? ¿Qué mosca te ha picado ahora? – dice el primero, que parece ser el líder.
- Esta visita no es de placer. Tengo cosas más importantes que hacer.
Quizás empleé un tono demasiado osado, pero tenía que parecer fuerte. No podía dejar que unos demonios me tomaran por débil. A veces pienso que debería ser más cauteloso, pues si sigo vivo es de milagro, pero el orgullo me puede, y soy demasiado impulsivo.
- El refugiado se nos pone insolente. Sabes muy bien que no te conviene enemistarte con nosotros, porque tú estás solo, y nosotros somos cientos.
Es cierto, aunque me cueste admitirlo, sobre todo por el hecho de que un demonio diga cosas sensatas. Pero ahora no puedo amedrentarme, he metido la pata y he de seguir.
- El amo me espera, así que si no os importa…
Hago ademán de pasar, pero un brazo poderoso me corta el paso, y la mano me agarra del cuello.
- ¿A dónde te crees que vas? Tal vez a nosotros nos apetezca que te quedes un poco más.
Tras decir esto, la mano se cierra en torno a mi garganta, y los dedos van apretando más y mas hasta clavarme las uñas. Noto cerca su aliento pestilente, que me hace sentir una fuerte arcada. Forcejeo inútilmente con aquella enorme criatura, pero me tiene bien cogido, y de una manera que si sigo moviéndome sólo consigo que sus garras se claven más y más en mi piel.
- Suéltame, demonio, o te…
- ¿Qué? ¿Me vas a pegar tú?
Esto hace despertar una nueva ola de carcajadas entre sus compañeros, pero de pronto se hace el silencio en el grupo. Noto como los dedos van cediendo y la presión que a punto ha estado de ahogarme se relaja. Finalmente y de mala gana me suelta, no sin antes darme un fuerte puñetazo que me hace tambalearme. Por fortuna no me caigo, lo que hubiera sido fatal para mí.
- Vete, el amo te espera – me espeta el líder-. ¡Y que no te vuelva a ver por aquí en mucho tiempo, maldito ángel, porque te juro que entonces no escaparás!
Haciendo caso de la advertencia y olvidando la rabia que noto crecer en mi interior, me recobro del golpe asestado y comienzo a andar, no sin notar que esas miradas frías cargadas de odio fulminan mi espalda mientras desaparezco lentamente entre la bruma.
Hasta que no los pierdo de vista no comienzo a correr de nuevo. Me habría gustado darles una lección, pero más me vale no llegar tarde. Estoy cada vez más convencido de que soy un imán para los problemas. Como ya he dicho, sigo vivo gracias a que, a pesar del odio que me sienten, el temor a la venganza del amo es mucho mayor.
No tengo que seguir mucho más hasta que, debido a esta oscuridad intensa, casi me doy de bruces contra la morada del amo: un inmenso palacio de paredes negras y altos torreones puntiagudos que se extienden hacia arriba más allá de lo que la vista alcanza. Algunos creen que las afiladas torres llegan a la superficie, y que incluso la traspasan con sus puntas, siendo la única vía de escape hacia el exterior. De hecho, piensan que los cazadores suben al Cielo escalando estas torres, y que por ello necesitan esa fuerte musculatura.
Son solo especulaciones, nadie podría afirmar con seguridad cómo hacen los cazadores para salir de allí, y es que estas criaturas, además de peligrosas, jamás hablan con nadie, ni siquiera entre sí. Tal vez por eso sean tan buenos, porque son silenciosos como el que más. Si hoy me hubiera topado con alguno, ahora estaría muerto, y es que ellos no se lo piensan dos veces: te aniquilan. Va en el instinto, no pueden reprimirlo, por eso intentan mantenerse alejados de mí, para luego no tener que rendirle cuentas al amo.
Me detengo ante lo que creo que es la puerta y llamo 6 veces. Me responden 6 golpes, a los que yo he de contestar con otros 6. Es una señal para que sepan que el asunto es realmente importante. Las puertas se abren, y una ráfaga de viento, junto con una luz cegadora, me golpean, abrumándome. El portero es un gran demonio al que se conoce como Vigilante, el servidor más leal del amo, y el más mortífero.
En el interior del palacio se está caliente, y además es el único lugar con luz del Infierno. Esto es porque el amo es realmente poderoso, y aunque no necesita ninguna de las dos cosas, es una manera de ostentar su poder. Puede que no parezca ser gran cosa, pero aquí en el Infierno se ven las cosas de otra manera.
Vigilante me dice lo que ya sé, que el amo me espera impaciente, y me conduce por un largo pasillo, de paredes igualmente negras, hasta llegar a una inmensa escalinata en forma de caracol que parece adentrarse hasta las profundidades del Infierno.
La pesadez de los pasos de Vigilante, la monotonía con la que va bajando, los innumerables escalones, el color negro de todo y el hecho de que la temperatura va en aumento conforme bajamos hace que la bajada me parezca interminable.
Tras contar 666 escalones, llegamos al fin hasta un gran recibidor que conduce hasta una sala aún más grande, iluminada por una luz rojiza, de paredes oscuras que se elevan casi interminablemente hasta detenerse en un techo de color rojo sangre. En el centro de la habitación vacía hay un gigantesco trono al que conduce una alfombra roja, hecho completamente de ónice, sobre el que descansa la figura más horrible que jamás he visto, el gran protagonista de mis pesadillas, que me han asaltado todas las noches durante mucho tiempo.
Unos pies gigantescos de garras afiladas, unas largas y delgadas piernas, un tronco robusto, unos brazos de acero, unas manos enormes de uñas increíblemente largas, una cabeza tosca coronada por dos cuernos largos y enroscados. Los ojos pequeños, vivos y rojos, la nariz pequeña, las orejas largas y puntiagudas, la sonrisa cruel, los dientes afiladísimos de una blancura impactante, resaltando sobre la piel, que parece estar recubierta por una dura coraza de color azabache. Su tamaño es unas cinco veces el mío.
Pero ante todo esto, lo que más destaca en este espantoso ser son las dos alas negras que sobresalen por detrás en el respaldo. Surgen en el nacimiento de la espalda, y ahora que están extendidas se aprecia su textura membranosa y desgarrada, como las alas de un murciélago. Sin duda, se tenía bien merecido el nombre de “ángel de las tinieblas”, aunque fuera un insulto para nosotros.
Mas su verdadero nombre era Belcebú.
Me miraba con expresión brutal, con esa sonrisa perversa y un destello desalmado en los ojillos rojizos. Esperaba algo de mí, y en este caso me apresuré a complacerle, pues a él sí le temía. Creo que es el único ser al que temo de verdad, y a ese temor se le une la ira, la cual evito dejar entrever, pues el terror de verle ahí sentado frente a mí es mucho más poderoso.
Me dejo caer al suelo, hincando las rodillas en la alfombra, posando las manos e inclinando la cabeza todo lo que puedo.
- Mi amo, aquí está vuestro fiel siervo a la espera de órdenes.
Tras oírme decir esto, y a pesar de que intento cubrir el odio y el rencor, la bestia suelta una sonora carcajada sarcástica que retumba en mis oídos durante varios segundos, y me hace estremecer. Aprieto la mandíbula y cierro los puños hasta clavarme las uñas en las palmas, intentando contenerme, pero él no me lo pone fácil.
- Ya veo que ahora vienes dócil como un corderito – dice con una voz que parece salida de lo más profundo de su ser-, se nota que los encontronazos te sientan bien, quizás debería dejar que casi te ahoguen más a menudo. ¡Pero lleva cuidado hombre, que me vas a manchar el suelo!
Y es cierto, pues de mi cuello gotea de vez en cuando un fino hilillo de sangre, proveniente de las heridas causadas por las zarpas del demonio.
- En fin, qué se le va a hacer. Deberías rebajar esos humos, chico, porque yo no puedo estar salvándote siempre.
Esto confirma mis sospechas: los demonios habían recibido órdenes directas de no matarme, al igual que me había pasado a mí, vía telepática. Como ya he dicho, mi amo es extremadamente poderoso. Es capaz de comunicarse con sus criaturas a cientos de kilómetros de distancia, y sabe leer nuestras mentes, al igual que controlarnos o saber lo que hacemos a cada momento. A todos aterroriza, lo que es de sabios, pues temer al miedo es temerle a él. Intento levantar la cabeza para mirarle a los ojos, pero compruebo que no puedo hacerlo, él controla mi cuerpo, y ha decidido que debo quedarme en esta posición un rato más. No puedo hacer nada una vez su hechizo se posa sobre mí, o lo que es lo mismo, su mirada. Belcebú actúa con los ojos, esos dos zafiros cargados de mal son la fuente de su fuerza y su poder.
Mantiene su expresión serena, y por lo que alcanzo a ver en mi limitado campo de visión más allá de la alfombra, aún conserva esa sonrisa que me desquicia, mostrando toda su dentadura, como si de un momento a otro fuera a abrir la boca y a morderte. Finalmente se decide a hablar, tal vez porque ya se ha regocijado bastante.
- Bueno, creo que ya has aprendido algo de todo esto – y a la vez que dice esto noto que puedo moverme de nuevo, por lo que me apresuro a incorporarme, por si cambia de opinión-. No te he llamado para darte lecciones morales, sino porque requiero de tus servicios.
Un escalofrío recorre violentamente mi espalda. Nunca antes había requerido “mis servicios”, fueran cuales fuesen. Lo máximo que me había pedido había sido que pusiera orden en un conflicto entre demonios, y de eso hace mucho tiempo. Nuestro último encuentro no fue demasiado afortunado, y estuve al borde de morir por mi insolencia. En el fondo valió la pena, pues él se metió en un terreno peligroso, y la tortura a la que me sometió después de mis acusaciones, aunque me dejó marcas, no acabó con mi vida.
- Lo que te voy a pedir es estrictamente confidencial, y ninguna criatura, sea ángel o demonio, debe saberlo nunca. Aunque bueno, dada tu relación con la comunidad, no creo que esto te suponga un problema- dijo con sorna, aunque enseguida se volvió a poner serio-. Quiero que subas arriba.
Mi expresión cambia súbitamente, pasando de la intriga a la sorpresa. No puedo creer lo que oigo. Retengo esta palabra en la mente, pensando que habré entendido mal. ¿Cómo va a querer que vaya arriba? Imposible.
- ¿A…arriba, mi señor?

...RuKia...
04-02-2008 , 19:59
GRaCiaS wapas!!! ^^

me encanta! teneis que seguir... os aodoro!

soy fan vuestra ;)

seguid prontoO!

bye bye =)

alice
04-02-2008 , 21:47
hay rukia!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
eres la mejor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
te kiero, t adoro, t IDOLATRO!!!!!!!!!!!!
no se que haria sin tu comentario.............weno, vale, si lo se, deprimirme [y mi prima tambien u;u]
este tambien te lo dedicamos.......gracias, wapa!!!!!!!

PD: es muuuuuy largo


- ¿A…arriba, mi señor?
- Eso he dicho. ¿Acaso tengo que repetirlo? – niego con la cabeza- Bien, este es el plan. Has de integrarte entre los demás ángeles, ser uno de ellos, y llegar como sea al palacio del rey. Quiero que espíes para mí, que seas mi confidente. Largo tiempo llevo urdiendo un plan, y me eres de utilidad como infiltrado. No quiero que nada salga mal.
- ¿Qué plan, mi señor?
- Todo a su debido tiempo, muchacho, no adelantemos acontecimientos. De lo único que debes preocuparte ahora es de que nadie note tus intenciones. Has de ser extremadamente discreto. Confío en ti para esta misión.
Belcebú se pone en pie, y su estatura se ve ahora aún más impresionante. En dos zancadas recorre la distancia que hay entre él y yo, y me hace seguirlo al otro lado de la estancia. Se pone frente a la pared y de la nada se materializa una puerta. Al cruzarla llegamos a una nueva sala en la que nunca he estado, igual de grande, pero esta vez con unos símbolos extraños en el suelo y en las paredes. En el techo hay un agujero a través del cual no se ve más que negrura, pero una niebla blanquecina fluctúa alrededor.
El diablo me hace situarme en el centro de la sala, sobre un círculo en el que hay dibujados unos trazos que forman una estrella de cinco puntas.
- Bien, ha llegado el momento.
- Señor... – titubeé.
- Si tienes algo que preguntar, hazlo ahora, pues será tu última oportunidad – dijo mi amo con expresión severa.
- ¿Cómo se supone que he de infiltrarme en palacio? Es decir, no se si…
- Ese no es mi problema – me cortó él – , sino el tuyo. Ya te las apañarás cuando estés allí.
Dicho esto, juntó las enormes manos sobre mí y cerró los ojos. En ese momento me invadió una sensación desagradable, noté como si mis fuerzas se desvanecieran. Mi cuerpo empezó a separarse de mi mente, y me invadió una oleada de terror frenético. Quise huir, pero no pude, estaba sujeto en aquella insoportable ingravidez. Mis pies se elevaron sobre el suelo, y sentí como si cada molécula de mi ser se desmembrara, lo que me causó un intenso dolor.
Necesitaba desesperadamente gritar, pero la voz no me salía de la garganta. Jamás había padecido un dolor tan agudo y acusado como entonces. Tampoco las lágrimas acudían a mis ojos, pero qué importaba ya. Aquellos instantes de sufrimiento me hicieron pensar que iba a morir, pero como más tarde descubriría, no iba a tener esa suerte, pues la muerte era un destino mejor que el que me deparaba.
Mientras me desvanecía en el aire viciado de la estancia, a la vez que perdía la consciencia, unas últimas palabras resonaron en aquellas gruesas paredes: No me falles.













Ella

El sol resplandeciente se filtra entre las cortinas de mi alcoba. A pesar de que siento pereza, me levanto de mi cama mullida, abandonando la suavidad de mis sábanas de seda blanca, la blandura de mi almohadón de plumas y la calidez de mi colcha. Mis pies desnudos sienten el frío del suelo de piedra, por lo que buscan enseguida las zapatillas. A la vez que descorro las cortinas para dejar paso a la luz matinal de este día primaveral, no puedo reprimir un bostezo que se escapa de mis labios. Una bocanada de aire limpio y fresco se cuela por la ventana entreabierta, y es justo el aire que necesitaba para insuflarme aliento en este nuevo día.
Recorro mi cuarto para estirar las piernas y acostumbrarme a estar despierta. Ciertamente, no es un cuarto pequeño, pero al igual que en el resto del castillo, la decoración no es ostentosa. Un par de cuadros de colores alegres en marcos dorados, una mesa de madera y una silla en la que me sentaba para estudiar, un gran armario de roble en el que guardo toda mi ropa, otro para los zapatos, un tocador con un bonito espejo con dibujos en los bordes y una cama con un dosel de gasa semitransparente.
Pronto llega la criada con mi ropa, recién lavada, planchada y perfumada. Me pongo el vestido blanco de algodón, muy suave al tacto, y dejo que me peinen los cabellos. Tal vez luego tome un baño, me apetece relajarme hoy un poco.
Mis alas lucen hoy una blancura impecable, y todas mis plumas intactas brillan. Muchos dicen que tengo las alas más bonitas de todo el reino, pero tal vez exageren por hacer un cumplido a la princesa. Como hija del rey de los ángeles debo estar siempre magnífica, con una amplia sonrisa para cualquiera que se acerque al castillo. Puede parecer bonito al principio, pero al final tanta hipocresía cansa.
Muchos coinciden en la opinión de que soy solo una niña mimada extremadamente superficial, que no piensa más que en sí misma, a la que se lo dan todo hecho y que no se preocupa por el mundo en que le rodea. Todos se equivocan. Hubo un tiempo en que me ofendían estas ideas falsas que se formaban de mí, mas ya me es indiferente. Me limito a sonreírles a todos por igual y a mirarles con cara inocente.
La verdad, lo que muchos ignoran y otros prefieren ignorar, es que yo estoy al tanto de todo lo que se cuece en el reino. Con mi expresión de niña buena paso desapercibida, y de este modo nadie tiene el mayor reparo en hablar delante mía. Piensan que no estoy prestando atención, o que no sé de que hablan, pero yo lo se todo. Más de una vez he tenido que avisar a mi padre de un intento de traición, pero por supuesto nunca se supo quién dio el aviso. Mi función en la corte es esa: espiar. De una manera indirecta, discreta, pero espiar. Nadie, excepto mi padre, sabe lo que soy en realidad.
Es por esto que he de seguir manteniendo mi imagen fría y superficial, para que piensen todo el tiempo que sea posible que no se ver más allá de mis narices. A veces me río al pensar lo bien que les engaño, y lo fáciles que son de engatusar.
Todos los ángeles son hermosos, tenemos una tez pálida, un cabello brillante y abundante, unas facciones delicadas, un cuerpo esbelto y unas alas blancas y hermosas. Hay ángeles masculinos y femeninos, todos con un sexo diferenciado, a pesar de los rumores extendidos. Los humanos nos confunden, piensan que no tenemos sexo, pero se equivocan. Tal vez lo crean así por la ausencia del vello facial en los ángeles masculinos o por la similitud entre nuestros rostros. También es un mito el que no envejezcamos. Todos los ángeles mueren, pero somos mucho más longevos que un humano. También hay que hacer mención a la diferencia entre los años humanos y los años para un ángel, cuya correspondencia desconozco en este momento. Solo se que los hombres pueden aspirar a una vida media de 80 años humanos, y ángeles los hay que viven hasta los 300. Un ángel está en su juventud durante su primer siglo humano de existencia. En el segundo viven su madurez, aunque su belleza sigue intacta. Al llegar al tercer siglo alcanzas la ancianidad, y tu rostro empieza a desvelar los signos de la edad. Aun así, los ángeles conservamos nuestra hermosura hasta el momento de nuestra muerte.
Nosotros desde el Cielo no podemos observarles siempre que queramos, tan solo los ángeles del Consejo pueden hacerlo, y siempre que sea para observar la situación en su mundo. Nunca nos metemos en medio de sus guerras, pero evitamos que las nuestras sirvan de interferencia en su mundo.
El Consejo es un grupo reducido de ángeles que se encarga de velar por la seguridad de los mundos. Existen tres planos: el Cielo, habitado por ángeles; la Tierra, habitada por los humanos y las demás criaturas animales; y el Infierno, donde moran los demonios. El Consejo lo forman 10 ángeles, presididos por el rey, y suelen ser los más ancianos, los capitanes del ejército y los más sabios. Cada década, los miembros del consejo son renovados, a excepción del rey, que permanece presidiendo hasta que el siguiente en la línea sucesoria pasa a ocupar su puesto.
Yo soy la siguiente, la destinada a ocupar el trono algún día. Realmente no soy la primogénita, pero después de la desgracia, he pasado a ostentar el puesto de sucesora.
Mi padre, el rey Gael, conoció a Glenn, mi madre, cuando eran jóvenes. Lo primero que él experimentó fue un fuerte sentimiento de inferioridad al contemplar a una criatura tan hermosa. Todos los ángeles son bellos, pero entre nosotros encontramos rasgos que nos hacen encontrar más bellos a unos que a otros. Mi madre sintió una inmensa ternura, pues en aquel momento mi padre volvía de una guerra contra los demonios e iba malherido. Ambos dicen que jamás olvidarán aquel momento.
De su matrimonio nacieron dos hijos. Mi hermano mayor se llamaba Biel, era un ángel muy apuesto. Era de complexión fuerte, y sus brazos poderosos sabían cómo manejar la espada. Su pelo era de color rojizo, y solía llevar una melena corta recogida con una cinta negra. Verdaderamente era un joven muy apuesto.
Hace no demasiado tiempo hubo una gran batalla entre los dos planos, Cielo e Infierno. Una horda de demonios consiguieron alcanzar el plano celeste, y aquello desencadenó una lucha terrible que duró varios meses. Finalmente conseguimos mantenerlos a raya, pero aquel incidente se costeó demasiadas muertes, entre ellas la de mi hermano. Todos aquellos que lo conocían bien lamentaron mucho su muerte, hubo un gran derramamiento de lágrimas. Habría sido un gran rey.
Aquellos que peleaban a su lado cuentan que murió como un valiente. Hay pocas cosas que pueden matar a un ángel, y desgraciadamente las espadas de los demonios son una de ellas. Rociadas con un veneno especial que solo se puede obtener en el inframundo, son letales para nosotros, y nos causan una muerte lenta, agonizante y segura. Mi hermano falleció en combate, como él deseaba, defendiendo a su gente. La última imagen que tuvieron de él fue el batir de sus alas blancas, volando alto hacia el cielo, y su figura recortándose en la amarillenta luz solar.
Mis padres lloraron durante años, aún ahora se les ensombrece la mirada al oír su nombre. Pero de esto hace ya un tiempo, y es por este hecho que yo soy la aspirante al trono.
Al pensar en mis padres, recuerdo de repente que me esperan para desayunar, por lo que termino apresuradamente de acicalarme y salgo de mi alcoba. Recorro los largos y amplios pasillos de palacio por los que de pequeña solía corretear. El palacio era un lugar muy amplio, por lo que es muy fácil perderse en sus entrañas. Hay salas que no conozco, bien porque se me prohíbe el acceso, bien porque nunca me he adentrado tanto por los pasillos. Jamás he estado en la sala del Consejo, aunque tal vez entre algún día, cuando sea reina.
Bajo la escalinata de mármol apoyándome en la barandilla de oro y llego hasta el recibidor, una estancia muy amplia enmoquetada, con diversos cuadros en las paredes que reflejan escenas bucólicas de colores alegres. A los lados hay diversos asientos, pues es la sala donde se espera antes de una audiencia con el rey. Cruzo la estancia y me detengo ante la gran puerta de roble para alisarme el vestido, retocarme el peinado y sacudir mis alas. He de estar espléndida, pues cada comida es como un pequeño acto social.
Llamo a la puerta según dictan las normas de cortesía y giro el picaporte. Como siempre, los comensales se sitúan a un lado de la larga mesa en forma de U. Sobre el impecable mantel hay colocadas varias fuentes de plata repletas de frutas de todas clases. También hay jarras de jugo de grosellas o de naranja. La cubertería es de plata y las copas de cristal, con finos dibujos en oro.
El Cielo, al igual que la Tierra, es un lugar fértil, y tanto los animales como las plantas crecen en armonía. Los ángeles nos alimentamos primordialmente de los frutos que nos da la tierra, pero también de carne y pescado.
Intento andar con toda la gracilidad que me es posible, pues sé que todos los ojos están puestos en mí. Allí están los sabios, los miembros del Consejo, los nobles y, presidiendo la lista, sentados cada uno en su trono correspondiente, mis padres, rey y reina. Me tienen reservado un sitio a la derecha de mi madre, donde acostumbro a sentarme. Es un sitio privilegiado desde el cual puedo observar a todos y cada uno de los asistentes, y me permite oír muchas de las conversaciones.
Un criado vestido de traje blanco y pajarita me ayuda a sentarme y me sirve lo que le voy pidiendo. No es que me guste especialmente tener sirvientes, pero no estoy en posición de ponerme igualitarista. Una vez tengo toda la comida en el plato y el jugo en la copa, como en silencio, pero siempre con la espalda recta, la barbilla alzada y la expresión dulce.
Durante el desarrollo del desayuno aquellos que tengo al lado, mayoritariamente ángeles masculinos, charlan sobre temas muy variados, aunque siempre es hablar por cortesía: la prosperidad agrícola, los pequeños conflictos entre nobles o la situación económica del reino.
En el Cielo, al igual que en la Tierra, el dinero es la moneda de cambio. Nuestra moneda es el quin. El Cielo es un lugar muy grande, hay aproximadamente unos diez millones de ángeles aquí. El territorio se divide en cinco condados con sus respectivos condes, que forman la nobleza. Todos los condados se unifican en un reino común, gobernado por mi padre. A veces hay ciertas rencillas entre condes, lo normal, sobre todo por el tema de la guerra.
La guerra es precisamente el siguiente tema que escogen para tratar. Al oír esa palabra, mi mente cesa en su divagar y regresa al comedor. Llevo varios días escuchando que últimamente hay más desapariciones de ángeles, y por supuesto todos coinciden en los demonios. Empiezo a prestar atención a la conversación, y aunque casi todo son comentarios vacíos u opiniones consigo sacar algo en claro.
Cuando acabamos de desayunar, me despido de los comensales con una reverencia, doy un beso a mis padres y subo a mi alcoba. Una vez allí cierro la puerta para asegurarme de que nadie me molesta durante un rato. Quiero estar a solas.
Por lo que he entendido, se rumorea que algunos condes están intentando encontrar la manera de hacer una incursión en el Infierno. Por supuesto, es una misión extremadamente arriesgada, y el plan es tan solo un esbozo, pues aún quedan demasiados cabos sueltos como para hablar de una misión seria. De todas formas, el mero hecho de que alguien se lo haya planteado es de por sí alarmante.
He leído mucho acerca del Infierno. He pasado tardes enteras en la biblioteca de palacio documentándome sobre él. Los ángeles somos unos grandes apasionados por la lectura. No es como en el plano terrestre, aquí todos los ángeles sabemos leer y tenemos un alto nivel culturar. Somos amantes del saber, y nunca el conocimiento nos parece aburrido o prescindible.
Al parecer, según los libros que he leído sobre el tema, el Infierno es un lugar aterrador, un páramo helado que se encuentra bajo el plano de los hombres, habitado por los demonios, en el que reina una perpetua oscuridad. Lo que muchos libros destacan es que no son los demonios los únicos moradores del Infierno, ni mucho menos los más peligrosos. Hay otras criaturas que nadie ha conseguido identificar, pero todos los que las nombran coinciden en que son seres letales que te absorben entero y nunca te sueltan. Sólo unos pocos ángeles, no precisamente los más privilegiados, han estado en el Infierno y han sobrevivido para contarlo. Leí sus testimonios, y coinciden con esta definición del lugar. Intentan desesperadamente evitar que ningún ángel se adentre en esas profundidades, por lo que no dicen cómo entraron, pero aun así, su testimonio demuestra que ha de haber alguna vía de entrada, y también de salida.
Pero lo peor de todo es que cuando llegas al Infierno, todos tus buenos sentimientos se esfuman, al igual que tus esperanzas, y solo te quedan el desasosiego y la desesperación. Los malos recuerdos acuden a tu mente, desplazando a los buenos. Es por esto que un largo período de tiempo en el Infierno acabaría por consumirte.
Al pensar en esto me recorre un escalofrío y una sensación de inquietud. ¿Quién se atrevería a adentrarse en un sitio como ese? Sé que es por una buena causa, pues los demonios están cometiendo asesinatos para multiplicarse, mas es muy arriesgado.
A pesar de mis intentos por estar sola, se oyen unos golpes en la puerta. Al principio pienso en no abrir, pero luego recuerdo mi deber como princesa, pro lo que dejo que pase. Debo estar siempre preparada para cualquier visita.
Es una criada la que se presenta en mi dormitorio.
- Señorita, hay alguien que desea verle – me dice – ¿Desea recibirlo? – y formula esta pregunta a la vez que me hace un guiño.

...RuKia...
05-02-2008 , 19:59
Wapiissiimes! Graciias por DeDiiCaRmelOo

me ha heChO muCha iiluU =D

seGuiiD,, siiemPRe Os cOmentaRe ^^

Bye-Bye

:smt059 vs :smt074

K!mara00
05-02-2008 , 20:44
HE VUELTOO!!! Bueno yo ya me lo he leido, pero de todas formas me alegro de no ser la única. uN besO.

Ah! y Rukia:

JA JA yo tengo la oportunidad de conocer a la escritoooraaa!!!!! [ porque me la vas a presentar VERDAD ALICE????¬¬]

alice
06-02-2008 , 19:57
k guay!!!!!!!!!!!!!!
ya hay 2 comentarios!!!!!!!!!!!
wiiiii!!!!!^^'
:arrow: k!mara: don't worry....yo te la presentare....no se cuando....pero lo hare
gracias por el comentario!!!!!!!!!!^^
:arrow: rukia: ola wapa!!!!!!!!! me alegro que siempre nos comentes y como te ha hacho muuuuuxa ilusion que te lo dedicara.....te lo vuelvo a dedicar!!!!!^^ eso si, junto con k!mara.... :oops: por cierto, me ha encantado lo del angel y el demonio!^^'
y ahora si.....

* * *


- Señorita, hay alguien que desea verle – me dice – ¿Desea recibirlo? – y formula esta pregunta a la vez que me hace un guiño.
Le sonrío, asiento la cabeza y ella se marcha cerrando la puerta tras de sí. Me extraño por el tono con el que me lo ha dicho, y me inquieto por el guiño, pero no quiero perder el tiempo. Cuanto antes vaya, antes saldré de dudas. Me miro al espejo para asegurarme de que no hay ningún pelo fuera de su sitio y que todas mis plumas están en orden. Me calzo de nuevo, esta vez con unos zapatos muy bonitos pero realmente incómodos. Me repito a mí misma la frase que tantas veces he mantenido en la cabeza: para presumir hay que sufrir.
Una vez lista, vuelvo a los pasillos, pero esta vez no giro a la derecha, camino que me llevaría a la escalinata de mármol, sino que avanzo unos pocos metros más y giro en la dirección contraria. En este nuevo pasillo, igual de ancho e iluminado que el anterior, lleno de pequeñas lamparitas de aceite en forma de tulipán que le dan un aire místico al corredor, conduce hasta mi sala de visitas personal. Como es una sala destinada para mí, me concedo el lujo de no tener que llamar a la puerta antes de pasar.
Desde que he salido de mi alcoba me he estado preguntando quién podría ser. Tal vez alguna prima, puede que una amiga, o incluso podría ser el modisto, al que encargué nuevos trajes, y viene a tomarme medidas. Resumo pensando que hasta que no abra la puerta no lo sabré, por lo que con una ligera emoción giro el picaporte.
No es una prima, tampoco una amiga, ni mucho menos el modisto.
Ante mis ojos hay un joven alto, bastante guapo además. Lleva el pelo corto y lacio, de un rubio brillante. Sus rasgos son agradables y suaves, como los de un niño que empieza a madurar, y su sonrisa resplandeciente demuestra tal desenfado y felicidad que solo con verle se me contagia y acabo sonriendo yo también. Pero a pesar de ese cierto deje infantil que en el pueda haber, su cuerpo torneado por el entrenamiento físico hace contraste con su rostro delicado, y tiene un brillo pícaro y seductor en esos grandes ojos color miel. Él era una serie de contrastes que en conjunto lo hacían muy agradable a la vista.
Nada más verme se levanta con un salto ágil del sillón en el que me esperaba, y se acerca hasta mí, cogiéndome la mano y besándola suavemente.
- ¡Gabriel! Qué sorpresa tan agradable verte aquí – dijo a la vez que le sonrío, mirándole de arriba abajo disimuladamente.
- Princesa Iris – e hizo una reverencia – Para mí es un placer venir a visitaros.
- Ya te dije la última vez que me trataras de tú, me haces sentir mi madre – repuse con fingido enfado.
- Como desees.
Su voz es melosa, tal y como recordaba. Ciertamente, no había cambiado mucho desde la última vez que lo vi. Comienza a pasear de un lado a otro, mostrando interés por cada pequeño detalle de la estancia: los cuadros, las cortinas de la ventana, la tapicería de los sillones, las muescas de la mesa de madera, los tapetes bordados…
Está así apenas un minuto, y luego se detiene en seco para contemplarme. No me examina entera, tal y como yo había hecho con él, sino que me mira directamente a los ojos. Examina mi mirada a fondo, lo que al cabo de un rato hace que me ruborice. Finalmente, su sonrisa se agranda y yo, aún algo aturdida, consigo desviar la vista.
- Bueno – alcanzo a decir – ¿A que se debe tu visita?
- Iba a escribir una carta, pero pensé que sería mejor que viniera yo en persona, para asegurarme de que recibías el mensaje – y se acerca un poco más para decir lo siguiente – y de que no podrías rechazarlo.
- ¿Rechazar el qué? – inquiero, intentando separarme un poco de Gabriel, que se va acercando progresivamente.
- Voy a dar un baile en palacio por mi cumpleaños la semana próxima, dentro de tres días, y me encantaría que pudieras venir.
- ¡Es estupendo! Agradezco mucho tu invitación, Gabriel. Solo hay que notificárselo a mis padres, pero de seguro que iré a tu baile.
La mirada se le ilumina al oír que iría. Pienso en llamar a alguna criada para que lleve el mensaje a mis padres, pero él aún no ha terminado. Toma mi mano entre las suyas, de manera que se acerca a mí sin yo poder retroceder. Lo tengo tan cerca que mi campo de visión se limita a él.
- Solo me queda pedirte una cosa – continúa – El baile sería del todo perfecto si aceptas a ser mi pareja.
Imposible negarse. El tono de voz tan dulce empleado, la mirada esperanzada, la sonrisa tierna. No me da margen para pensarlo, se me nublan las ideas. Acepto casi de inmediato. No sé si lo hace a posta o es un don natural, pero reconozco que sabe como manejar a las mujeres para que hagan lo que él quiere, y su belleza son muchos puntos a su favor.
Tras esta respuesta afirmativa, llamo a la criada para que se lo comunique a mis padres. Gabriel vuelve a hacer la reverencia.
- Hasta el día del baile, princesa Iris.
Me coge la mano, me sostiene unos segundos la mirada y me besa de nuevo, haciendo gala de sus buenos modales. Le acompaño hasta la puerta, donde un par de sirvientes le esperan, y una doncella cierra la puerta de palacio, no sin antes darme la oportunidad para verlos partir, volando hacia las alturas.

ah!!! otra cosa.....cuando me lei por primera vez el libro casi me da un ataque con una frase que aparecera en el siguiente cacho...os la adelaaaannnnto^^':

Ha sido una visita bastante rápida, sigo extrañada. Lo normal hubiera sido que nos hubiéramos enrollado

K!mara00
07-02-2008 , 21:01
:lol: :lol: :lol: :lol: xDDD aiss yo como ya se como acaba... a mi tambien me dio un telele xDD

En fin gracias por dedicarmeloo! [yo esto no me lo explico deberia ser un exito mundial y solo tienes dos lectoras ó.ò]

Bueeno... con esto y un bizcocho... un beSazO!!^^'

·._K.·*


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